POV Miriam
Llegamos al hospital y lo llevan a emergencias y allí lo atienden.
Cuando terminan de curarlo lo ponen en una camilla y yo me siento a su lado—de seguro piensas que soy un mounstro—me dice Drew al momento de percatarse de que estaba allí junto a él.
—No te juzgo Drew—digo.
—¿En serio?
—Yo no soy mejor que tú—lo tomo de la mano—ni nadie es mejor que tú Drew—él aprieta mi mano.
—Gracias por esas palabras y por no hacerlo de juzgarme—sonrío.
—Señorita, venga acá por favor—me dice uno de los enfermeros.
—Bien—voy hacía él un poco lejos de Drew.
—¿Cómo se llama?
—Me llamo Miriam—lo veo mirar algo en unos papeles que tenía a mano.
—¿Es esposa del paciente?
—Eh, no.
—¿Entonces, es su amante?—frunzo el ceño.
«¿Por qué pregunta eso?», pensé en mis adentros.
—Llamaron a alguien las enfermeras y me parece por como veo en estos papeles que su esposa es una mujer llamada Fiona—siento que se me baja el alma al suelo al escucharlo decir aquello—entonces, usted no debe ser su esposa sino su amante porque, los ví muy cercanos y también ví como se miraban.
—Yo...—no sabía que decir.
—Hola, ¿dónde está el paciente Drew Percheston?—escuchamos decir a una mujer detrás de nosotros.
—¿Usted es su esposa Fiona?—le pregunta la secretaria.
—Si, soy yo. ¿Cómo está?
—Ah, allí está el enfermero que le atendió vaya y hable con él—ella se voltea y yo la miro.
«Es bonita», pensé en cuánto la ví acercándose a nosotros con su cabello perfectamente planchado y pues ella es pelirroja de ojos azules de piel blanca y parecía de estatura de un metro sesenta pero, tenía altos tacones.
—Hola, ¿usted atendió a mi esposo Drew Percheston?—él enfermero me mira.
—Si—no sabía si irme y dejar a Drew con ella e irme sin despedirme de él.
—¿Y cómo está?—parecía algo ansiosa.
—Todo salió bien con él y se le puso sacar la bala que tenía dentro y detener a tiempo el sangrado.
—¿No vino una mujer a verlo?—pregunta ella y luego me miran ambos. Ella me mira de arriba abajo, notando de seguro que tenía sangre en la ropa.
«¡Tengo que irme de aquí!»
—Yo, mejor me...
—Si, está mujer que tiene al frente estaba muy cerca de él como si tuvieran algo romántico y pues, hasta llegué a pensar que era su esposa—me interrumpe él.
—Enfermero—digo muy asombrada por haber dicho él eso.
—Tiene que saber que no tolero el adulterio y mucho menos en jóvenes como si no tuvieran la vida por delante para seguir con su vida de casados.
—¡Tu, maldita!—me señala Fiona llena de enojo y luego me da una bofetada en la mejilla—¿cómo te atreves a acostarte con mi esposo?, no puedo creer que lo haya hecho contigo pues, pareces una mojigata pero, algo le hiciste a mi esposo para que no estuviera en casa por varias noches. ¡Debes ser bruja!. ¡Si, bruja!, porque, solo basta mirarte para saber que ningún hombre te desearía.
—al escucharla las lágrimas se me agolpan en los ojos—oh ¿qué?, ¿vas a llorar?. ¡Mejor vete de aquí maldita, antes de que te ponga las manos encima!—me empuja con fuerza—¡Largate ya!—me marcho corriendo hacia la salida del hospital llorando.
—¡YAHWEH!, ¡¿por qué permites esto?!—vociferé llorando y siento que alguien pone su mano en mi hombro pero, no tenía mente ahora para ver quién era y que quería solo... quería irme a mi casa.
—Todo lo permito por una razón hija mía. Confía, solo confía—escucho que dicen cerca de mi oído.
Me seco las lágrimas de los ojos y volteo a ver quién es pero, no ví a nadie.
Me voy a casa caminando aún de noche sin embargo, no tenía opción. No traje dinero para volver—¿qué pensará Drew cuando no me vea allí?, ¿ella lo tratará bien?—dije a la nada y llego a casa y me voy directo a mi cuarto sin ver a nadie para arrodillarme a orar.
Cierro la puerta de mi habitación y me pongo de rodillas y lloro, lloro mucho allí frente a la presencia de Elohim (Dios).
Después de un rato respiro hondo y miro por la ventana—tu sabrás lo que haces Dios mío y sabrás porque permitiste todo esto. Confiaré en ti—me acuesto entonces debido a que tengo que ir a trabajar durante el día.
Cierro los ojos y me duermo.