Penitencia de un caballero

CAPÍTULO 11 UN AMOR ENFERMIZO

—Corvus, te he traído algo de comer.

—Oh, gracias Miko, en un momento, acabo y comemos.

Después de que se diera el comunicado de atrapar a toda persona que tuviera ojos color violeta, Corvus y Miko decidieron refugiarse a las afueras de la ciudad, dentro del denso bosque que rodeaba a toda la ciudad.

—¿Has estado entrenando todo el día?, estás todo sudado.

Corvus estaba realizando flexiones verticales, y debajo de él un charco de su propio sudor, que cada vez se hacía más grande.

—Me la he pasado practicando un par de técnicas que aún no domino del todo, pero ahora solo estoy pasando el tiempo.

—¿Aún tiene más ases bajo la manga?, ¿eh?

—Sí, aunque tú también tendrías que entrenar, así nunca podrás explotar tu potencial, pero ahora es la hora de la comida.

Corvus se impulsó con sus brazos para dar una voltereta y caer de pie, así uniéndose a Miko para comer. Ambos estaba al rededor de una pequeña fogata, comiendo pescado.

—Aún no entiendo, ¿por qué no usas el intercambio de sombras en ti mismo?, como esa vez con los esclavos.

—No la uso porque lo único que no puedo cambiar de las personas es su alma, y como los ojos son un reflejo de ella, me es imposible cambiar los ojos de cualquier persona, inclusos los míos.

—Esas son malas noticias, hablando del intercambio de sombra, ¿no crees que usarlo para pagar con monedas falsas es un poco injusto?

—Es la única manera de conseguir recursos.

En alguna parte de Nero, se encontraba un señor a punto de comprar un increíble traje para presumir, pero por desgracia el intercambio de sombras había llegado a su límite.

—Querido cliente, en total serían 35 monedas de plata. —dijo el vendedor con una enorme sonrisa por haber vendido un traje tan caro.

—Claro tenga.

—Hmm, señor, no estoy para juegos, son 35 monedas de plata.

—Que está diciendo, si ahí están las…

En la mano del vendedor solo se encontraban 2 monedas de plata y 33 piedras pequeñas.

—No, espere, hace un momento esas eran monedas de plata.

Al final terminaron por sacar a patadas al señor, sin monedas y sin su hermoso traje; mientras todo esto pasaba, Miko y Corvus terminaban de comer.

—¡Vaya!, qué buena estuvo la comida. —dijo Corvus mientras se paraba, y se empezaba a preparar para entrenar.

—¡Sí!, valió la pena. —afirmo Miko mientras se sobaba la panza estando satisfecha.

—Agarra tu espada Miko, hoy entrenaremos.

—Espera, deja reposo un momento.

Corvus lanzo su lanza, rozando a Miko, llevándose un par de mechones de su cabello.

—En una batalla real, en cualquier momento puede desatarse una pelea, andado, desenvaina esa espada y pelea.

Miko estaba impactada, pero ya se había parado y desenvainado su espada, lista para pelear, con una mirada llena de duda.

—Te lo diré de una vez, pelea como si fuera un escenario de verdad, no te contengas en lo más mínimo, quiero verte pelear sin ataduras.

—¿No crees que estás siendo un poco extremo?

—En lo absoluto, te advertí que esto no sería fácil, así que ven.

Miko sin más remedio, embistió a Corvus a gran velocidad, y aunque tuviera un don natural para ser una guerrera, no acertó ningún ataque, Corvus esquivo uno de los ataques y desde una apertura de Miko lanzo una poderosa estocada, que con solo la ráfaga de aire generada, logro sacar volando a Miko, la cual se estampó contra un árbol.

—Agh, pensé que no irías en serio. —reprocho Miko mientras veía doble.

—Solamente fue una pequeña briza, puede ser peor aún, ni siquiera he usado la oscuridad

—De acuerdo, ya me quedo claro que soy una completa novata; pero tú también te sobrepasas con ese tipo de técnicas.

—Esa técnica se llama “Estocada maestra” y veo que con una buena motivación, eres capaz de usar un poco de tu gran potencial, ¿qué te parece si continuamos?

—Veo que no entiendes. —dejo salir un pequeño suspiro de resignación. —¡Vamos!

Miko se volvió a poner en pose de pelea y de nuevo ataco a Corvus. Ambos empezaron a intercambiar golpes; Miko empezó poco a poco a emanar su energía natural.

«Bien, si seguimos así, podrá usar su descendencia, tengo que presionarla un poco más».

—Pensé que eras un poco más competente Miko, ¿cómo es que rescataste a toda esa gente?

Miko empezó a enfadarse, haciendo que de forma inconsciente usara su descendencia, cada tajo que daba empezaban a simular las olas del mar, siendo más ágil y rápida en sus ataques.

Corvus empezó a emocionarse un poco, Miko aprendía rápido, pero él quería más.

«¡ESO!, ya lo tiene, sigue así, solo un poco más».

—Ahora entiendo por qué tu aldea fue destruida, con personas como tú en ella, era cuestión de tiempo que pasara eso.

Miko a punto de perder el control, empezó a atacar a Corvus a una increíble velocidad, que incluso lo tomo desprevenido.

«Wow, es como si estuviera frente a una poderosa tormenta, no me equivoque con Miko».

De pronto, Corvus visualizó un enorme tsunami que iba directamente hacia él, haciendo que usara una pose como si estuviera jugando limbo para poder esquivar el ataque, el cual se llevó consigo decenas de árboles.

—Bien hecho Miko así es como se hace… ¿Miko?

Después de ese poderoso ataque, Miko se había ido llorando, dirigiéndose a Nero.

—Mierda, esta vez me pase, debo de controlar mi lengua.

Miko había llegado cerca de a la entrada de Nero empezó a llorar aun más, sentada en posición fetal debajo de un árbol, hasta que de pronto vio una mano, la cual se estaba ofreciendo a hacer tomada; Miko sé limpio sus lágrimas y volteo a ver quién le ofrecía la mano.

Pudiendo ver a un apuesto joven, ojos azules, risos dorados y una encantadora sonrisa, con vestimentas igualmente hermosas, teniendo un par de resplandecientes espadas en su cintura, pareciendo el caballero que toda princesa conoce en los cuentos de hadas.

—Señorita, tome mi mano.



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En el texto hay: violecia, filosofa, debates

Editado: 06.04.2026

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