En la ciudad de Kashikoi, entre las paredes de su hospital, el caos empezó a reinar, las personas corrían despavoridas, tratando de salir del lugar.
—¡Evacuen de inmediato! —gritó una de las enfermeras.
Dentro de una de las piscinas curativas del hospital, el líquido empezó a burbujear frenéticamente; la piscina no estaba llena de agua, sino de una espesa y viscosa oscuridad.
Una gran explosión hizo que toda esa oscuridad saliera volando por todas partes, y de la piscina, salió Corvus con tranquilidad, estando completamente desnudo.
—Disculpe por las molestias —le dijo Corvus a una de las enfermeras—. ¿Pero me podría dar algo de ropa?
La enfermera, la cual estaba sentada en el suelo, totalmente aterrorizada, simplemente asintió con su cabeza.
Después de unos minutos, la enfermera se había llevado a Corvus a una habitación, vistiéndolo con ropa parecida a la de un campesino.
—Lo siento, señor, pero es lo único que tenemos.
—No se preocupe, esto es más que suficiente, otra cosa, ¿sabe dónde está Pulchra?
—Eh, no sabría decirle…
Fuertes pasos resonaron, los cuales poco a poco se acercaban a la habitación donde se encontraba Corvus, deteniéndose a las puertas de esta.
—Cuando me dijeron que había una emergencia en el hospital, pensé que se trataba de otro intruso, pero resultó que eras tú.
A un par de metros se encontraba Rudra, portando su pesada armadura, mientras se le quedaba viendo a Corvus.
—Oh, eres el guardián de esta ciudad, ¿no?
—Mi nombre es Rudra y sí, soy el protector de Kashikoi.
—¿Sabes dónde están Pulchra y los demás?
—No lo sé, desde que entrena a esa mujer, usualmente van al lago a las afueras de la ciudad.
—Oh, conque está entrenando a Miko, ¿en qué dirección están?
Antes de que Rudra pudiera responder, un terror absoluto chocó contra ambos, dejándolos paralizados por un pequeño instante.
—¿Qué demonio fue eso? —preguntó Rudra mientras le temblaba la voz.
—Conque es allá… Rudra, mantente alerta por cualquier contingencia, y evacua a toda la ciudad si no regreso en treinta minutos y, por favor, ni se les ocurra intervenir.
Rudra asintió con la cabeza y salió del hospital a toda prisa, mientras que Corvus desapareció en un parpadeo, saliendo a toda velocidad de la ciudad de Kashikoi, viendo a la lejanía cómo la zona de Pulchra se hacía añicos.
—No, esto no puede estar pasando… él realmente está aquí.
Corriendo a través del bosque, Corvus pudo vislumbrar a Vespae, quien estaba a punto de atacar a Jean. Corvus lanzó su lanza con todas sus fuerzas, evitando el ataque de Vespae.
Su lanza salió disparada hacia el cielo; Corvus, sin dudarlo, se teletransportó a ella para contraatacar con una estocada maestra…
Vespae se apartó, quedando frente a frente con Corvus; el tiempo se detuvo por un segundo, el sonido desapareció; únicamente eran ellos dos, haciendo contacto visual.
De pronto, todo desapareció, incluso la luz más tenue dejó de existir. Corvus estaba rodeado por la nada, una oscuridad que lo abrazaba por todas direcciones, y como si se tratase de un eco distante, la voz de Vespae resonaba en todo el lugar.
—Debe de ser agotador, Corvus, reprimir tu naturaleza todo el tiempo.
—Claro, escóndete entre la oscuridad, Vespae, incluso así puedo ver tu miedo.
—¿Miedo? El que aquí tiene miedo eres tú, ¿pero a qué?...
Vespae apareció detrás de Corvus, estando a centímetros de su oído, mientras decía:
—De ti mismo —susurró Vespae.
Corvus rápidamente trató de golpearlo, pero solamente su puño logró tocar la nada.
—¿Tanto te cuesta enfrentarme de frente?
—Es admirable tu determinación, Corvus, es algo que siempre he admirado de ti; pero a estas alturas, tu resiliencia es lo único que te mantiene cuerdo, estás en la cuerda floja, incluso el aleteo de una mariposa podría dictar si caes o no.
—Y me mantendré así hasta que logre matarte.
—Incluso teniendo de frente a la persona que te quitó a tu querido Kenji, eres incapaz de gritar o de maldecir, admítelo, Corvus, estás roto.
—No vuelvas a mencionar su nombre.
La figura de Vespae se podía ver a la lejanía; Corvus lo embistió con una patada, pero en el momento donde conectó, Vespae desapareció como humo.
—Una cáscara viviente, que camina sin rumbo, tan fácil sería que abandonaras todo, y cedieras a esa latente pero exquisita oscuridad.
—Olvídalo, primero muerto antes de caer al abismo.
—¿De qué hablas? Si ya has empezado a aflojar tus cadenas, esa es la razón por la que pudiste despertar, ¿o me equivoco?
—¿Interferir en persona, tan solamente para decirme esto? En verdad estás desesperado.
—Créeme, no estoy tan desesperado como tú; si por alguna casualidad yo no puedo romperte, tú mismo lo harás, consecuencia de cargar tanto peso por tanto tiempo… sé mi herramienta como en los viejos tiempos y deja de pensar.
Vespae apareció de entre la oscuridad, ofreciendo gentilmente su mano.
—No tendrás que cuestionar, no tendrás que arrepentirte, no más dolor… acepta, Corvus.
Corvus extendió su mano, y lentamente la acercó a la de Vespae, pero justo antes de tomarla, la golpeó, apartándola de su camino.
—Tú lo sabes muy bien, Vespae, nunca me ha gustado el camino fácil.
Todo el cuerpo de Vespae fue sacudido por una corriente eléctrica, un conjunto de emociones lo atacaron al instante.
—Tratas de asustarme con toda esta oscuridad, pero ambos fuimos criados por ella, por eso somos sus descendientes, cargamos con el peso de nuestras acciones, pero mientras tú aceptas un destino que te impusieron, yo lo niego.
—Gong fue un genio al escogerte.
La oscuridad se tragó a Vespae, haciendo que desapareciera, mientras aplausos se escuchaban a lo lejos.
—Veo que la gema que por tanto tiempo estuvo puliendo Gong, por fin está brillando, realmente ha valido la pena tantas molestias.
Editado: 05.08.2026