Pensar en libertad, filosofía crítica práctica. Fácil

17. ¿Hasta dónde me esfuerzo en un proyecto?

17. ¿Hasta dónde me esfuerzo en un proyecto?
-Pensar en libertad por Javier R. Cinacchi-
¿Hasta dónde te esfuerzas en un proyecto? Te voy a dar una respuesta que te va a gustar: Hasta donde quieras, piénsalo en libertad, e incluso de forma crítica.
Mi tío Roberto, empresario, en un momento le pregunté, “¿Hasta dónde se mantiene un negocio si no va bien?”; él me dijo: “Hasta que no dé pérdidas”.
En las personas muy competitivas es más factible, que les cueste dejar algo que continuarlo. Ahora, depende de qué proyecto o decisión se esté evaluando. Incluso podemos no hablar solo de negocios.
Yo la escritura la abracé para toda la vida desde temprana edad, no la he dejado ni aunque me diera cero ganancias. Sin embargo varios Sitios Web que tuve los cerré al darme pérdidas, y verse el sector cada vez peor. Mientras qué el bailar el tango, durante años lo hice sin pausa, pero luego me frené, y ese tiempo extra lo coloqué en los libros y el pensamiento en vez de en los bares.
En algunas posturas ideológicas, lo correcto sería alentarte a hacerlo hasta el último segundo de tu vida. Por ejemplo a un creyente seguir a Dios. Pero, no es cuestión de seguir ciegamente sin pensar lo que ya se ha decidido algún día. Hay que pensar críticamente en libertad, en especial en los detalles.
Por ejemplo, me gusta escribir, pero no por ello voy a estar pagando un espacio que me esté generando pérdidas con nulos beneficios.
O quizás alguien diga, “Soy creyente, no dejo de creer, pero mi estado de salud ya no me permite concurrir a la congregación”.
Hay una pregunta compleja, pero si asumimos que queremos pensar en libertad, sería bueno no obviarla, “¿Me arrepentiré de no haber seguido intentando?” Si tomaste una decisión porque la situación ya era insostenible, o de seguir muy temeraria, y prácticamente no había lugar a dudas, no creo que te arrepientas.
A mí me costó mucho cerrar mi web site –no me refiero al blog, me refiero a Estudiargratis (.com.ar y .net y a lo último el .com también) que no la busques porque no la volveré a abrir–, tenía más de dos mil páginas publicadas, y muchos escritos que estaban solo allí. Igual los tengo, no se borró nada. Pero insistía a pérdidas, y para peor por seguir intentando dejaba esfuerzo allí, por ejemplo en la edición del diseño. Con dolor la cerré, del 2005 a creo que casi el 2024 la mantuve, la cerré a fines de año antes de renovarle unos pagos anuales. Pero luego tuve más tiempo para escribir y editar libros. Al principio me golpeó. Tal es así que en poesía llegué a escribir El fracasado. Pero el tiempo pasa, y si realmente algo es parte tuyo, no lo abandonás, aplicás una adaptación. Y luego de pequeño descanso, en el 2025 comencé a revisar todos mis libros para publicarlos; y la poesía, el género literario más antiguo que escribo, la retomé con “Retomando la poesía”, que habla de salir adelante luego de una caída, de dar pelea aunque te encuentres en la miseria. He pasado a lo largo de la vida periodos de escasez económica, pero en la miseria nunca caí, y soy asesor bursátil. Pero el mercado a veces tiene períodos de largas bajas, y perdés muchos clientes y podés quedar en algunos momentos sin dinero ni para comprarte un vino, mientras que en las buenas tenía mi pequeña colección de whiskys. En definitiva no me arrepiento del cambio, al contrario ahora lo considero que fue algo bueno. Y hay cosas que aunque las abandones siempre te acompañarán, de informática dejé de escribir, una nueva edición de mi libro de Reparación de Computadoras muy amplia quedó frenada ¡Libro que se lo había dedicado a mi padre! Vos fijate la carga emotiva que tienen algunas cosas. Pero, la informática no me abandonó, en la novela 42 hay un ser tecnológico, algo así como una Inteligencia Artificial evolucionada a nivel ser vivo tecnológico. ¿Abandoné realmente la informática? ¿No reparo yo mismo mis computadoras y utilizo conceptos? Hasta cuando opero en la bolsa de valores, sé muy bien lo que son GOOG, MSFT, NVDA, INTC, IBM, META, AMD, etc. y comprendo rápidamente cualquier concepto relacionado con tecnología. Así que, si decidís cerrar una etapa importante de tu vida, quizás sea para mejor, e igualmente, de algún modo la experiencia y conocimientos son útiles.
