Hay que asumir que no todos la tenemos fácil.
-Javier R. Cinacchi, Pensar en libertad-
En general todos pasamos por momentos complicados. Y según cómo se orientó la vida, o según lo qué se pudo hacer, más o menos en determinadas cosas. El mero hecho de conocer esto, ya te ayuda.
Si de golpe estás perdido en la selva y te interesaste por la supervivencia, obviamente que eso será útil, aunque quizás tuviste menos disfrutes por quedarte estudiando. Si por estudiar una carrera universitaria, luego tenés una mejor economía, es posible que puedas enfrentar mejor un problema de salud que alguien que no tiene una buena economía.
Cada cosa tiene su pro y su contra, es el coste de la oportunidad.
En el aprendizaje básico de los animales, ocurre así: disfrute por aprendizaje. Así puedes domar hasta a leones.
Y seamos justos: tenemos más herramientas y experiencias a nuestra disposición que nuestros antepasados que pudieron resistir grandes males.
Pero sin embargo, por ejemplo, si vivo en la ciudad, no vivo en una isla frente al mar. Tiene beneficios y complicaciones.
Si trabajo como asesor bursátil, y no como instructor de buseo en una isla. Tiene beneficios y complicaciones.
Así cada cosa. Todos los seres humanos sentimos el peso de nuestras decisiones, y podemos cuerdamente envidiar en algo a los demás, mientras que al mismo tiempo tenemos disfrutes puntuales.
El sueño del instructor puede ser vivir de la bolsa de valores, y el que vive en un pueblito cerca del mar mudarse a la ciudad, mientras el de la ciudad mudarse al pueblito.
Para peor puede venir un tsunami o una pandemia, y agradecés no estar en determinado sitio.
No envidiar a los demás, comprender decisiones, y efectuarlas.
Posiblemente, si lograríamos hacer bien las cosas, las futuras personas no dependerían tanto del factor suerte, pero si eso ocurre seguramente tendrán que enfrentar, sin embargo, distintas complicaciones.
Pero aparentemente: hay que asumir que no todos la tenemos fácil –en algo puntual, generalmente lo que sea que no tengas, porque si lo tuvieras, poco te preocuparía eso–.
Por ello es que el de mucho dinero puede llegar a anhelar al común, y el común al de mucho dinero. Pero a la miseria nadie la anhela, y sin embargo es muy popular el cuento del rico y el mendigo. El pequeño detalle es que es más fácil aprender a mendigar que a gestionar un reino, ser empresario, popular artista o atleta. Esforzarse te abre posibilidades que de no hacerlo no se tienen.
Llegar a ser mendigo es más fácil que llegar a ser rey, si dejamos de lado el pequeño detalle de que en algunos casos se heredaba. Y no obstante, ni ser mendigo o rey es fácil, ambas cosas tienen sus complicaciones.
Ahora me imagino que si a alguien le preguntan, ¿prefieres ser rico o mendigo? Creo que no hay lugar a dudas en la respuesta preferida. Entonces, ¿hacía qué nos orientamos? Y al hacerlo ya estás perdiendo algo, porque es el coste de la oportunidad.