«Estoy agotado; cargar todos estos suministros y mis heridas hacen más difícil la tarea. Al menos no falta mucho para que llegue a la aldea».
Corvus arrastraba los tres sacos llenos de partes de distintos animales, pero estaba tan herido que sus brazos y piernas temblaban con cada paso que daba.
—¿Estas huellas son de animal? —se preguntó Corvus al mirar huellas anormalmente grandes en el barro—. No son bestias.
Con cautela, Corvus dejó los sacos de carne y empezó a investigar, pudiendo ver a un par de bestias merodeando el lugar.
«Es un grupo pequeño de bestias; están muy cerca de la aldea. Baltasar me había dicho que de vez en cuando venían a causar problemas. ¿Estarán buscando la aldea o la estarán vigilando?».
Baltasar se encontraba en una carpintería trabajando junto con más personas, hasta que se detuvo por un momento al sentir cómo una gran cantidad de energía se liberaba en alguna parte.
—Ugh... tuve un pequeño escalofrío, ¿qué rayos?
—Toma, Baltasar; esto es lo que conseguí en mi cacería —dijo Corvus, dejando caer de golpe los sacos.
—Oh, hola... ¡Wow!, eso sí que es bastante; era de esperarse de ti —sonrió de oreja a oreja—. Buen trabajo; esto debería alegrar a los aldeanos.
—Perfecto, ¿algún otro trabajo que tengas para mí?
—Hmm. —Baltasar lo vio de pies a cabeza—. No, estás demasiado herido; ve al hospital.
—Ya estoy en eso. Una cosa, Baltasar: en el camino me encontré con unas bestias; deberías estar atento por cualquier cosa.
—¿Bestias? ¿A qué distancia estaban de la aldea?
—Aproximadamente tres kilómetros.
Baltasar se quedó pensando profundamente; su mirada era seria. Miró a Corvus a los ojos y dijo:
—Debemos ponernos en alerta máxima.
—No te preocupes; me deshice de ellas. No serán problema... por ahora.
—De todas formas, redoblaremos las defensas; las bestias nunca viajan solas.
Después de eso, Corvus empezó a caminar con dirección al hospital, su hogar provisional, pero todo empezó a moverse más lento: su condición era terrible.
«Tengo que llegar al hospital... Agh, siento mis brazos y mis piernas como si fuesen hechos de hierro. Aún no me recupero de mis heridas, y la pelea con el guardián me afectó más de lo que pensaba».
Después de que Corvus llegara a rastras al hospital y posteriormente a que le trataran las heridas, se dispuso a descansar.
«No creí que acabaría nuevamente en esta situación. ¿Con esto ya habré pagado mi deuda?».
Corvus estaba en cama, vendado en diferentes partes del cuerpo, disfrutando de alguna forma la soledad y la calma que sentía allí.
De pronto se oyeron unos leves pasos acercándose; dos figuras entraron en la habitación, azotando la puerta. Eran Akiko y Baltasar.
—¡¡Holaaaaaa!! Corvus, vinimos a ver cómo te encontrabas. ¡Mira! Te traje comida y un jugoso trozo de carne que tú mismo cazaste —dijo Akiko mientras sonreía con todos sus dientes.
—Muchas gracias por la comida, Akiko, no he comido en todo el día; esto me vendrá bien para reponer energías.
—Je, je, je —se rio Akiko mientras se sonrojaba—. Bueno, no es como si yo la hubiera preparado, pero no pares de agradecerme.
—Bueno, es lo mínimo que podemos hacer, ya que tú contribuiste a la aldea. Lo que cazaste alcanza bien para las trescientas personas de la aldea —admitió Baltasar, mientras se sentaba en un banco.
—Además, gracias a ti, Corvus, mis compañeros de clase se ven con más ánimos de aprender sobre la historia... aunque siguen siendo igual de ruidosos.
—Y no solo eso: los jóvenes se han estado esforzando día y noche para volver a enfrentarte.
«¿En serio hice todo eso en tan poco tiempo? Supongo que mi deuda ya fue pagada».
—Me alegro de todo eso, pero mi deuda contigo ya ha sido pagada, ¿no es así?
—Supongo que tienes razón; eres libre de irte de esta aldea.
—¡¡¿Qué?!! —exclamó Akiko—. Pero si Corvus apenas llegó a la aldea hace muy poco, ¿y ya te vas?
—Al menos quédate hasta que tus heridas sanen —insistió Baltasar.
—No puedo y no quiero; ya he tomado una decisión.
—Esperen, ¿lo dejarán así, sin más? Corvus, ¿por qué nos haces esto? Sé que has estado poco en esta aldea, pero aun así has hecho mucho; no te vayas, por favor.
Akiko dijo todo eso mirando detenidamente a Corvus; se notaba que a duras penas podía contener las lágrimas. Se tranquilizó cuando Corvus le empezó a acariciar la cabeza y mostró una pequeña sonrisa.
—Akiko, debes saber que no soy una persona buena; he hecho cosas atroces. Si me quedo aquí, el karma vendrá por mí y por esta aldea.
Akiko se tranquilizó y simplemente empezó a abrazar a Corvus, recordando una conversación que tuvieron en el pasado.
—¿Señor Corvus? ¿Qué hace comiendo solo?
—¿Mh? —Corvus tenía la boca llena de comida y, después de tragar el bocado, contestó—. En primer lugar, aún no soy lo suficientemente mayor para ser llamado señor; y en segundo, ¿qué haces en el hospital? ¿No tienes clases?
Editado: 26.02.2026