Todos, sin una pizca de duda, se abalanzaron de frente contra Corvus con una sed de batalla similar a la de un animal.
«Predecibles, como suponía. Confían tanto en su número como en que no atacaré».
Corvus esquivaba ataque tras ataque; los golpes venían de todas direcciones, pero por la mala coordinación y la pésima ejecución, los chicos no acertaban ni un golpe. Corvus era un pez en el agua.
«Entiendo por qué Baltasar me trajo a entrenarlos; ellos serían los primeros en ser asesinados en una guerra. Voy a motivarlos más».
—Como lo pensaba, todos ustedes solo sirven como carne de cañón; esto es tan aburrido. ¿Quieren que solo use mi boca? —afirmó mientras sonreía levemente.
Todos empezaron a enojarse tanto que ya no veían a Corvus como su instructor, sino como alguien a quien querer lastimar de verdad. Los practicantes empezaron a rechinar sus dientes y sus manos temblaron por la rabia contenida.
«Entiendo que son adolescentes, eso podría justificar la falta de manejo de sus emociones, pero la muerte no distingue de edades».
Fue inútil: desde arriba, por los lados, con fintas; incluso intentaron aventar objetos en un intento desesperado de darle; sin embargo, nada funcionó.
«Esto es una pérdida de tiempo; lo único que han conseguido es cansarse. Su resistencia es precaria y tienen un nulo razonamiento en batalla».
—¿Es todo lo que tienen? Qué patético —dijo al ver a los jóvenes en el suelo, exhaustos.
En un instante, cuatro chicos salieron de las copas de los árboles, rodeando a Corvus; se quedaron quietos, apuntando sus espadas de madera hacia el centro.
«Interesante: como saben que no estoy atacando, no se preocupan por su defensa y únicamente se ocupan de mantenerme quieto. Los demás ya están tan cansados que apenas se mantienen en pie. ¿Quieren ganar tiempo?».
Corvus intentó salir de ese "círculo de la muerte" en el que estaba atrapado, pero todo intento fue en vano: la sincronización de los jóvenes tapaba toda apertura que intentaba aprovechar.
«Esto sí que me sorprende; estos chicos se adaptaron e ingeniaron un plan. Aprendieron, pero demasiado tarde; el tiempo casi se acaba. ¿Qué piensan hacer?».
De pronto, Corvus vio una sombra que se posó encima de él: era la hija de Sombra Ágil, que se estaba dejando caer con todo su peso exclusivamente para poder acertar un golpe a Corvus.
«Ese es un ataque "kamikaze". Creo que la hija de Sombra Ágil está loca».
Los chicos que rodeaban a Corvus soltaron sus armas y lo agarraron de cada extremidad al mismo tiempo, con una sincronización excepcional; Corvus solo se quedó quieto.
«Ja, y veo que estos tipos también están un poco locos; están dispuestos a recibir el golpe con tal de darme uno bien dado».
Corvus dejó escapar un leve suspiro mientras vio caer a toda velocidad a la hija de Sombra Ágil. Se escuchó un gran estruendo: la hija de Sombra Ágil había caído como una bala de cañón, creando una gran cortina de humo.
Todos los presentes quedaron en silencio; no sabían si el ataque había funcionado. Cuando la cortina de humo empezó a disiparse, se pudo observar que los chicos que habían detenido a Corvus estaban en el suelo, inconscientes, mientras que la hija de Sombra Ágil estaba en el suelo, consecuencia del impacto.
—¿C-cómo pudiste esquivar eso? —cuestionó la hija de Sombra Ágil, apenas pudiendo ponerse en pie.
Corvus se encontraba sentado a los pies de un árbol cercano, viendo todo con tranquilidad.
—Los treinta minutos acabaron; fallaron.
Todos se quedaron callados, hasta que la hija de Sombra Ágil se incorporó por completo y, con gran desconcierto, preguntó:
—¡¿Cómo lo hiciste?!
—Controla tus emociones, niña —respondió Corvus mientras la miraba fijamente.
—¿Cómo pudiste liberarte y evitar el golpe? Mi plan era perfecto.
—¿Acaso es necesario responderte? Lo único que debes saber es que un "plan perfecto" no existe. Lo único que provocaste fue dejar a los tuyos inconscientes. Ahora entiendo por qué no pueden usar su descendencia para combatir.
—¡Claro que puedo! —exclamó mientras invocaba una gigantesca llama, pero a los pocos segundos desapareció en una pequeña explosión.
—No sabes dirigir tus emociones; los han acostumbrado a pelear con espadas y lanzas, pero nunca a implementar sus propias descendencias —dijo Corvus mientras se levantaba, mirando a todos los presentes.
—Mi padre siempre dice que hay que usar ese poder únicamente en casos de emergencia.
—Si ustedes son la siguiente generación que se encargará de este sitio, esta aldea está condenada.
Hubo un silencio sepulcral. Nadie era capaz de siquiera alzar la cabeza y mirar de frente a Corvus; este último simplemente dejó salir un pequeño suspiro.
—Dejando eso de lado —señaló a los treinta y cinco jóvenes presentes—. Todos ustedes serían los primeros en morir en un campo de batalla real, ¿les quedó claro? Sin embargo, para eso estoy aquí. Levántense con la mirada en alto y aprendan de sus errores.
Editado: 07.02.2026