Sus pasos resonaban apresurados en el pasillo del edificio Ioahnnes Benedictus III. La miembro de los Doce avanzaba con determinación hacia la oficina donde Adrián y Sam ya la aguardaban. Al entrar, Ioahnnes ordenó con voz firme, sin rodeos: —Informe.
Sam respondió con tono tenso: —El país asiático informa que la amenaza fue inhabilitada.
Ioahnnes repitió, con un matiz de incredulidad: —¿Inhabilitada? —Su mirada penetrante se clavó en ellos—. ¿Por quién?
Sam, visiblemente nervioso, contestó: —No hay información disponible. El país asiático lo maneja como “caída de meteorito”.
Ioahnnes arqueó una ceja, su expresión helada. —¿Qué estás diciendo?
Adrián intervino, intentando aclarar: —Alguien está ocultando el incidente. Usan nuestras mismas directrices.
La mujer se acercó a Adrián con velocidad sorprendente y lo tomó del cuello del traje, atrayéndolo hacia ella mientras lo miraba directo a los ojos. —¿Insinúas que alguien de nosotros ordenó ocultar un incidente así? —su voz baja y peligrosa vibraba en el aire.
Él, con dificultad, respondió: —Señora, no fue ninguno de nosotros. El país asiático tomó la decisión.
Ella escuchó, y en un acto de furia contenida que finalmente estalló, empujó al ejecutivo con fuerza inusitada. Adrián cayó al suelo, magullado y sorprendido, mientras Ioahnnes exhalaba, su autocontrol momentáneamente quebrado.
A cientos de kilómetros, en el jet rumbo a casa, Lía revisaba la herida de Pentrix. Con expresión de asombro murmuró: —No hay sangrado. La herida atravesó limpiamente, no dañó nada… tuviste suerte.
Pentrix sonrió levemente, con un toque de sarcasmo: —Te dije que estoy bien.
Rain se acercó, la curiosidad teñida de temor: —¿Qué era esa cosa tan aterradora?
Pentrix bajó la mirada y respondió con un simple: —No lo sé.
Ocultaba la información crucial que poseía sobre los Inquisidores.
El coronel, observando la escena, añadió con frustración: —Esos malditos de la Corporación siguen haciendo experimentos en evos. Estoy seguro de que fue algo que se les escapó de control y no pudieron manejar.
El avión continuó su trayecto, mientras la verdad del encuentro permanecía oculta para la mayoría de sus ocupantes.
Tras largas horas de viaje, un auto se acercó a la base Xtream. Al ingresar, los cuatro ocupantes —Lía, Rain, Pentrix y el coronel— descendieron lentamente.
La líder avanzaba hacia el edificio, pero fue recibida con un fuerte abrazo por Kage. —¡Regresaron a salvo! —exclamó la joven ninja, su alivio vibrante.
Lía le respondió con una sonrisa cansada: —Así es, pequeña… qué gusto verte tan energética como siempre.
En ese instante, Rain pasó a su lado, aún con su uniforme de heroína. Kage se acercó y le dio una sonora palmada en el trasero, acompañada de una sonrisa pícara: —También te extrañé, loca arrogante.
Rain se sobó la parte golpeada, resoplando: —Tonta niña.
Más atrás, Pentrix apareció. La traviesa ninja se plantó frente a él y, con tono burlón pero afectuoso, dijo: —Bien hecho, señor héroe torpe.
Pentrix sonrió y, en un gesto inusual, le alborotó el cabello. Luego levantó la mano y ambos chocaron las palmas en camaradería.
El coronel pasó al último y preguntó a la ninja: —¿Cómo está todo por aquí?
Kage respondió con su habitual ligereza, caminando a su lado: —Golpeamos a algunos mafiosos, nada fuera de lo normal. Uno salió volando por la ventana… cosas normales.
El coronel, divertido, repitió incrédulo: —¿Salió volando por la ventana? —y estalló en carcajadas—. ¡Jajajaja! ¡Bien hecho, Kage!
Un rato después, Pentrix se quitó su uniforme de héroe, lo colgó cuidadosamente en el armario y sacó de su mochila una prenda más cómoda, dejándola al borde de la cama. Mientras se vestía, la mochila resbaló y dejó caer algunas pertenencias, entre ellas la fotografía que siempre conservaba.
Pentrix se inclinó para recogerlas, pero alguien más ya tenía la foto en sus manos: Rain (Quikshot). Ella la observó, su expresión suavizándose. —Es muy linda —dijo con sinceridad. Luego le dio la vuelta, leyendo el mensaje escrito en la parte posterior—. Ufff… ¿en serio así te llamaba? —preguntó con ligera burla.
El chico recibió la foto de vuelta y replicó con un atisbo de diversión: —Has pasado demasiado tiempo con Kage, empiezas a parecerte a ella.
Rain sonrió apenas. —Me gusta su habilidad de sigilo —respondió.
Pentrix aclaró, con una pizca de melancolía: —Me llamaba.
—¡Lo siento, no quise…! —se apresuró a decir ella, mortificada.
—No te disculpes —la interrumpió Pentrix, con calma comprensiva.
Rain extendió una mano hacia él: —Gracias por ayudarnos, “chico yoga” —dijo, usando el apodo que le había puesto en su sparring.
Pentrix correspondió el gesto y, por primera vez en mucho tiempo, le sonrió de manera genuina.
Al salir de la habitación, antes de que la puerta se cerrara por completo, añadió con voz divertida: —Si Kage te oye, volverá a planear algo contra ti.
Se dirigió hacia afuera, donde notó a Lía (Elektrobyte) esperándolo en el jardín zen. Caminó hacia ella y se acomodó a su lado.
—¿Ahora tú también practicarás yoga? —preguntó Pentrix, con un atisbo de humor en la voz.
Ella negó con la cabeza. —No, gracias. —Luego, disculpándose, añadió—: Fue culpa de Rain. Kage le hizo otra de sus bromas tontas, por accidente tiró tus pertenencias y salió la foto que conservas.
—Entiendo —respondió él, sin darle mayor importancia—. Pero supongo que esa no es la razón por la que estás aquí, ¿verdad?
La líder suspiró y guardó silencio un momento, reuniendo sus pensamientos. —Estás ocultando algo, ¿cierto? —preguntó finalmente, su voz cargada de curiosidad y preocupación, refiriéndose a la misión.
Pentrix no la miró; mantuvo la vista fija en el horizonte. —Escucha —dijo con voz grave—. Allá afuera existen cosas realmente aterradoras, más allá de tu comprensión. Y con tus propios ojos viste una de ellas. —Hizo una pausa, el peso de sus palabras palpable—. No hay maldad ni bondad en ellos. Es todo lo que puedo decirte por ahora. Ambos elegimos un camino difícil, tortuoso, y tomamos decisiones duras. Y tú, como heroína, lo sabes mejor que nadie.