Peligrosamente tuyo

Capítulo 7: El Capo o el Lobo

​El sonido metálico del pestillo resonó en la planta baja como un disparo en medio de la noche.
​Esteban se quedó completamente petrificado al borde de la cama, con el corazón golpeándole las costillas con una violencia desesperada. El sudor frío le escurría por las sienes, pero el terror repentino congeló cada gota de sangre en sus venas. Los restos de la pesadilla —el espejo roto, los cristales invisibles, la voz de Edu resonando en su cabeza— se desvanecieron de golpe frente a una realidad mucho más aterradora: alguien acababa de entrar a la mansión.
​Nadie tenía la llave. Nadie se atrevía a cruzar el perímetro de su propiedad a las tres de la mañana.
​Los pasos comenzaron a subir por las escaleras de madera. Lentos, deliberados, pesados. Cada crujido del suelo era una sentencia que acercaba la amenaza directamente hacia su habitación.
​Esteban no lo dudó un segundo. Se deslizó fuera de la cama con una agilidad felina, ignorando el temblor de sus piernas, y corrió hacia el rincón del estudio. Sus dedos buscaron a tientas en la repisa oculta bajo el altar hasta que sus dedos cerraron la empuñadura fría y pesada de su pistola.
​Se giró de espaldas a la pared, con el arma apuntando directamente hacia la puerta de la habitación, justo en el momento exacto en que la manilla comenzó a girar con un chasquido suave.
​Clic.
​La puerta se abrió con extrema lentitud, empujada por una corriente de aire helado que arrastraba el inconfundible aroma a tabaco y sándalo. La penumbra del pasillo se tragaba la figura que acababa de cruzar el umbral, dejando ver solo una silueta alta, imponente y familiar que se detuvo justo en el marco.
​—Baja el arma, Esteban —dijo una voz ronca, profunda y cargada de una arrogancia magnética que le arrancó el aire de los pulmones.
​La luz de la luna, filtrándose por fin a través de los ventanales, iluminó el rostro del hombre que estaba parado frente a él.
​Era Edu.
​No el fantasma de sus pesadillas, no un reflejo roto. Estaba allí, con el traje oscuro ligeramente arrugado por el viaje, una ligera herida cicatrizando en la comisura de los labios, y esa mirada oscura y calculadora que siempre había sabido que era su perdición. No había rastro de muerte en su piel; solo la presencia arrolladora del hombre que mandaba en las sombras.
​Esteban sintió que el suelo se le abría bajo los pies. El arma tembló en su mano, apuntando directamente al pecho del hombre al que llevaba llorando tres semanas.
​—Tú... —logró exhalar Esteban, con la voz quebrada, atrapada entre el alivio visceral de verlo respirar y la furia homicida de haber sido arrastrado al infierno por su culpa—. Estabas muerto. Me dijeron que el auto se había caído por el acantilado.
​Edu esbozó una sonrisa torcida, una mueca peligrosa que encendió todas las alarmas en la cabeza de Esteban. Dio un paso hacia la habitación, ignorando por completo el cañón del arma que lo apuntaba de cerca.
​—Los muertos no vuelven a cobrar lo que es suyo, amor —respondió Edu con voz suave, avanzando con la misma seguridad de un depredador que regresa a su territorio—. Pero un capo siempre sabe cómo fingir su propio funeral cuando los lobos de afuera quieren su cabeza.
​Esteban miró de reojo hacia el altar improvisado: las velas, la llave oxidada, la camisa que había regado con sus lágrimas cada noche. Luego volvió a clavar los ojos oscuros y furiosos en el hombre que tenía enfrente.
​El alivio duró exactamente medio segundo antes de convertirse en una rabia ciega.
​—Me destruiste —escupió Esteban, con los nudillos blancos de tanto apretar el arma—. Me hiciste pasar por el infierno.
​Edu se detuvo a solo unos centímetros de él, sin importarle que el metal frío le rozara la camisa. Alargó una mano firme, enguantada, y con una calma aterradora le apartó el arma del pecho, bajándola despacio hasta soltarla y dejarla caer al suelo.
​—Te saqué de la mira de los verdaderos monstruos —susurró Edu, rozando con sus dedos la mejilla helada de Esteban con una posesión salvaje—. Y ahora que regresé... vas a pagarme cada lágrima con intereses.



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En el texto hay: drogas mafia muertes

Editado: 06.08.2026

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