Miko se encontraba en mitad del bosque, buscando a Corvus, aunque tuviera la armadura de Corvus se podía apreciar que estaba nerviosa, tenía miedo de tener que matar a alguien, en medio de su búsqueda unos arbustos se movieron, Miko llena de terror desenvainó su espada apuntando al origen del ruido.
—¿Qui-Quien está ahí?
—Guauf, guauf.
Un pequeño cachorro de lobo salió de entre los arbustos, tenía un pelaje blanco como la nieve, un hocico con la nariz negra, unos hermosos ojos color castaño claro y unos peculiares pares de cuernos en su frente, uno de los cuales pareciese que fue cortado a la mitad. El perro estaba temblando de frío y Miko se compadeció de la pobre criatura.
—Oww, ven aquí amiguito. —dijo Miko mientras extendía su brazo.
El perro sin confiar en Miko, le gruño y le intento dar un mordisco, el cual fue evitado por Miko a duras penas.
—Oh, vamos, no te haré nada, lo prometo.
Miko se hincó, y empezó a acercarse al cachorro poco a poco, tratando de tranquilizarlo en el proceso, hasta que pudo llegar acariciarlo, sin que este se pusiera agresivo, el resultado fue lo opuesto, el cachorro empezó a mover la cola.
—Eso, ven aquí.
Miko agarro gentilmente al cachorro, cargándolo entre sus brazos; el perro dejó de temblar y empezó a acurrucarse.
—Gracias amiguito, gracias a ti, deje de temblar de miedo, ¿me ayudarás a la búsqueda de un amigo?
—Guauf. —respondió el cachorro mientras lamia el casco de Corvus.
—¡Muy bien!, andando.
De pronto tanto Miko como el cachorro, sintieron una presencia abrumadora, una sed de sangre frenética se podía sentir en el ambiente.
«Espera, esa presencia es igual a la de Corvus, ¿acaso será él?».
Miko dirigió la mirada hacia el origen de toda esa energía, sin poder ver bien quién era el que generaba tal energía, la noche y la espesa oscuridad del bosque no dejaba ver bien a Miko.
—¿Quién eres?
De un momento a otro, se empezaron a escuchar pasos; pasos secos y llenos de fuerza, que cada vez se acercaban más a Miko, conforme el sonido aumentaba, el cachorro empezó a gruñir y luego empezó a ladrar ferozmente, queriendo advertir de un peligro inimaginable.
—¿Cómo que quién soy yo?, déjate de bromas de mal gusto Corvus.
Jean salió de entre las sombras, dejando ver su imponente figura.
«¿¡QUEEE!?, ¿qué hace Jean aquí?».
—Veo que te conseguiste una mascota, sabes que odio a las bestias primitivas, pero tratándose de ti, lo dejaré pasar.
«¿Piensa que soy Corvus?».
—¿Por qué no dices nada?, ¿acaso te comió la lengua el zorro? —pregunto Jean mientras acariciaba la espalda de Miko con su dedo.
«¿En qué momento se puso detrás de mí?».
El cachorro le empezó a ladrar a Jean, lleno de enojo, ensordeciendo a Miko.
—¿Hmm vas a callar a tu perro?, es molesto. —Jean empezó a olfatear al cachorro.
«Si hablo, ¿que pasara?, ¿acaso se molestara o lo tomara bien?, ya me conoce, a lo mejor se alegra de verme».
—¡Uagh!, le falta un baño a ese perro… espera, también puedo oler algo, una fragancia entre rosas y miel, ¿¡Corvus no habrás estado con una mujer o sí!?
«Estoy muerta, si descubre que no soy Corvus».
Jean agarró su enorme espada y a punto hacia Miko la cual por dentro se estaba muriendo de miedo, Jean mostraba una mirada asesina, tan fría y carente de emociones que haría temblar hasta al más valiente; Miko no fue la excepción, pero aun así desenvainó su espada con una mano, que no dejaba de temblar.
—Espera, espera, tú no eres Corvus, ese olor, esa espada y la actitud. —Jean bajó su espada y en un parpadeo le había quitado el casco a Miko, dándole la espalda.
El brazo donde tenía el casco empezó temblar de la rabia contenida, le estaba costando a Jean digerir tanta información, no podía creer lo que veían sus ojos.
—¿¡M-Miko!?, ¿qué mierda haces con la armadura de Corvus? —pregunto Jean mientras aplastaba el casco de Corvus como si fuese un pedazo de papel.
«Estoy muerta».
Jean solamente le dio un pequeño y delicado golpecito justo en el pecho a Miko, habiendo acortado su distancia en un instante. Miko, por otro lado, salió disparada, atravesando con un par de árboles, arrasando con todo lo que se encontraba.
—¡Buaaargh! —Miko empezó a vomitar tanta sangre que empezó a ahogarse con ella.
Había terminado varios metros de donde se encontraba, dejando consigo árboles derrumbados, pero aún mantenía al cachorro entre sus brazos, sano y salvo.
—Seamos rápidas Miko, dime que haces con la armadura de Corvus puesta, también dime donde se encuentra, y te juro que tu muerte será rápida e indolora.
El cachorro se libró de los brazos de Miko e intento atacar a Jean, la pequeña bestia estaba enfadado por lo que le había hecho a su amiga.
—¡No!... ¡Espera! —Grito Miko con voz ahogada.
—Pobre bestia primitiva.
Jean con una simple patada mando a volar al cachorro, haciendo que chocara contra un árbol, quedando malherido.
—¡TU!, ¿qué rayos te pasa?
—Vaya, pensé que ya no podías ni moverte.
En un parpadeo Miko se había parado, estando sangrando incluso fuera de la armadura, su mirada había cambiado, al igual que su aura.
—Me dirás donde está Corvus, a las buenas o a las malas.
Miko rápidamente ataco a Jean, realizando un tajo directo a su cuello, pero Jean lo paro sin pestañear, dejando la hoja de la espada entre sus dedos.
—Agh, que desperdicio de tiempo, únicamente por qué me caíste bien, te daré otra chance, ¿dónde está Corvus?
Desaparecido de la vista, Miko apareció detrás de Jean, nuevamente intentando conectar un ataque, pero la espada atravesó a Jean como si se tratase de una ilusión.
—¿Eh?, ¿a dónde fue?
Jean apareció encima de Miko con una esfera de fuego en sus manos, explotando en la nuca de Miko, generando una gran cortina de humo.
—Debo de admitir que eres un tanto talentosa, si no te hubieras cubierto con tu espada la nuca, te hubieras muerto.
Editado: 06.04.2026