Pentrix. "El camino del villano"

Capítulo 2. Padre e Hija

Esta gran perla azulada es nuestro hogar. Gira lenta y serena sobre su eje, en la inmensidad del cosmos, ignorando por completo al tiempo. El astro rey la envuelve con su luz, las estrellas engalanan sus cielos y su luna, en su eterna danza, la contempla orgullosa desde la distancia: el único planeta del sistema solar capaz de albergar vida compleja. Desde sus profundos océanos hasta las regiones más inhóspitas, desérticas y frías, bajo su atmósfera y sus nubes, se extiende la superficie habitada por la humanidad a lo largo de las eras. Antiguas culturas florecieron, se desvanecieron y otras lograron predominar; sin embargo, la civilización actual atraviesa una transformación acelerada.

La sociedad ha creado toda clase de mitos y especulaciones a lo largo del tiempo, quizá reales o falsas, nadie parece saberlo con certeza. Lo que sí es un hecho es que una sola entidad ha encabezado esta metamorfosis, introduciendo nuevas tecnologías, avances médicos, métodos educativos innovadores y conocimientos inéditos que, en apariencia, benefician a la sociedad. Esa fuerza —conocida simplemente como La Corporación— y aunque nadie lo sabe, está dirigida por la enigmática Ordo Benedictorum, “la Orden de los Bendecidos”, también llamada Los Doce. Según las leyendas que los rodean, ellos controlan los pilares fundamentales del mundo: política, salud, comunicaciones, ciencia, economía, agricultura, seguridad, energía, tecnología, educación, religión y desarrollo. Realidad o ficción, solo el tiempo lo decidirá.

Pero no sería la única evolución sorprendente que la humanidad haya visto emerger. La variable más disruptiva llegó cuando aparecieron ellos: los individuos con habilidades casi divinas. Durante años fueron apenas un susurro, una historia para asustar o maravillar a los niños, un secreto enterrado en laboratorios, trincheras o archivos olvidados. Y, aun así, terminaron por revelarse ante el mundo.

Científicos, especialistas y medios de comunicación crearon sus propias teorías. Algunos culpan a las guerras que marcaron generaciones; otros aseguran que es “la evolución intentando abrirse paso”. Hay quienes responsabilizan a los contaminantes vertidos sin reparo, y también están los más temerarios: aquellos que susurran teorías sobre experimentos prohibidos… secretos que jamás debieron ver la luz.

Sea cual sea su origen, hoy existen dos tipos de estos seres. Los Neoevos, los llamados “Nuevos Evolucionados” —una suerte de equivalentes a los superhumanos de otros mundos, aunque forjados bajo reglas muy distintas— aparecieron primero como rumores en laboratorios y pasillos estériles. No nacieron con sus dones: los obtuvieron mediante métodos artificiales, científicos o tecnológicos. Suelen tener cuerpos casi esculpidos, de músculos firmes y miradas tensas. Pero cada poder acarrea un costo. Sus cuerpos jamás estuvieron destinados a contener lo que ahora circula por sus venas. Muchos cargan enfermedades que avanzan en silencio: cánceres, tumores, fallas que se vuelven visibles para cualquiera que ose mirar de cerca. Su grandeza, paradójicamente, es también su condena.

Los Evos, “los Evolucionados” —comparables a los mutantes o metahumanos de universos lejanos, aunque moldeados por un origen mucho más primario— parecen la respuesta natural del mundo a un futuro incierto. Nacen con ese poder o lo despiertan con el tiempo. Son más fuertes, más resistentes, más preparados que cualquier humano común. Y aunque su biología les da más estabilidad, incluso ellos conocen el límite. Ese poder primordial que los define también puede quebrarlos. Usarlo en exceso los consume, los drena… y, a veces, los mata.

Pese al miedo y la desconfianza, muchos de estos Neoevos y Evos son, en su mayoría, personas comunes que trabajan, aman, anhelan y buscan un futuro honesto para ellos o sus familias. Otros, en cambio, han adoptado un papel más visible: la necesidad —y en ocasiones la propia sociedad— los ha empujado a convertirse en “héroes”… y, lamentablemente, a algunos en “villanos”.

Mientras tanto, en distintos rincones del mundo, emigrantes abandonan sus países o poblados en busca de una vida mejor. Algunos huyen de conflictos y persecuciones; otros simplemente ansían un lugar donde pertenecer. En medio de este mundo fracturado, entre los que huyen y los que luchan por esconderse, está la historia de Víctor Kurikov. Llegó con la esperanza de encontrar una oportunidad real de crecimiento y, en cierta medida, lo consiguió. Sin embargo, como tantos emigrantes, jamás alcanzó una estabilidad verdadera. Pasó de un trabajo a otro, persiguiendo ese “paraíso” prometido que siempre parecía alejarse justo cuando creía tenerlo al alcance.

Aun así, Víctor poseía algo que pocos podían reclamar: también era un Evo, y su poder era la manipulación eléctrica. Gracias a esta habilidad, fue reclutado por las fuerzas armadas, específicamente por el Ejército Privado de La Corporación. Durante su servicio participó en misiones dentro y fuera del país, e incluso en territorios extranjeros. Fue testigo directo del ascenso de la Corporación, observando cómo se extendía hasta convertirse en el conglomerado dominante y poderoso que es en la actualidad.

Mientras Víctor prestaba servicio en el Ejército Privado de La Corporación, conoció a dos compañeros que marcarían su vida para siempre. A uno lo llamaban Soul, al otro Body, y junto a ellos Víctor recibió el nombre clave de Mind. Los tres formaban un equipo imparable, una unidad tan sincronizada en combate como en estrategia. Más que camaradas… eran hermanos forjados en la guerra.

Pero el mayor triunfo de Víctor no lo obtuvo en los campos de batalla, sino en el mundo civil. Allí conoció a la mujer de sus sueños. Se enamoró con una intensidad que jamás creyó posible y, por primera vez, vislumbró lo que significaba construir un hogar. Para él, aquello valía más que cualquier medalla, ascenso o reconocimiento militar.




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