Capítulo 5: El entrenamiento
Al despertar la mañana siguiente, Esteban seguía con el cuerpo adolorido por la pelea del día anterior. Su cuerpo le pesaba, y los moretones eran totalmente visibles, tornándose de negro y morado.
Sin embargo, gracias a la buena comida que había consumido, se sentía con una energía que nunca antes había experimentado.
—Me quedan 152 dólares por la comida que le invité ayer a Juan… debo gastar el resto estratégicamente hasta que mi próxima pelea sea decidida. Pero ahora es momento de estructurar un entrenamiento lo suficientemente bueno para mí y mi forma de pelear.
Se quedó en silencio unos segundos, analizando.
—Necesito concentrarme en soportar los golpes… y ser rápido evitándolos. Esos dos puntos son los que más debo reforzar.
Con eso en mente, Esteban empezó a buscar videos en internet para mejorar su resistencia y su rapidez lo más pronto posible.
Encontró entrenamientos simples que se ajustaban a su condición actual.
Para la rapidez, gastó 25 dólares en pesas para las piernas de 5 kg, colocándose una en cada pierna y llevándolas en todo momento.
Para su entrenamiento de resistencia, empezó a correr y a hacer ejercicios básicos: flexiones, sentadillas, lagartijas, entre otros.
Como no podía consumir los alimentos necesarios para aumentar su masa muscular en poco tiempo, decidió concentrarse en mejorar su resistencia y energía, para soportar combates largos y mantener movimientos rápidos.
Con el resto del dinero, optó por comidas saludables, económicas pero energéticas.
Su dieta consistía en frutas y verduras, y de vez en cuando algo de proteína, como pollo o pescado.
Repitió esta rutina día, tarde y noche… y al día siguiente descansaba por completo.
Así consistió su entrenamiento durante dos semanas.
Ocasionalmente, Juan lo ayudaba a registrar su progreso.
Su fuerza no destacaba demasiado, pero su resistencia aumentaba cada vez más.
Esteban sabía que debía mantener un equilibrio entre descanso y esfuerzo, no queria cometer el error de solo entrenar sin descansar , por lo que su progreso en pocos días fue evidente.
En sus días de descanso, estudiaba videos de peleas antiguas y posibles combatientes con los que podría enfrentarse.
—Esteban, tu entrenamiento está dando frutos. Al principio solo podías correr diez vueltas… ahora corres veinte, y eso sin contar que llevas esas pesas de 5 kg en cada pierna. De verdad parece que tienes un don para las peleas. Tu progreso es demasiado rápido.
Esteban negó con la cabeza.
—No es suficiente, Juan… todavía me falta mucho. Es cierto que he progresado, pero no es suficiente. He entrenado hasta que mis músculos arden… pero sigo sin estar satisfecho.
Apretó los puños.
—Todavía me falta más entrenamiento… y, sobre todo, más fuerza. Solo me he concentrado en mi rapidez y mi resistencia, pero si no tengo la fuerza necesaria para acabar con mi oponente… no servirá de nada.
Hizo una pausa.
—Necesito aprovechar al máximo las próximas peleas. Todavía estamos en la sección más baja, y los oponentes no son tan duros como lo serían en las categorías más altas.
Juan suspiró.
—Pero Esteban, recuerda que apenas llevas entrenando dos semanas, y has tenido un progreso extremadamente alto comparado con cualquier otro atleta. De verdad tienes un don.
Esteban bajó la mirada.
—Tener un don no siempre es bueno… si no sabes cómo manejarlo, no sirve de nada. Y para manejarlo… necesito dinero. No puedo desarrollar toda mi fuerza a base de frutas y verduras.
En medio de su conversación, el sonido del teléfono de Esteban los interrumpió.
Al revisarlo, vio un correo de los organizadores del torneo.
La información de su próxima pelea.
—Parece que mi próxima pelea está decidida —dijo, con una ligera sonrisa.
—Dime… ¿cuándo será? —preguntó Juan, con un tono de preocupación.
—Mi próxima oponente será la número 40. Nombre: Lex. Especialista en boxeo… pero parece que hay algo más interesante.
—¿Qué cosa?
Juan se acercó y miró la pantalla.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
—Así que… vas a pelear contra una mujer.
—Eso parece.
Esteban se quedó pensativo un momento.
—Bueno, no importa. Ya sabíamos que en este torneo no solo participaban hombres… también mujeres. Aunque… será mi primera vez peleando contra una mujer.
Levantó la mirada.
—Pero no se lo voy a dejar tan fácil.
Juan frunció el ceño.
—¿Estás seguro de esto? Digo… pelear contra una mujer no es lo mismo que pelear contra un hombre.
—¿Estás seguro de que puedes golpear a una mujer?
Esteban lo miró sin dudar.
—El hambre no discrimina sexo… yo tampoco lo haré. Yo peleo para sobrevivir. No sé cuáles sean sus motivos para pelear, pero ella también peleará con todo lo que tiene contra mí. Lo mínimo que puedo hacer… es devolverle esa cortesía.
Con dudas, Juan solo asintió con la cabeza.
—¿Y cuándo será la pelea?
—En tres días… suficiente tiempo para estudiar a mi oponente.
—Bueno… entonces deberíamos seguir con el entrenamiento.
Así pasó el día, entrenando al máximo.
Al siguiente día, Esteban buscó más información sobre su oponente.
Lex era famosa en internet. No era una peleadora común y corriente.
Esteban estudiaba sus videos uno tras otro, observando sus movimientos y analizándolos con atención.
El último día antes de la pelea, se concentró únicamente en meditar.
En su mente, libraba combates simulados una y otra vez.
Desde el amanecer hasta la noche, recreó diferentes escenarios, con distintas reglas y posibilidades.
Hasta que, a las doce de la noche, abrió los ojos.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Esto sí me tomó más tiempo… no fue como mi primer combate. El participante número 40 sin duda es más fuerte que el participante 43… bueno, eso ya lo veremos mañana.
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Editado: 04.05.2026