Pensar en libertad, filosofía crítica práctica. Fácil

2. Nos hemos acostumbrado mal

Nos hemos acostumbrado mal.
Nos hemos acostumbrado realmente mal en la percepción intelectual de las cosas. Estamos yendo por un camino que se necesitó hace miles de años corregirlo, y no se lo hizo. Cargamos con estructuras educativas sociales condicionantes, hasta el punto de decirnos en promedio a qué edad debemos morir.
Antes de enseñar a leer, se debería enseñar a pensar. No como desvalorización de los libros, que deberían ser más valorados, sino como necesidad imprescindible intelectual, para no ser condicionado el sujeto, por alguna obra, biblioteca, o discurso puntual. Por ejemplo imagínate un niño que nace donde la biblioteca de su casa sean todos libros nazistas, o racistas.
Lo que penosamente se hace en la práctica: se enseña a imitar. Más aún todavía, se imponen muchas ideas a la fuerza, y si se le pregunta a la mayoría por qué opina de determinada forma, no saben qué responder, o lo hacen con explicaciones muy básicas. Porque simplemente se dio que adoptaron algún tipo de pensamiento, sin indagar probablemente más que un par de frases, y con cero investigación de si lo asumido como verdadero lo es o no.
Compara la cultura japonesa que se desarrolló en una isla, de una sociedad que tuvo fuerza histórica para intentar conquistar el mundo, con los herederos de los griegos, los occidentales. Y notarás muchas diferencias. Y también notarás que muchas de ellas se están diluyendo, porque al final la mayoría tiende a imponerse por sobre la minoría.
Porque es más fácil seguir a un impulso colectivo, que oponérsele.
¿Pero no sería bueno comenzar a vivir en vez de ser un eco? Entonces, lo necesario:

Antes de enseñar a leer, se debería enseñar a pensar. Antes de aceptar algo, hay que evaluarlo bien.
La estructura mental se condiciona mucho en los primeros diez años de vida. Si a un pequeño niño le provocas una sensación desagradable –un simple comentario con mala cara alcanza–, porque preguntó algo para el adulto incorrecto: eso quedará grabado en su mente. Y así con cada cosa. Y se aprende incluso de lo que se observa.
Observar todo el día a alguien trabajando, es más motivador a trabajar que observar a alguien entreteniéndose. Asimismo ver a temprana edad a gente leyendo, luego te puede motivar más a leer, que si se la pasó viendo a gente charlando y bebiendo. El primer problema serio es la falta de educación de pensamiento libre, y brindar una buena educación.
Unos 500 años antes de Cristo, era común en algunos contextos, que una niña fuera dada en matrimonio, y ella muy probablemente estuviera contenta de si su esposo fuera un rey aunque tuviera a trescientas mujeres a su disposición entre esposas y concubinas. En la actualidad, en la mayoría de los países está penalizado por la ley las relaciones con menores, hay monogamia, y demás temas regulatorios. Pero cada cuestión, fue y es cultural. O si lo dijéramos de distinto modo, educativa práctica, adaptada a un contexto de conveniencia general y costumbre regularizada.
Las ideas externas se imponen, te movilizan, y hasta te hacen sentir bien o mal si no las cumplís. Sean o no correctas.
Muchos ejemplos se podrían dar. Pero no es cuestión ahora de dar mil ejemplos, sino de comprender uno de los problemas más profundos de la humanidad: no pensar en libertad, y para peor, tender a imponer la misma regla a los demás, incluso desde antes que pudieran defenderse, desde muy pequeños.
Es un horror, pero he notado que muchos adultos les graban a niños en sus mentes conceptos: sexuales, políticos, religiosos, recreativos, éticos y estéticos. O peor: ni se preocupan por ellos. ¿Y enseñarles a evaluar y pensar por ellos mismos no sería mejor?
Hay muchas malas consecuencias de que la mayoría no ponga en duda las cosas, una de ellas es que son fácilmente manipulables por lo que se presente como la mayoría. Campañas publicitarias, partidos políticos, formas de pensar y comportarse.
Y el problema es que puede el sujeto haber vivido una vida de mentiras, guiándose por conceptos equivocados, y en resumen: siendo una ovejita más de líderes, que a su vez están abajo de otros, y que a su vez la estructura parece extenderse hasta llegar a aquellos que lograron el suficiente poder para imponerse o se quedaron también prisioneros del modelo que los alimenta. Y tal poder, en general no es ético como en el caso de Jesús, Sócrates, Buda –y tantos otros de distintas épocas y zonas que brillaron en justicia y virtudes–; sino que tiende a ser económico y astuto: sabe manipular a los manipulables.
Pero si las personas estuvieran acostumbradas a pensar y evaluar: no se las podría manipular fácilmente. Ya no sería convencer a una manada, sería tener que debatir uno a uno y con datos concretos.
Hay que aprender a pensar, antes de absorber las ideas de los demás. O al menos lo más rápido que sea posible. De no ser así, se corre el riesgo de seguir cualquier absurdo. Absurdo que para peor puede estar apoyado por la mayoría. O ya condicionó la vida. Es verdad que nadie aprende a pensar absolutamente solo, pero tampoco se debería pensar solo con ideas ajenas.
¿Nunca te regalaron libros de pequeño? ¿Todo el tiempo añorando bienes materiales? ¿Año tras año haciendo lo mismo sin tomar una única decisión? ¿Cuándo te detienes a pensar en libertad?
Mayoría o minoría no es sinónimo de mejor. Y además, para un sujeto que quizás solo conoce a una persona, esa persona aunque sea de una minoría, para él: será la mayoría.
La solución no es minoría contra mayoría. Lo necesario es aprender en primer lugar a pensar en libertad sin depender de nadie.
Aquí un punto peligroso: Cuando alguien pone en duda. El poderoso social tiembla, y muchos se sienten inseguros. Pero en realidad nunca estuvieron seguros si se construyeron en la falsedad.
¿Necesito una relación? ¿Aceptar determinados gustos sexuales como correctos? ¿Tener determinadas cosas? ¿Conviene seguir a la mayoría? ¿Realmente debo sentirme bien o mal por ...? ¿Por qué tengo que aceptar lo que no me gusta? ¿La vida realmente qué es? ¿Qué me conviene? ¿Qué me intentan imponer? ¿Por qué? ¿Qué quiero de mi futuro? ¿Qué son las cosas que deseo? ¿Las quiero porque las quiero o porque se me pegó el quererlas?
Hay muchas preguntas útiles e interesantes que se podrían plantear. Solo estoy afirmando la necesidad en primer lugar poder pensar en libertad. Imagínate estar trabajando duro durante veinte años o más, e ir dejando tu vida en cosas que realmente no te interesan y no las decidiste.
Es posible que la mayor parte del mundo viva equivocado en multitud de detalles. Si vivimos bajo errores, ¿nos irá bien? No, lo más probable es que una crisis de repente abra los ojos o llegue la extinción del modelo violentamente.
Heredamos miedos, barreras psicológicas, ignorancias, pulsiones hacia gustos, y hasta de cierta forma esclavitud mental. Pero se puede decidir.




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