Pentrix "El camino del heroe"

Capítulo 37. Choque de Inquisidores

Elektrobyte y Quikshot observan al extraño chico, que avanza lentamente hacia ellas. Su poder comienza a dispersarse como una niebla gris que se extiende por el suelo en su dirección.

Quikshot reacciona primero. Su puño brilla mientras saca rápidamente su arma y, gracias a su poder, dispara un rayo de energía directo a la frente del muchacho. El impacto rebota con un sonido seco, como si hubiera golpeado contra una superficie increíblemente dura. El chico la mira, su expresión vacía endurecida por la irritación, y se abalanza contra ellas.

Justo en ese instante, una ráfaga de energía azul lo golpea con fuerza, lanzándolo varios metros hacia atrás.

Pentrix aparece, caminando con paso firme y resuelto, su puño aún resplandeciente con una intensa luz azul que deja un rastro etéreo a su paso. Pregunta con tono contenido, pero cargado de urgencia: —¿Se encuentran bien?

Las heroínas, visiblemente aliviadas por su aparición providencial, responden al unísono, jadeantes: —Sí, estamos bien.

El chico asiático, pese al potente impacto, no ha caído. Solo fue arrastrado varios metros, permaneciendo de pie, una figura imponente e inmutable.

Pentrix hace una clara señal a las chicas para que se retiren, su mirada fija en el oponente. El extraño responde al desafío, centrando toda su atención en él. Ambos poderosos seres se observan con intensidad, y en la tensión silenciosa que los rodea parece haber algo familiar, un reconocimiento mutuo que trasciende el simple enfrentamiento.

De pronto, el chico asiático se agacha de manera antinatural y emite un grito. No es una voz humana, sino un sonido gutural y primitivo, semejante al bramido ensordecedor de una trompeta celestial. La onda sonora llena el espacio devastado, haciendo vibrar el aire y los escombros. Las chicas se cubren los oídos con desesperación, abrumadas por la resonancia del estruendo.

El héroe toma la iniciativa. Su postura se tensa y realiza un movimiento rápido y fluido con la mano, como si arrojara algo invisible, dejando una estela de luz azul en el aire. De esa misma estela emergen varias ráfagas de energía que, con velocidad increíble, se curvan en el aire e impactan contra el cuerpo del contrincante. Los golpes producen sonidos secos y contundentes, obligando al chico a moverse violentamente bajo la fuerza de los impactos.

El chico asiático cae arrodillado, su postura antes imponente ahora doblegada. Mientras una especie de un humo de color azul comienza a salir del cuerpo del joven extraño, una señal de que las ráfagas lo han golpeado. Este comienza a reírse, un sonido ronco y gutural que no parece humano, mientras permanece arrodillado. Una voz profunda y reverberante, que parece salir de la tierra misma, emana de él:

— Yo soy Ren Monum semilla primordial de la materia, el que ha venido a concluir el ciclo tal como ha sido escrito.

Las chicas corren hacia Pentrix, preocupadas, pero este les hace una señal imperativa para que se detengan. Ren continúa, su voz resonando con una autoridad milenaria:

—Todos ellos deberán pagar por sus pecados, su corrupción y arrogancia su ciclo debe terminar ahora.

Se levanta lentamente, y su poder se expande con una rapidez alarmante, una onda de energía gris que se extiende por el entorno. Pentrix reacciona al instante. Envuelve a las chicas con un campo protector de energía azul justo a tiempo. Del piso, emanan como pilares de roca, gigantescos y con gran violencia, surgiendo de la tierra devastada. Uno de ellos golpea a Pentrix, pero este se cubre con su campo de fuerza azul. Los pilares cambian, transformándose en puntas afiladas de roca que golpean su escudo con furia, produciendo una explosión de escombros y polvo que oscurece la vista. Las chicas observan la aterradora escena desde el interior del capullo energético que las protege. Viendo que su compañero ha desaparecido entre el polvo y los remanentes, El aterrador inquisidor se dirige tranquilamente hacia las chicas, caminando con una calma inquietante. Se acerca a la burbuja protectora y extiende una mano para tocarla, pero al hacerlo, su mano es despedida por una fuerza invisible, rebotando con un sonido seco. El no muestra sorpresa; simplemente camina alrededor de las protegidas heroínas, observando a las con su mirada vacía y aterradora, como buscando algo en ellas. Aprovechando la distracción, Pentrix aparece silenciosamente detrás de Ren Monum. Lo toma del cuello con una fuerza increíble y lo estampa contra el suelo un par de veces, haciendo temblar la tierra bajo sus pies. Lo levanta nuevamente, su rostro serio y su voz resonando con una autoridad inquebrantable.

—No. No lo harás —agrega el héroe. Con la mano que Pentrix sostiene a Ren, un destello azul aún más fuerte y potente emerge, desatando una ráfaga de energía masiva que lo arroja por los aires, haciéndolo volar una gran distancia antes de estrellarse contra los escombros lejanos.

El héroe se acerca a sus compañeras y desactiva el campo protector, que se disuelve en una estela de energía azul. Lía (Elektrobyte), aún en shock, exclama: —¡Santo cielo, qué fue todo eso!

Rain (Quikshot), con la voz más grave de lo habitual, añade: —Ese tipo es realmente aterrador.

Él las mira con seriedad: —Tienen que irse —ordena con tono inquebrantable.

La líder se opone de inmediato: —¡No te dejaremos solo!

Pero Pentrix toma las manos de ambas, su mirada fija en Lía: —Sabes que tengo razón. Si ustedes están aquí, no podré detenerlo —dice con urgencia evidente.

Ella, mirando a los ojos de Pentrix, comprende la gravedad de la situación y la implicación de sus palabras.

Quikshot, consciente del pasado de Pentrix y de la magnitud de lo que representa, asiente: —Jefa, debemos irnos.

Elektrobyte, antes de dejarse arrastrar, le dice al joven héroe con una mezcla de furia y preocupación: —Acaba con ese hijo de...




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