—Dios, nunca te he pedido nada, pero esta vez te imploro, te suplico que Abril viva.
—oró el padre que junto a su hija, estaba rezando, esperando un milagro.
Abril empezó a atacar a Corvus, cada ataque que realizaba dejaba un pequeño rastro de escarcha, cubriendo incluso a algunas casas de los alrededores.
—Esta mujer mejoro su ritmo, no perdió precisión e incluso aumento su velocidad de ataque, qué impresionante. —se dijo así mismo Corvus, mientras combatía ferozmente contra Abril.
Corvus realizaba estocada tras estocada, pero todo ataque era repelido, la espada de Abril era más grande que la lanza de Corvus, haciendo que este mantuviera distancia. En apariencia, ambos combatientes mantenían sus rostros inexpresivos, pero ambos sabían que cualquier descuido les costaría caro.
—Chico, puedo hacer esto todo el día. —grito Abril, repeliendo los ataques de Corvus.
—Aún está de pie mi propuesta.
Corvus planto sus pies fuertemente al suelo, mientras tomaba una gran bocanada de aire. Por una fracción de segundo Abril sintió una corriente eléctrica, que recorrió toda su columna.
—Te has ganado mi admiración Abril, y te lo recompensaré yendo en serio. —de la armadura de Corvus empezó a salir de entre las uniones, una espesa oscuridad.
Corvus realizo un diluvio de estocadas dirigidas hacia Abril, la cual, sin tiempo de escapar, intento desviarlas, resistiendo estoicamente ante la tormenta de ataques.
—¡¡ABRIL!! —exclamo el padre de Rosa con horror al mirar la escena que tenía ante sí.
—Uagh. —Abril empezó a tambalearse.
Ante todos, estaba una Abril acribillada, llena de cortes y estando empapada de su propia sangre, mientras que su espada se caía a pedazos.
—Je… creo que mi espada no está a la altura de tu arium. —admitió Abril, aun de pie, mientras miraba a los ojos a Corvus.
—No te lamentes, con arium o sin, el resultado sería el mismo. —Corvus se acercó a Abril con tranquilidad. —lo hiciste bien, Abril.
Abril estando a un par de metros de Corvus, agarró con fuerza el mango de su espada y de el surgió una enorme hoja gélida, con la que ataco a Corvus, dando un tajo directo a su cuello.
—Realmente es una lástima. —Corvus cerró los ojos.
Corvus esquivado el ataque de Abril, posándose debajo de ella, y antes de que reaccionara, su corazón fue atravesado por su lanza, alzándola del suelo.
La sangre de Abril empezó a recorrer cada centímetro de la lanza de Corvus, llegando a sus manos, ambos intercambiaron miradas por una última vez. Acto seguido, Abril fue lanzada por los aires, hasta colisionar contra una casa, destruyéndola en el acto.
—Carajo, Jean, ¡ya baja! —reclamo Corvus mientras agitaba su lanza, sacudiendo la sangre restante.
Todos estando en absoluto shock, no procesaban lo que estaba pasando, su mente estaba en blanco, ni siquiera podían parpadear. Mientras tanto, Jean, cayó desde lo más alto, dejando un gran cráter en el suelo.
—La diversión acabo muy pronto. —se quejó Jean con disgusto.
—Esto no es parte de un maldito espectáculo. —Corvus vio con desprecio a Jean. —Terminaré con esto.
Los ojos de Corvus brillaron con intensidad, alzo uno de sus brazos, apuntando a todos los presente, quienes seguían paralizados del miedo, sin moverse o sin dar una señal de vida.
—Abajo. —Exigió Corvus.
Todos se pusieron de rodillas, era como si una fuerza invisible los empujara al suelo, de cada uno de ellos brotaban incontables cadenas de oscuridad, llenando gran parte del lugar, todos los presentes se había vuelto una marioneta carente de alma.
—Hemos acabado, pronto vendrá un gobernante de Cartago a indicarles sus nuevos roles, obedecerán cada orden que les dé.
—¿Ya les impusiste su condición? —pregunto Jean, que sonreía gentilmente.
—Sí, larguémonos de aquí.
Antes de que pudieran marcharse del lugar, unos pasos pesados, como un par de rocas chocando, resonaron por todo el lugar.
Corvus volteo a ver el origen de los pasos, viendo con los ojos entre cerrados y con disgusto al padre de Rosa.
—Creo que fui gentil al usar las cadenas de oscuridad.
El padre de Rosa, envuelto en unas poderosas llama, las cuales formaban una especie de armadura. Aquel hombre se movía como podía, resistiéndose a las cadenas de oscuridad.
—En las condiciones actuales, ese hombre debería tener la sensación de estar cargando un gran roble, y aun así se está moviendo. —murmuro Corvus impresionado.
—¡¡¡Te mataré maldito hijo de perra!!! —grito el padre de Rosa, un grito de odio profundo, tratando de no quebrarse en el llanto.
Se aproximó con fiereza, cargando consigo una espada gigante, del tamaño de tres hombres, apuntando contra Corvus, el cual estaba de espaldas. Todo pasó en tres segundos.
Al primer segundo, el padre de Rosa tenía a Corvus enfrente, en el segundo vio un haz de luz pasando, y al tercero pudo ver como empezó a levitar, viendo la parte inferior de su cuerpo despegada de él.
—Cuida tu lengua antes Corvus. —dijo Jean mientras sostenía su espada imbuida en llamas.
El torso del padre de Rosa había quedado a unos metros de su parte inferior, no era una vista llamativa, no había sangre, eran tal las llamas que había producido Jean, que cicatrizó al momento del corte que le había proporcionado.
—Larguémonos ya. —pronuncio un Corvus indiferente.
Rosa solamente pudo ver como los asesinos de su mejor amiga y de su padre desaparecer en un parpadeo.
Rosa recordó todo eso con amargura, este recuerdo era colectivo, un recordatorio de un día oscuro para la ciudad y sus habitantes.
Miko estaba a punto de estallar en llanto, no podía creer lo que estaba escuchando, sabía que Corvus y Jean, habían realizado actor atroz, pero aun así no podía procesarlo.
—Aquí está su comida, disculpe por la tardanza. —interrumpió la mesera, entregado la comida de Miko y Nix.
Eran unas hermosas costillas adobadas, recubiertas por una salsa café translúcida, que tenían clavada un enorme cuchillo y un tenedor en medio, Nix sin pensarlo empezó a comer en el suelo.
Editado: 27.04.2026