Mi padre Rubén Cinacchi comenzó a trabajar en una fábrica a los diez años de edad –una máquina casi le arranca un brazo y le había dejado una marca en un codo–. Fue técnico en radios –un tiempo profesor de electrónica–, luego siguió con TV blanco y negro, luego a colores, y después intentó Video Caseteras, pero ya eso no lo logró bien y duró poco, y en computación no se metió. Y terminó siendo electricista industrial, que con la base que tenía comprendía todo rápido.
Resiliencia, algo necesario en todos.
Otra cosa que me dijo mi tío Roberto Cinacchi, y la asumí; él me contaba que comenzaba a trabajar bien temprano, y tal vez eran las dos de la mañana y seguía trabajando en la oficina, hasta que un día se dijo, “Son las dos de la mañana, ¿qué estoy haciendo trabajando aquí a esta hora?” Y dejó de exagerar. Yo también, en general si son las once de la noche, ya dejo de trabajar, salvo que me lo tome como entretenimiento y a veces me quede hasta bien tarde. Pero si te acostás a las cinco de la mañana, y si a las cuatro horas te levantás, es decir a las nueve de la mañana, te levantás con sueño; y si te levantás a las dos de la tarde ¿de qué te sirvió el tiempo extra?
La crítica hay que tomarla con calma, en especial si es en relación a algo que decidiste para toda tu vida, no porqué en un período funcione eso mal, es cuestión de abandonar, quizás solo sea cuestión de cambiar algo. O quizás sí abandonarlo, pero hay que evaluarlo con calma. En el divorcio pasa lo mismo, experiencia que también se me impuso. En lo religioso, podés llegar a considerar a una religión equivocada porque estudiás más, y no apartarte por ello de la fe.
El tema fundamental nuevamente es, no ser una especie de máquina que no piense, ni en el otro extremo un inconstante. Y, no es un, “si abandono soy un inconstante, sigo adelante porque soy fuerte”. Lo correcto es, decido lo que voy a hacer, qué me conviene, si hay que modificar algo, lo hago, incluso ¿es correcto dedicarle tanto tiempo a algo que no está funcionando? E incluso: si se me da la gana y lo juzgo correcto, hago toda mi vida algo.
Hay personas que en su ímpetu, van escalando en intensidad. Por ejemplo, comienzan a hacer ejercicios, lo cual es excelente. Pero, primero cinco días por semana, luego seis, luego de una hora pasan a hora y media, luego a dos. De series de diez repeticiones terminan haciendo series de cuarenta repeticiones. Depende del objetivo, pero si no se está compitiendo profesionalmente en el deporte, parecería que tal actitud, en este ejemplo, es exagerado. Mejor no cansarse con tanto, y si se puede hacerlo toda la vida, que hacer de más, y luego abandonar.
Luego, toda persona productiva, sabe que no todo funcionará bien. Algunas cosas las tenés que cerrar, recortar, o adaptarlas. No todo lo que se hace funciona. O incluso ya cumplieron un período específico. Pasás de estudiar en instituciones a ser autodidacta. Abandonás un trabajo por otro, o un gusto por otro. Igualmente algunas cosas ayudan a dar más habilidades, yo aún luego de más de treinta años recuerdo conceptos utilizados en mi primer trabajo, en el que creo que estuve algo así tan solo como dos años.
Luego, piensa tranquilamente las cosas, no estando enojado. Y si puede ser estando en libertad, no “atrapado” en algo.
No creas que por esforzarte años en algo haciendo siempre lo mismo eso funcionará. Podés incluso necesitar cambiar de sitio, estrategia, método, optimizar algo, o lo que sea. En la bolsa de valores, la cotización de un activo: no sube por simplemente esperar. Algunas empresas bajan hasta desaparecer.
Y luego según en qué sector o de qué cuestión se esté hablando, dependerá más o menos también el factor suerte, u otros accidentales (variables).




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