Pentrix "El camino del heroe"

Capítulo 31. El ataque a la sucursal central

En un bar de luz tenue, varias personas toman tragos, charlan, bailan y se ríen, sumergidas en el bullicio de las conversaciones, el tintineo de los vasos de cristal y el pulso constante de la música. En un rincón discreto, una pequeña televisión emite un noticiero en voz baja. En la pantalla, un reportero relata con tono grave el suceso del día anterior:

—“Un villano conocido como Gravity Wave provocó daños materiales por varios millones. El héroe Maxman intervino, pero terminó derrotado, al igual que otros héroes. Finalmente, el día fue salvado por un tercer grupo de jóvenes…”

De pronto, la pantalla estalla en una lluvia de fragmentos de vidrio, chispas y humo denso. Un hombre ebrio ha lanzado una botella con furia mientras grita:

—¡Héroes inútiles! ¡Perdí mi casa! ¡Mi auto! ¿Para qué carajos sirven los héroes?

Algunos clientes se aproximan para calmarlo, pero el borracho se resiste y comienza a forcejear con ellos:

—¡Suéltenme, idiotas! ¡Me las van a pagar!

En cuestión de segundos lo reducen. Lo levantan entre varios y lo arrastran a través de la pista de baile, sorteando cuerpos que siguen moviéndose al ritmo, hasta llegar a la puerta. Con un último empujón, lo arrojan a la calle.

El hombre intenta incorporarse, pero el alcohol lo traiciona. Apenas logra arrastrarse hasta una pared cercana, apoyarse en ella y, con la cabeza gacha, romper en sollozos ahogados. Llora en silencio, lamentando la ruina de su vida.

Lejos de ahí, una camioneta negra —de diseño robusto y sigiloso, típico de los cazadores recolectores— avanza a gran velocidad por las calles de la ciudad. Aunque su actividad ha mermado en los últimos tiempos, en medio de la escalada de enfrentamientos entre héroes y villanos, la fragilidad de la justicia y la sombra siempre presente de “ÉL” (Pentrix), estos cazadores han conseguido un trofeo excepcional: han capturado a un evo.

No se trata de un villano ni de un héroe, sino de un ciudadano común con un don raro y extremadamente valioso: la Tecnopsiquia, la habilidad de comprender y comunicarse con cualquier computadora. Con el evo de tan alto valor para los propósitos de la Corporación —confundido, sedado y atado como un animal—, la camioneta se adentra en callejones estrechos y bulliciosos, girando con agilidad en cada esquina, zigzagueando deliberadamente para evitar cualquier ruta predecible. Se mueve con la astucia de una presa que esquiva a su depredador.

En la base del equipo Xtreme, el coronel Soul recibe la alerta urgente de Body (Pretzelman). Cada palabra resuena en la quietud de la sala como un golpe seco. El evo capturado, con su poder de Tecnopsiquia, podría poner en jaque al mundo entero si la Corporación logra descifrar su habilidad o lo fuerza a usarla en exceso. Body informa que lo están trasladando a la sucursal más grande y mejor protegida de la Corporación.

Soul se queda inmóvil, el rostro marcado por una profunda preocupación. Sabe que la misión que se avecina es de un peligro extremo. Conoce los riesgos: sus chicos, a pesar de sus habilidades, podrían ser neutralizados con facilidad. Esta vez necesita a alguien capaz de desatar su poder de forma contundente y sin titubeos.

El coronel se acerca a Elektrobyte y le expone la situación con voz grave y firme.

—Lo necesitamos en esta misión —afirma con convicción—. Solo él puede manejar una operación de esta magnitud.

La líder se opone de inmediato, la inquietud brillando en sus ojos.

—Él podría masacrar a todos —advierte, la voz tensa y cargada de temor.

El coronel asiente, comprendiendo perfectamente su miedo.

—Solo hay alguien que podría controlarlo si las cosas se salen de control —responde.

En su mente tiene a Rook para acompañarlos, pero la chica, consciente del peligro inminente, se ofrece de forma inesperada:

—No, coronel. Yo iré con ustedes.

Así, el coronel Soul, Pentrix y Elektrobyte (Lía) parten rumbo a la misión, avanzando hacia la instalación con la incertidumbre y el peligro acechando en cada curva del camino.

Dentro de la instalación, los cazadores conducen al evo inmovilizado. Aunque no representa amenaza en términos de fuerza física, está completamente sometido: porta un dispositivo inhibidor de poderes y esposas en manos y pies que impiden cualquier intento de fuga. El cautivo, pálido y asustado, es guiado por pasillos tenuemente iluminados. Implora en voz baja, casi un susurro:

—Déjenme ir, por favor… solo quiero volver a casa.

Los cazadores lo ignoran con una indiferencia gélida. Finalmente llegan a lo que parece un laboratorio avanzado. Allí, varios investigadores con batas blancas trabajan en perfecta coordinación. El evo es recostado en una camilla y asegurado de pies y manos, mientras el personal médico comienza a examinarlo: colocan sensores, aparatos de medición y, por último, un dispositivo electrónico en su frente que lo anula por completo.

Habiendo perdido su transporte táctico en la feroz batalla contra el villano magnético Gravity Wave (capítulo 30), ahora el coronel Soul conduce un automóvil modesto y anodino, de esos que pasan desapercibidos en cualquier calle. Dentro del vehículo reina una calma tensa. Pentrix observa el paisaje urbano desfilar por la ventanilla, sumido en sus pensamientos, mientras Elecktrobyte (Lía) ajusta nerviosamente las mangas de su traje, un gesto repetitivo que delata su inquietud.

Ella rompe el silencio con voz baja:

—¿De verdad crees todo lo que Gee (Kage) te cuenta sobre mí?

Pentrix gira la cabeza hacia ella, intrigado.

—¿Sobre qué? —responde con calma.

Lía alude a “las continuas bromas” con las que la traviesa ninja la hace sufrir. Pentrix contesta con naturalidad, sin rodeos:

—Kage solo habla de ti como si fueras su hermana mayor.

Ella se queda sorprendida, los ojos abiertos de par en par.

—¿En serio? —pregunta, incrédula.

Él asiente y añade con sinceridad:




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