❝pensamientos❞

"Mi familia"

Quiero sentirme bien con mi familia, pasar tiempo con ella, pero siendo solo nosotros seis. Sé que somos muchos más, pero siento que nunca tuve suficiente de ellos. Uno se fue de casa cuando era muy pequeña, pensando que se iría y volvería, pero nunca volvió. Hasta la fecha espero que marque diciéndome: “Nene, ya voy para la casa”. Sigo viendo su cuarto y sigo pensando que es su cuarto, aunque hace mucho que él no duerme ahí.

Luego están ellas dos, mis queridas hermanas, que vienen… bueno, vienen cuando pueden. “Ellas también tienen vida y familia”, pienso cada que quiero recriminarme, diciéndome: ¿Cómo vas a sentir celos de sus familias? Una se fue de la casa antes que él, y yo no sabía qué hacer. Dormíamos juntas; yo siempre esperándola largas horas para dormir, siempre esperándola… y un día simplemente se fue a hacer su familia. No la culpo, no debería sentir culpa. Tal vez yo la tenga por esperar que ella se quedara conmigo.

Y la otra, ella siguió aquí muchos años más; unos fastidiando, otros diciéndome por primera vez que me quería. Tal vez yo siempre quise escuchar eso, pero quizá hubiera sido mejor que no me lo dijera si ya no iba a volver tan seguido, si se iba a ir de la casa para tener la suya propia y dejarme aquí sola… esperando que papá trabajara menos, se lastimara menos, que viviera más, que saliera del estado menos, que estuviera más en casa. Porque me sentía sola sin ellos.

Pero bueno, sola sola no estaba, porque ahí estaba mi mamá. Amo mucho a mi mamá. Ella… sé que ella es todo lo que tengo, sé que si algo me llegara a pasar, o algo le pasara a ella, ambas lo sufriríamos. Sé que puedo confiar en ella, pero nunca le digo nada, así que supongo que estoy mal. Pero ¿cómo le puedo decir cosas tristes y desesperadas si ella toma pastillas para la depresión? ¿Cómo puedo decirle lo que siento sin que le vaya mal a ella? ¿Cómo decirle cómo soy, cómo me siento, cuáles son mis pensamientos débiles ante mí misma?

Cada día, después de que ella, desesperada por escuchar algo, me dijera: “Háblame, aunque sean mentiras, dime algo”, yo le mentía. Cada día, uno tras otro, día tras día, diciendo mentiras: Todo está bien. Tengo muchos amigos. Hoy hice muchos ejercicios y me salieron bien. Los profes siempre son geniales. Nadie me hace daño. Todos son amables. Obviamente voy a graduarme de secundaria. Preparatoria no es nada, la voy a pasar con 10. Universidad, obviamente iré, no es nada del otro mundo.

¿Cómo es que se premia la graduación? Yo pensé que era algo que tenía que hacer. Todos me decían que era algo que yo sin problema podría lograr, como si fuera un día normal. Tal vez eso hizo que mi graduación no fuera la gran cosa, que sintiera ansiedad al no saber si iba a quedar en la universidad. Tal vez eso me hizo sentir que entrar a la universidad no era nada, solo algo que haces todos los días. Algo que, si lo haces bien, lo puedes lograr… pero como siempre lo hacía bien, no era raro que entrara.

Tal vez no me siento satisfecha conmigo misma. Ese día “normal” se volvió tan malo porque todo lo bueno era algo normal. Tal vez, no sé… tal vez en otra vida pueda decirle a mi familia lo que siento. Tal vez siempre he sido tan insatisfecha con mi vida. Es “buena”, no debería quejarme. Tal vez solo debería elegir una ocupación noble, alejarme de todos y esperar sentirme satisfecha con lo que hago.

Yo, antes de morir, quisiera poder decirle a mi familia todo lo que nunca dije: que los extraño, que los necesito, que su ausencia me dolió y aun así los amo; quisiera abrazarlos sin miedo, sentirnos nuevamente seis, volver a casa sin silencios y, por una vez, no guardar lo que siento.”

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En el texto hay: joven, personal, pensar

Editado: 01.01.2026

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