Pentrix "El camino del heroe"

Capítulo 28. La primera misión de héroe

El día comienza con una energía inusual en la base del equipo Xtream. El coronel Soul, habitualmente reservado y profesional, es el primero en levantarse, con una emoción que lo hace parecer un niño en la mañana de Navidad. Los jóvenes héroes despiertan poco a poco, cada uno con su rutina, y Pentrix es el último: su presencia tranquila y silenciosa contrasta con el bullicio matutino.

El coronel, con una sonrisa que no se borra de su rostro, prepara los platos del desayuno, una tarea que normalmente no le corresponde. El resto de los chicos se mira entre sí, intrigado por la actitud inesperada del coronel.

—¡Este es un gran día! —exclama con voz llena de entusiasmo mientras sirve la comida—. Como ya saben, tenemos a un nuevo integrante en nuestras filas. Y ustedes ya lo conocen.

Señala a Pentrix, que permanece impasible. —Bienvenido, joven Pentrix, a Xtream.

—¡Aplaudan, aplaudan! Que se sienta bienvenido —añade el coronel. Los chicos obedecen y aplauden, aunque un poco desconcertados por su entusiasmo inusual. Los aplausos suenan forzados.

Kage, fiel a su estilo, pregunta: —¿Tendremos que ver este espectáculo penoso todos los días?

Lía (Elektrobyte), la líder y voz de la sensatez del grupo, comenta: —¡Santo Dios, Kage! Apenas despiertas y ya comienzas a fastidiar.

Réflex, con tono resignado, añade: —Ustedes se quejan de ella, pero yo la tengo que aguantar todos los días.

Lía responde con firmeza: —Es tu novia, tienes que soportarla, torpe.

Rook le hace un comentario a Pentrix, quien solo escucha mientras acomoda su cama: —No te preocupes, te acostumbrarás rápido a todos estos monos parlanchines.

Kage solo sonríe, soltando un: —Jujuju… tontos.

En ese instante, el coronel recibe una llamada. Mira su teléfono y se despide: —Tengo que salir —dice—, pero muestren las instalaciones a nuestro nuevo miembro. Que se familiarice.

Un poco más tarde al terminar el desayuno, Pentrix se levanta junto con Lía. Kage, que estaba cerca de ellos con una sonrisa traviesa, aprovecha para darle un buen empujón con su habitual humor. Aunque tropieza, Lía termina justo frente a El. Nerviosa y sonrojada, balbucea: —Amm… yo soy, yo soy la líder Elektrobyte, y… eso que ves allá afuera es nuestro patio de entrenamiento. El edificio de más allá es nuestro garaje, donde reparamos nuestros vehículos.

Ambos salen para mostrarle todo el lugar. Pentrix se detiene en un espacio con algo de vegetación. Lía, con orgullo, comenta: —Este pequeño rincón es nuestro jardín.

Kage aparece detrás de ellos y replica con sarcasmo: —¿Jardín? Es solo un montón de hierba y basura que creció ahí.

La líder se cubre el rostro con cierta vergüenza. Pentrix no les presta atención; su mirada permanece fija en la naturaleza verde.

Horas después, mientras todos realizan sus actividades cotidianas, llega un reporte de emergencia desde una refinería en las orillas de la ciudad. Esta ha sido tomada por varios villanos, quienes han provocado incendios y exigen un cuantioso rescate a los dueños de la instalación.

El coronel convoca al equipo y explica la misión a los jóvenes héroes: —Chicos, deben recuperar el control de la refinería sin causar daños. Detengan a los villanos.

Luego sugiere a Lía: —Incluyan a Pentrix en la misión. Es la oportunidad perfecta para ver y evaluar todas sus habilidades.

Elektrobyte, incrédula y con cierta preocupación, responde: —No creo que esté preparado para una misión. Al menos no en este momento.

Pero el coronel la interrumpe con firmeza: —Vamos, Lía, dale la oportunidad. Además, ya le conseguí un uniforme.

En ese momento, Pentrix entra con un atuendo notablemente mejor equipado y más elegante: negro con tonos azulados, distinto al verde y negro del equipo Xtream. Todos se preguntan por qué lleva un uniforme más sofisticado que los suyos. El coronel solo ríe y comenta: —Ya no había de los que ustedes usan. Y este, además, costó un poco más caro.

Todos suben al viejo camión militar, que traquetea por la carretera rumbo a la refinería. Dentro, el ambiente es ruidoso y familiar; los jóvenes conversan animadamente, como es su costumbre. Pentrix, en cambio, permanece en una esquina, apartado de los demás, con la mirada perdida en el exterior, ajeno a las charlas. Elektrobyte lo observa, confundida y algo preocupada por la actitud indiferente de su nuevo compañero.

El camión llega finalmente a la refinería: un espectáculo dantesco de llamas y humo se revela ante ellos. Bomberos, a la distancia, esperan el momento de intervenir; patrullas policiales forman un cerco alrededor del lugar. El coronel desciende y el resto de los héroes lo sigue, impresionados por la magnitud de los incendios. Los reúne en un círculo improvisado.

—Vamos, chicos, ya saben qué hacer. Extremar precauciones, recuerden su entrenamiento —dice con voz firme—. Cronometren sus relojes.

Mientras el veterano militar ajusta su cronómetro en 00:00, Elektrobyte toma la palabra para dar las últimas instrucciones: —Kage, ya sabes qué hacer: usa tu sigilo y velocidad, entra y distráelos, mantenlos enfocados en ti. Rook, mientras los villanos estén ocupados con Kage, busca las líneas incendiadas y aplástalas con tu fuerza para que el combustible deje de fluir; así controlaremos las llamas. Réflex y yo nos encargaremos de los villanos. Y Pentrix, tú… amm, tú…

Pero, al momento de repartir las tareas, notan que su compañero no está con ellos. Los héroes comienzan a buscarlo desesperadamente con la mirada. —¿A dónde diablos se metió ese chico? —exclama Elektrobyte, con un tono de frustración creciente.

En ese instante, al girarse hacia la refinería, un grito gutural rompe el silencio que antecede a la misión. Destellos amarillos y verdes emergen del interior, seguidos por ráfagas azules: un par de orbes de ese mismo color sobrevuelan la zona y giran disparando rayos controlados hacia abajo. Se escuchan golpes metálicos, más gritos de dolor y, de pronto, una serie de burbujas azules aparecen y se contraen rápidamente, envolviendo los distintos incendios, conteniendo y sofocando las llamas. Las burbujas aprisionan el fuego y, al encogerse, lo extinguen con una eficiencia sorprendente.




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