Seis meses han transcurrido desde aquel trágico incidente del Frente Unido. (Capitulo 24). Pentrix, con su inconfundible traje blanco y el dispositivo inhibidor incrustado en la frente, observa mientras el resto de la población carcelaria prosigue con sus rutinas cotidianas. Medita sobre una roca en un rincón apartado del patio de la prisión. Con el tiempo, ha levantado un improvisado jardín zen a su alrededor, una rareza en medio del caos.
Un prisionero evo se detiene al pasar por el lugar, intrigado. Sin embargo, algo en el suelo captura su atención: las diminutas piedras se desplazan por sí solas, formando patrones geométricos perfectos sobre la grava. El Evo, sobrecogido por aquella silenciosa manifestación de poder, se aleja de inmediato.
El sonido del silbato de los guardias rompe la calma tensa, anunciando el final del tiempo de patio.
Uno a uno, los reclusos regresan a sus celdas, bajo la inusual serenidad que ahora domina el ambiente. El día transcurre como otro cualquiera, marcado por la rutina monótona y opresiva. Horas más tarde, un improvisado grupo de villanos conspira en silencio: su único propósito es escapar de aquel lugar asfixiante.
El grupo está conformado por Dreadfull, una montaña de músculos, la contraparte de Maxman: un poderoso villano volador que, aunque carece de visión láser, puede percibir los espectros de luz (Capítulo 15). Junto a él se encuentra Hitpunch, el villano que combatió contra Pentrix y perdió su mano al intentar tocarle el hombro (Capítulo 15). También está Fenix, la villana de fuego que surca los cielos y fue derrotada por el equipo Xtreme (Capítulo 19). Finalmente, Eagle, la ex–cazadora de élite que enfrentó a Pentrix y descubrió que dentro de él se oculta algo aterrador (Capítulo 13).
Estos cuatro malvados se disponen a ejecutar el plan que han concebido desde hace meses, un plan destinado a quebrar la inusual paz que se ha instalado en El Casillero.
Aun con sus halos inhibidores, Dreadfull, de colosal tamaño y fuerza, toma impulso dentro de su celda, corre y se abalanza contra las rejas. Al primer impacto, el estruendo sacude el lugar y las barras se doblan, aunque resisten. Vuelve a tomar posición y embiste de nuevo con toda su potencia; esta vez las rejas ceden un poco más. Repite la acción una tercera vez y, finalmente, las barras se rompen en un espectáculo de polvo y metal retorcido, abriendo un espacio suficiente para escapar.
—Vamos de prisa, a las siguientes celdas —susurra Dreadfull con su voz áspera.
Hitpunch lo acompaña, y ambos corren hacia otros calabozos donde dos chicas esperan ansiosas su liberación. En ese instante, las alarmas de la instalación comienzan a sonar. El estridente ruido rompe la monotonía y alerta a los cautivos, pero nadie se atreve a gritar ni a hacer escándalo alguno, lo que desconcierta a los fugitivos.
Fenix murmura con irritación: —¿Qué demonios les pasa a todos? Me tienen confundida.
Eagle responde con un siseo contenido: —No lo sé… pero así han estado desde hace meses.
Los guardias se percatan de la embestida y se preparan para detenerla. García se coloca su armadura táctica, mientras el resto, apresurado, alista su equipo: escudos y potentes armas eléctricas.
—¡Rápido, no tenemos todo el día! Esos villanos son peligrosos —advierte García con voz tensa—. Debemos contenerlos en la sala 2. Actúen en equipo y recuerden el entrenamiento. ¡Smith, maldita sea, muévete más rápido, pareces mi abuelo!
—Ya casi, señor… —responde Smith, nervioso y con el rostro desencajado.
Fuera de las celdas, Fenix, la Evo de fuego que, aun con su halo inhibidor anulando sus poderes, conservan habilidades de combate excepcionales. Junto a ella está Eagle, la ex–miembro y cazadora de élite de la Corporación, cuyos poderes también están neutralizados, pero cuya destreza y entrenamiento la convierten en una combatiente temible.
—¡Vamos, idiotas, muévanse! No tenemos todo el día —espeta Eagle con impaciencia, tras ser liberada.
Dreadfull les grita con su voz gruesa y rasposa: —¡Corran a la primera puerta, yo la derribaré! ¡Nos largamos de este maldito lugar!
Mientras tanto, las alarmas continúan resonando y una luz roja parpadea sin cesar, tiñendo el ambiente de caos y urgencia.
Dreadfull se planta frente a la gruesa puerta blindada. Con una mirada decidida, toma velocidad y corre, lanzando todo su peso hasta derribar la infranqueable barrera en un estruendo metálico.
Los villanos irrumpen en la sala 2, pero los guardias ya han formado una sólida barrera de contención: escudos en alto y armas eléctricas preparadas.
—¡Alto ahí! ¡Desistan y ríndanse! Solo están alargando aún más sus condenas —retumba la voz de un carcelero a través de un megáfono.
Sin embargo, los cuatro villanos ignoran la advertencia y se disponen a luchar. Hitpunch ladra con desdén: —¡Vayan al infierno! No me quedaré ni un minuto más en este asqueroso lugar.
Los guardias arrojan varias granadas de gas lacrimógeno contra ellos, pero Dreadfull, con un pisotón brutal, las aplasta como si fueran simples latas de soda, dispersando el gas antes de que pueda hacer efecto.
Eagle, experta en combate cuerpo a cuerpo, corre hacia los guardias y comienza a derribar a varios con movimientos precisos y veloces, a pesar de no contar con su poder de aplausos sónicos. Aun así, resulta impresionante verla neutralizar a dos celadores en un abrir y cerrar de ojos. Las armaduras tácticas vuelven lentos y rígidos a los carceleros, aunque los golpes resuenan con fuerza.
Dreadfull arranca una tubería de la pared y la utiliza como garrote improvisado, haciendo volar a varios guardias armados. Hitpunch, cuyo poder es absorber habilidades y que ahora solo cuenta con la única mano que le queda, se une a la batalla. Fenix, la villana de fuego, logra arrebatar un bastón eléctrico a uno de los guardias y lo usa en su contra.
Los agentes de negro comienzan poco a poco a ser superados por estos cuatro villanos vestidos de naranja que, aun sin sus poderes, demuestran ser una fuerza temible y formidable.