Estamos en las profundidades de un búnker secreto. La luz fría ilumina los muros grises de concreto, mientras ecos y murmullos del personal llenan el ambiente.
Un conjunto de figuras sombrías, vestidos con trajes y corbatas —personal de La Corporación— observan y acompañan en silencio a Mouse. Lo miran como si fuera un fenómeno de circo. Con sus dos brazos horriblemente retorcidos, semejantes a ramas secas de un árbol, el Evo solloza, temblando de miedo y dolor, sentado en una silla frente a una cámara de grabación.
Con la mirada extraviada, un recuerdo invade su mente. Observa al par de chicos que intentaba capturar, alejándose del lugar. Se agacha e intenta tomar la ballesta de Halcón, que estaba cerca en el suelo; pero al hacerlo, la energía azul del chico aparece y envuelve sus brazos, retorciéndolos. Siente el dolor insoportable, el crujido de sus huesos, tendones y músculos. Un ejecutivo se aproxima y lo arranca de su recuerdo, hablándole con firme autoridad.
—Habla —ordena la voz profunda y atemorizante. —¿Quién te hizo esto?
Con la voz entrecortada, Mouse responde: —F… fue el chico al que intentamos capturar.
El ejecutivo vuelve a preguntar: —¿Te dejó un mensaje?
Mouse entrega el mensaje. Su voz se quiebra al repetir, con una exactitud robótica, las palabras del Chico al que intentó capturar:
—“Esto es un mensaje… para La Corporación. Y los Doce”.
Las lágrimas ruedan por sus mejillas mientras continúa, suplicando: —Por favor duele ¡Ayúdenme!.
—la voz insiste —Continua
—“Él los encontrará. No importa dónde, ni cuán caro o profundo sea este búnker. Él los aniquilará”.
Al mismo tiempo, en una lujosa sala ejecutiva en lo alto de un rascacielos, varios hombres misteriosos, enfundados en costosos trajes de diseñador, observan el interrogatorio de Mouse en múltiples pantallas.
Uno de ellos, miembro de los Doce, contempla la imagen y dice con calma: —“Ohh, otra vez ‘Él’”. Aparece como sombra y se disuelve en la noche.
Otra voz, surgida del fondo de la sala, pregunta con tono pragmático: —“¿Qué haremos para detenerlo?”.
En otra parte Anya y Pentrix llegan a los cuarteles del Frente Unido de Evos (F.U.E.), un refugio subterráneo oculto bajo un lujoso edificio residencial. El espacio bajo tierra se siente más como una guarida que como un hogar.
El rostro de Víctor, líder de la organización y padre de Anya, refleja un gran alivio al ver a su hija, pero también una profunda preocupación.
—¿Dónde diablos estabas? No has aparecido en días —pregunta con la voz cargada de ansiedad.
Anya miente, con una nota de falsedad en su tono: —Fui capturada en una misión para conseguir un fármaco experimental. Fallé —dice, intentando justificar su ausencia.
Pero Víctor, que conoce a su hija mejor que nadie, percibe la mentira. Su mirada se aparta de Anya y se fija en el chico que la acompaña. La desconfianza es evidente.
—Es uno de nosotros —se adelanta Anya, respondiendo a la pregunta que su padre aún no formula—. Y derrotó a un escuadrón de cacería altamente entrenado.
Anya relata todo lo sucedido. Víctor escucha cada detalle, su expresión permanece inmutable. A pesar de lo narrado, una parte de él no confía en Pentrix: su apariencia humana, la ausencia de las características físicas de los Evos y Neoevos, lo desconcierta. No parece uno de ellos.
Sin embargo, pese a la duda, Víctor acepta al chico. —Asígnale un espacio para dormir y consíguele algo de comer —ordena a su hija. —Sí, padre, de inmediato.
La organización ha encontrado un nuevo aliado, distinto a todos los demás. Su presencia podría convertirse en una bendición… o en una maldición.
Anya guía a Pentrix por los cuarteles subterráneos del Frente Unido, iluminados tenuemente en la noche. Al llegar a la puerta de una habitación, se detiene y se despide:
—Duerme bien. Nos vemos mañana —dice con naturalidad.
Antes de marcharse, intenta justificar la rigidez de su padre: —¡Sabes! Mi padre puede parecer duro —comenta—, pero siempre es justo con quienes lo necesitan.
Con una despedida juguetona, levanta la mano en un gesto de adiós y se retira. Pentrix permanece solo en el pasillo, observándola mientras se aleja. Por primera vez, se siente en un lugar seguro.
Al día siguiente, Víctor da una nueva orden: la destrucción de un servidor en un centro de datos. Para esta misión selecciona a un grupo diverso, un equipo táctico que pondrá a prueba las habilidades de cada integrante.
El equipo está conformado por Bestial, un Evo de garras enormes y facciones ferales, destinado a ser el músculo del grupo; Anya, conocida como Elecktrizide, una Evo con poderes eléctricos que actuará como apoyo; Bum Bum, un Neoevo experto en explosivos, asignado como conductor y apoyo técnico; y Pentrix, incluido en la misión para que Víctor y su organización puedan observar de cerca sus habilidades.
El grupo se dirige al centro de datos durante la noche, convencidos de que la seguridad será más fácil de neutralizar. Sin embargo, ignoran que sus planes ya han sido descubiertos por un equipo de héroes.
La Contraparte: Los jóvenes héroes Xtream han detectado los “planes malévolos” de los villanos y se preparan para detenerlos. El grupo está conformado por Rook, el rudo y musculoso combatiente; Kage, una ninja experta en artes de lucha; Elektrobyte, antigua rival de Anya y también portadora de poderes eléctricos, aparentemente más poderosa y líder; y Réflex, un Evo capaz de transformar su cuerpo en cualquier material que toque. Todos se dirigen al mismo lugar con la intención de frustrar los planes de los malvados.
Los integrantes del Frente Unido. Han llegado primero, desplazándose silenciosamente hasta el techo del edificio. No llevan uniformes vistosos solo ropa común que los camufla. Pentrix y Elecktrizide neutralizan a la seguridad sin activar alarma alguna. Se adentran de manera coordinada en el laberinto de servidores y luces parpadeantes, una habitación helada que parece congelar la sangre. Su objetivo es claro: destruir el servidor que contiene la información que los compromete, evitando daños innecesarios. Bum Bum localiza el objetivo y coloca un explosivo de baja potencia con la destreza de un experto. Finalmente, prepara el detonador.