Era una noche estrellada. La luz de la luna llena brillaba con fervor. En medio de un amplio desierto, miles de cuerpos decoraban la zona, resultado de una carnicería causada solo por cinco sujetos, los cuales se alzaban entre todos los cadáveres.
—Perfecto, ya hemos acabado y ahora, ¿a dónde deberíamos ir, Corvus? —La primera lanza del rey hablaba llena de cansancio.
—Hagan lo que quieran, yo no soy su niñera. Solamente recuerden las reglas. —Un Corvus lleno de heridas y exhausto hablaba con irritación.
—Pero si eres nuestro líder, es tu deber el de guiarnos. —La primera lanza del rey hablaba con molestia.
—Ya he hablado.
—Estás más holgazán de lo usual, tercero. Nada más mataste a trescientos rebeldes… Ju, ju, ju, ¿será que aún no superas lo de la selección final? —Hablaba la cuarta lanza con un tono burlesco hacia Corvus.
Corvus alzó su lanza y puso la punta de esta en la garganta de la cuarta lanza, mientras lo veía con una mirada asesina.
—Vuelve a mencionar eso una vez más y juro que, con mis manos desnudas, te quitaré miembro por miembro hasta que me aburra.
—Ugh, bien, bien, lo siento.
Solamente bastaron esas palabras para que la cuarta lanza se retirara y dejara en paz a Corvus, el cual solo se quedó viendo al cielo, como si estuviera esperando algún tipo de respuesta.
—No me quiero meter en donde no me llaman, pero cuarto está en lo correcto. Desde la selección final has estado decaído, debes superarlo… si quieres puedo ayudarte. —Dijo la segunda lanza del rey, en un intento de consolar a Corvus.
—...
—No tuviste otra opción, nadie la tuvo. Deja ese remordimiento atrás.
—No. Había otra opción.
—¿Y cuál era esa opción?
—Que él me matara.
Corvus empezó a abrir los ojos poco a poco, mientras oía un chirrido en sus oídos y veía a su alrededor con despreocupación.
—Ugh, mi cabeza me está matando. ¿Por qué habré soñado eso? —Corvus se había despertado con un insoportable dolor de cabeza.
—¡Ahhh! —Y Miko se había despertado de un grito.
—¿Qué te pasa? —Corvus solo la veía gritar, acompañado con un gesto de confusión.
—Ah, ah, ah...
—¿Qué es lo que sucede?
—Tuve una pesadilla, muchas bestias detrás de mí intentando atraparme. Por un momento pensé que era real.
«Al parecer desarrolló un estrés postraumático. Con el tiempo debería desaparecer; con sus circunstancias es normal que pase esto».
—Todo eso está en tu mente, no dejes que te afecte.
Miko empezó a sollozar mientras se recargaba en un árbol. Lentamente empezó a tranquilizarse y recobró la compostura.
—Hablando de cosas que nos afectan, debemos encontrar un pueblo o una ciudad que nos pueda dar suministros. Echo de menos una buena comida y un lugar donde dormir sin preocuparme de si seremos comidos por algo.
—¡Hey!, pero si en estos últimos días yo he estado cocinando.
—Por esa misma razón debemos buscar una ciudad.
—Hmm, qué malo eres. —Lo decía con una mueca de descontento.
—De hecho, la ciudad de Semos está cerca de donde estamos. Es muy popular gracias a que, después de la capital, ahí es donde se encuentran gran variedad de productos.
—¿Falta mucho para llegar? —Dijo Miko mientras bostezaba y se estiraba.
—No, solo tardaremos cinco horas en llegar.
Miko solo pudo sentir cómo su alma se separaba poco a poco de su cuerpo, dejando este plano terrenal.
—No te quejes, no está lejos.
—¿Para ti eso no es lejos?
—Bueno, si comparamos los dos días de caminata que llevamos, esto está cerca. Deja de quejarte y sigamos.
Corvus y Miko bajaron de un colosal árbol en donde se habían quedado a dormir y siguieron con su aventura.
—Y dime, Corvus, ¿por qué estamos yendo hacia la capital?
—Necesito ver a un viejo conocido.
—¿Es algún familiar o algún tipo de reencuentro amoroso?
—Es alguien a quien quiero muerto.
—Oh… ya veo. ¿Y yo qué tengo que ver en todo esto? Se supone que yo ayudaré en algo.
—No te preocupes, de eso yo me encargaré. Si todo esto sale de acuerdo al plan, estarás libre dentro de un par de días.
—¡Genial!, mientras más rápido, mejor. —Sonrió Miko mientras volteaba a ver a Corvus.
—Quiero pensar que sí. —Corvus dejó salir un pequeño suspiro.
—Vamos, Corvus, alégrate un poco.
—¿Cómo es que tienes tantos ánimos?
—Nunca he salido de la aldea y ahora tengo esta gran oportunidad de ver lugares que ni en mis sueños me imaginé ver. Ya quiero llegar a Semos.
«No puedo comprender que piense así. ¿Acaso ya se le olvidó lo de su aldea? ¿O será otra cosa? De verdad no entiendo nada».
Editado: 26.02.2026