Penitencia de un caballero

CAPÍTULO 3 CALMA ANTES DE LA TORMENTA

El ambiente estaba en absoluto silencio; era como si el tiempo se hubiera detenido. Corvus y Baltasar solo esperaban a que alguno de los dos diera el primer paso. Corvus fue el primero en tomar la iniciativa, asestando una serie de estocadas.

—Te dije que lo tomaras en serio; ¡luego no te arrepientas! —exclamó Baltasar mientras bloqueaba todos los ataques de Corvus.

Baltasar contraatacó con un veloz tajo vertical que Corvus logró evadir, pero terminó con su playera cortada.

«Eso me tomó desprevenido, aunque debo seguir probando a Baltasar; debo saber hasta dónde puedo llegar».

Ambos comenzaron un intercambio de ataques que terminó en tablas; pero antes de que se separaran, Baltasar trató de conectar una patada en la barbilla de Corvus, que este esquivó en el último momento.

—Eres bueno; reconozco que eres un oponente a temer —admitió Corvus.

—Más de lo que crees —sonrió Baltasar levemente.

—¿Qué le pasa a mis manos?

De la nada, Corvus vio cómo una mariposa turquesa se posó por unos pocos segundos en su mentón. Sintió como si miles de hormigas recorrieran su cuerpo, haciendo que temblara; a la vez que la mariposa partía, empezó a ver cómo el suelo se acercaba hacia él y, en un instante, su rostro chocó contra el piso.

—Es por eso que te dije que te lo tomaras en serio —Baltasar dejó salir una pequeña carcajada.

«¿Qué mierda fue eso? Nunca había visto algo igual».

—Creo que se acabó; esa patada te mantendrá en el suelo por...

—Aún sigo sin entender cómo lo lograste, pero me derribaste —contestó Corvus, que se puso de pie mientras no le dejaban de temblar las piernas.

Baltasar se le quedó viendo a Corvus, dejando escapar una pequeña sonrisa; por más que el cuerpo de Corvus estuviera desequilibrado, este se mantenía de pie.

—Increíble. Esa patada tendría que haberte dejado fuera de combate quince minutos, pero te levantaste en menos de cinco.

—No comprendo, ¿qué fue lo que hiciste?

—Bien, te lo diré solamente porque pusiste una cara tan graciosa, ja, ja, ja.

«Sin importar la situación, él se toma las cosas con humor, no lo entiendo».

—La técnica se llama “patada mariposa”; es una técnica con el único propósito de dejar inconsciente al adversario.

—No sentí dolor cuando conectó...

—Corvus, no todas las técnicas fueron creadas para provocar dolor; esta fue concebida para neutralizar a tu enemigo de forma indolora.

—Es muy útil; al no provocar dolor, la víctima no está consciente de su caída, generando una apertura.

—Supongo... tómalo como quieras.

De un momento a otro, un aura púrpura empezó a envolver a Corvus; de entre sus palmas empezaron a brotar sombras. Oscuridad, un líquido semejante a la brea, cubrió hasta sus antebrazos.

—¿Sabes cuáles son las consecuencias del uso de la oscuridad, verdad? —preguntó Baltasar frunciendo el ceño.

—La corrupción del cuerpo y de la mente del usuario, pero eso no importa en una batalla —respondió Corvus con mirada vacía.

—¿Y aun así la usas tan a la ligera?

—En la guerra, toda acción es de vida o muerte.

—Las guerras que valen la pena librar son por uno mismo —declaró Baltasar, envolviendo su espada en una espesa oscuridad.

Nuevamente se desató un gran intercambio de golpes; era más intenso, haciendo vibrar los alrededores. Aunque no lo pareciera, ambos disfrutaron combatir con un oponente de su talla. La pelea duró hasta el amanecer; el sol salió y ambos estaban exhaustos, pero el primero en caer fue Corvus.

—Tú ganas; mi cuerpo ya casi no responde y siento que el corazón se me va a salir —admitió Corvus, sentado y lleno de heridas.

—Esto es más bien un empate; soportaste toda la noche con tus heridas y, sin embargo, yo, estando bien, casi me derrumbo como tú —Baltasar se tambaleaba.

—Voy a descansar; espero que me des esa última tarea para poder terminar todo esto —dijo Corvus mientras se levantaba tambaleándose.

—Una cosa más, Corvus: guarda el secreto de que soy un descendiente de la oscuridad; sabes que nosotros tenemos mala fama.

—No te preocupes; no diré ni una sola palabra. No tienes nada que temer.

«La patada mariposa; esa técnica es de temer. Sería bueno aprender a dominarla; tengo una buena base gracias a que Baltasar la usó en varias ocasiones. Únicamente debo practicar; después de todo, la práctica hace al maestro».

—¿Co-Corvus? ¿Qué te pasó?

Yuriko estaba recogiendo hierbas a las afueras de la aldea y había visto a Corvus a la distancia; se acercó rápidamente a ver qué había sucedido, ayudándolo a caminar.

—Me peleé con tu padre.

—¡¿Qué?! —Yuriko soltó a Corvus de la impresión y este simplemente cayó al suelo.

—No te exaltes; fue algo ligero. Si hubiéramos peleado en serio, uno de los dos habría muerto.



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En el texto hay: violecia, filosofa, debates

Editado: 07.02.2026

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