Corvus se encontraba en medio del bosque, caminando pensativamente, mientras el cielo se empezaba a nublar.
«Hmm, parece que va a llover… ¿Hace cuánto tiempo me fui de esa aldea? Creo que debería descansar un poco, llevo caminando sin parar desde que me fui. ¿Pero qué lugar sería bueno para descansar?».
Los pensamientos de Corvus fueron interrumpidos cuando vio a lo lejos una gran cantidad de humo gris.
«¿Será otra aldea? Es bastante humo… ¿Valdrá la pena desviarse?, en cualquier caso, puede ser un lugar para descansar o para poder reclutar».
Se podía escuchar a la gente gritando y el ensordecedor sonido de las armas chocando, a medida que Corvus se acercaba.
—Otra aldea que es atacada, espero que no la hayan vaciado por completo, necesito algo de comer. —comento Corvus, mientras se abría paso de entre la maleza.
Gotas empezaron a caer del cielo, y los estruendosos rayos no se hicieron esperar, todo esto advirtiendo de una poderosa tormenta.
Corvus llegó a donde se estaba originando todo el alboroto, pero había llegado demasiado tarde: se encontró con una aldea llena de llamas, las cuales estaban siendo extinguidas por la lluvia, todo el escenario decorado con cientos de cuerpos.
«Hmph, lástima, llegué demasiado tarde. Este es un escenario típico de un saqueo por parte de las bestias… No todas las aldeas dispersas en el país tienen la dicha de contar con guardianes tan poderosos como Baltasar».
Corvus recorrió toda la aldea en busca de algún suministro, buscando entre las casas a medio quemar, pasando entre cadáveres.
—Creo que no encontraré nada interesante. —se dijo a sí mismo, mientras veía el mar de cadáveres frente a él.
La lluvia cada vez se intensificaba más, generando en todo el entorno, un espeso fango; Corvus se dio media vuelta, caminando hacia el bosque, pero en un pequeño momento, pudo sentir un escalofrío en su espalda.
«Hm, esta sensación, algo me dice que no he buscado lo suficiente en esta aldea».
Recorriendo de nuevo la aldea, Corvus pudo ver un camino de cadáveres de bestias; el cual a medida que lo seguía, los cuerpos aumentaban.
—Oh, mira lo que tenemos aquí… Esta búsqueda resultó más impresionante de lo que pensaba. —Lo dijo mientras veía unos cadáveres de bestias en el suelo, formando un anillo.— Parece que hay alguien en medio.
Una figura femenina sentada en posición fetal se encontraba en medio de los cuerpos de las bestias.
—¡Oye tú!, ¿quién provoco todo esto?
—…
—Que lastima, es un cadáver más…
Corvus se acercó hacia la chica. De cerca se podía apreciar que era una joven con ropas rasgadas, tenía un cabello largo, negro como la noche, junto con un par de ojos que parecían un par de lapislázuli.
«Parece que ni respira, creo que en verdad está muerta».
Corvus estaba a punto de tocarla para comprobar si seguía viva, pero en un instante la hoja de un cuchillo de carnicero estaba a unos centímetros de su cuello, el cual apenas pudo esquivar.
—Vaya, de verdad casi caigo en ese viejo truco.
La joven se levantó, para seguir atacando a Corvus sin parar; su sed de sangre se podía sentir claramente.
«Esos ojos; está en algún tipo de trance, sus movimientos son más los de una bestia que los de un humano».
Corvus tuvo que recurrir a usar su lanza para contraatacar a la chica, haciendo que en un pequeño intercambió de golpes, el cuchillo de la mujer, se rompiera en mil pedazos.
«Interesante, puedo ver claramente sus heridas, y aunque no son la gran cosa, se mueve con una rapidez anormal».
—Uf, uf… —La chica por fin se detuvo a descansar.
—¿Me puedes entender?, ya no tienen con que atacarme.
La chica empezó a emanar una energía peculiar, un aura de color azul rey. Las gotas de lluvia de su alrededor comenzaron a detenerse.
—Me saqué la lotería, quien diría que me encontraría con una descendiente del mar.
Las gotas empezaron a formar un par de abanicos gigantes, los cuales comenzaron a agitarse, lanzando las gotas de lluvia a toda velocidad. Corvus corrió para poder evitar ese ataque, pero las gotas destruían todo lo que se encontraba en su camino.
«¿Qué hace una descendiente del mar tan lejos de la costa?».
Mientras las gotas de lluvia atacaban a Corvus, este pudo ver como en del mago de la espada rota de la chica, empezaba a generarse una espada de escarcha.
—También sabes manejar la escarcha, dime, ¿qué más puedes hacer? —cuestiono Corvus, mientras esquivaba cada ataque.
Como una flecha, la chica se aproximó hacia Corvus con su espada gélida, pero este la detuvo con su lanza.
—Esto sí es en verdad excepcional, su habilidad en combate está mejorando, tan únicamente han pasado unos pocos minutos, ahora de verdad tiene mi atención.
Ambos empezaron a intercambiar golpes, y en un momento de descuido, Corvus logro acertar un puñetazo en el estómago de la joven, haciendo que retrocediera.
Editado: 26.02.2026