En un almacén cualquiera de los que abundan en la ciudad, un grupo de mercenarios planea su próximo golpe. Su objetivo: un edificio de comunicaciones y, dentro de él, la CEO, Ioahnnes. El plan es tan simple como ambicioso: secuestrar a la ejecutiva de alto rango y exigir un rescate millonario.
A la cabeza de la operación está un Evo apodado Snake. Todos en su equipo, incluido el segundo al mando, Cobra, son ex soldados de la corporación. Como antiguos miembros, conocen cada rincón, cada protocolo de seguridad y cada punto vulnerable del edificio. Esa experiencia les otorga la confianza de que su plan es infalible y su éxito inevitable.
Un poco más tarde, un helicóptero se aproxima al edificio de comunicaciones desde el aire. En su interior, la autoritaria Ioahnnes Benedictus III, miembro de la Ordo Benedictorum, se prepara para aterrizar junto a su secretaria y su personal de seguridad. Todo parece indicar que será un día de trabajo más.
Los pilotos solicitan autorización y, en el helipuerto del edificio, el personal observa cómo el helicóptero desciende y comienza las maniobras de aterrizaje. El vehículo toca tierra y el equipo de seguridad corre para garantizar que los pasajeros estén a salvo. Todos descienden, incluida Ioahnnes, quien se dirige a su oficina con la misma rutina de siempre.
Mientras tanto, en los túneles subterráneos de servicio, la invasión de los mercenarios ha comenzado. Entre tubos oxidados y humedad, avanzan sigilosamente para infiltrarse en el edificio.
En el cuarto de calefacción, un guardia es reducido por su propio compañero, que resulta ser el infiltrado. Este abre una reja en el piso y, uno a uno, los mercenarios ingresan. Rápidamente se disfrazan con trajes, corbatas e incluso credenciales de identificación para mezclarse con el personal. El líder, Snake, se limita a hacer señas para que avancen y se dividan en sus posiciones.
En otro sector, el grupo comandado por Cobra espera pacientemente junto a un helicóptero camuflado como aeronave policial. Permanecen atentos a la orden que dará inicio a la segunda fase del plan.
Los mercenarios ya disfrazados se dirigen a los puntos de revisión del personal, listos para someter a los guardias y obtener acceso completo a la entrada principal.
Snake, sin embargo, se presenta como un simple mensajero. Los infiltrados ya han tomado el acceso principal y le permiten pasar. Se dirige a los elevadores, preparado para alcanzar el último piso.
Con el camino despejado, los demás mercenarios se despliegan hacia áreas estratégicas del edificio: comunicaciones, vigilancia y, sobre todo, las alarmas, en un despliegue táctico calculado.
Arriba, Ioahnnes trabaja frente a su inseparable computadora personal, sin sospechar el peligro que se aproxima. Snake asciende piso por piso hasta llegar a su destino. La puerta del elevador se abre lentamente. Al final del pasillo se encuentra la oficina de Ioahnnes. El mercenario avanza decidido.
Se aproxima sigilosamente a la puerta, extrae un arma eléctrica, la abre de golpe y se introduce… pero la oficina está vacía. De repente, el silencio se rompe con el estruendo de un arma de fuego. Ioahnnes emerge desde detrás del escritorio, disparando sin vacilar. Los balazos retumban en el piso, mientras Snake logra cubrirse justo a tiempo tras la pared.
Al instante, las luces del edificio se apagan. Es la señal: los mercenarios se despliegan según el plan. Snake retira el seguro de una granada de gas, la lanza al interior de la oficina y un humo denso, verdoso, comienza a llenar el aire.
En un acto de desesperación y astucia, Ioahnnes lanza una granada de fragmentación contra la pared. La explosión abre un enorme boquete, por el cual el gas verdoso y el humo negro comienzan a escapar, revelando que la batalla por el edificio ha iniciado.
En la base de Xtream, una alerta resuena: un edificio expulsa humo. El Coronel Soul reúne de inmediato a todo el equipo. Abordan el camión y parten hacia el lugar sin vacilar.
Dentro del vehículo, Elektrobyte da instrucciones: —Chicos, no sabemos qué ocurre, así que extremaremos precauciones. Puede que solo sea un incendio.
—¿Alguien sabe por qué el Coronel trae su uniforme de Xtream? —pregunta Kage.
Todos miran al veterano militar, quien acomoda su uniforme con orgullo. —Hey, chicos, ¿por qué me miran así? ¿Creen que no disfruto patear algunos traseros también? —dice con una sonrisa.
Rook, al volante, comenta: —Se ve bien, Coronel.
—El lamebotas ha hablado —responde Quikshot con burla.
Réflex levanta el pulgar en señal de aprobación, mientras Pentrix sonríe divertido ante las bromas.
De vuelta en el edificio, las luces de emergencia se encienden. Ioahnnes ha logrado escapar por las escaleras, huyendo momentáneamente de sus captores. El personal de seguridad es diezmado por los mercenarios, pero ella consigue llegar hasta donde su equipo la espera.
—Bien hecho, Ismael. Debemos avanzar y salir de aquí —ordena. —Señora, ¿qué pasará con el resto del personal? —pregunta Ismael. —¡Descartables! —responde Ioahnnes sin titubeo.
El equipo de seguridad, armas en mano, avanza buscando una salida.
Abajo, el camión de los héroes Xtream ha llegado. Los siete miembros descienden y observan el último piso del edificio, del cual emana humo. Elektrobyte y el Coronel Soul se aproximan a la entrada, donde el personal del edificio les asegura: —La situación está controlada. Solo es un incendio en la parte superior. Por favor, retírense.
El Coronel Soul sonríe con calma. —Está bien —responde, dándose la vuelta para regresar con el equipo.
Pero enseguida murmura a Elektrobyte: —Algo extraño está pasando. No han evacuado a nadie… y eso no corresponde a un simple incendio.
Elektrobyte le pide al Coronel Soul que derriben a los guardias, pero Pentrix se adelanta: —Yo iré primero, Coronel.