“A veces doy tanto de mí que termino olvidándome de lo que necesito.”
A veces doy demasiado de mí para no recibir ni siquiera un gracias.
Doy todo lo que tengo y termino conformándome con migajas, como
si eso fuera suficiente para sentirme querida.
Me cuesta poner límites. He hecho cosas que, si pudiera verme desde
afuera, probablemente me preguntaría: ¿por qué estás haciendo esto?,
tú no eres así! He llegado a hacer tantas cosas por alguien que, algunas
veces, siento que me humillé por completo.
He dejado de pensar en mí por pensar demasiado en la otra persona.
Me lleno la cabeza de preguntas: si me quiere, si soy suficiente, si está
sintiendo lo mismo que yo o si, en algún momento, dejará de hacerlo.
Y entonces me derrumbo.
No entiendo por qué siento que tengo que darlo todo para conseguir tan
poco. Por qué a veces parece que necesito hacer más, querer más y
esforzarme más para que alguien se quede.
Quizá lo que más me duele no es haber dado demasiado, sino haberme
perdido un poco a mí misma mientras intentaba que alguien más me eligiera.
Y cuando todo termina, cuando ya no queda nada que hacer, mi cabeza
vuelve al mismo lugar una y otra vez:
¿Qué hice mal?