Un amor que arropa.
Esos que te dan calidez suave como un amanecer.
Que besa tus heridas o corazón,
como si tuviera la cura a semejante sensación.
Que te ama como si fueras
esa lengua muerta que quiere entender,
leyendo incluso tus silencios como un pergamino de Alejandría.
Que quiera ser ese metal que se funde,
que se une y se transforma en una espada para combatir juntos.
Que incluso su ausencia no sabe a duelo,
sino a ese sabor que no quieres dejar,
tener entre el aliento y tus labios eternamente.
Que antes de recorrer tu cuerpo como una escultura de museo,
quiera conocer los confines de tu mente y alma,
haciéndote el amor con palabras y ser eternos en carne,
aventurándose con timidez.
¿Acaso es pedir imposibles?
¿O es nadar en una corriente que se ama
, al igual que amaría a un amante prohibido... intensamente?