Es de noche. En una bodega abandonada en las afueras de la ciudad, varios agentes de la corporación trabajan con prisa. Empujan a varios Evos amordazados, con dispositivos que restringen sus habilidades, hacia un enorme camión. Entre ellos viajan también un par de niños con poderes. Todos están encadenados, avanzando con dificultad.
El agente a cargo, con voz áspera por el cansancio y la frustración, les grita sin piedad: —¡No tenemos toda la maldita noche! ¡Muévanse, escoria!
Otros recolectores ayudan a subirlos al transporte. El camión engulle a los últimos cautivos, y un agente cierra de golpe la puerta metálica de la caja. El líder de la operación golpea la estructura con su puño: —¡Lleno! —grita al chofer—. Haz mover de una vez esa chatarra con ruedas.
El motor ruge, y el vehículo comienza a avanzar lentamente, cargando su valiosa y miserable mercancía hacia la oscuridad.
El agente, aliviado de que la tarea esté casi concluida, saca un cigarro arrugado de su bolsillo, dispuesto a encenderlo y disfrutar de un breve respiro. En ese mismo instante, un estruendo a sus espaldas lo obliga a girar bruscamente.
Una camioneta oscura y robusta ha embestido con violencia la cabina del camión, deteniéndolo de golpe. El conductor, visiblemente conmocionado —aunque el vehículo apenas muestra daños— sale tambaleándose de la cabina y huye en dirección contraria.
El agente, con el cigarro cayendo de sus labios, se lleva una mano al comunicador pegado a su oreja. Su voz, tensa y cargada de alarma, retumba en el silencio de la bodega: —¡Alerta de seguridad! ¡Tenemos un… un…!
De repente, figuras emergen ágilmente por encima y a los costados del camión. No llevan uniformes relucientes ni posan heroicamente: visten ropa civil. Son miembros del Frente Unido.
Los agentes de la corporación, sorprendidos, empuñan sus armas de energía avanzada y comienzan a disparar ráfagas de plasma en defensa propia.
Elecktrizide (Anya) lidera el ataque con agilidad felina. Sus descargas eléctricas impactan contra los agentes, derribando a los primeros que intentan reaccionar. Sin dudarlo, toma a uno por el cuello; su mano chispea, produciendo un zumbido eléctrico que llena el aire. El agente grita de dolor y cae al suelo, fulminado.
Becca, otra joven Evo integrante del equipo, demuestra una habilidad de combate impresionante. Golpea a varios enemigos con puños veloces y firmes agarres, lanzándolos contra las paredes de la bodega.
En la parte trasera del camión, Pentrix aparece como una sombra y, con fuerza bruta, destroza los candados de la puerta. El Neoevo conocido como Bum Bum surge a su lado, trepa de un salto al interior y comienza a liberar a los prisioneros. Con herramientas improvisadas quita los anuladores y corta cadenas y esposas, liberando primero a los niños, a quienes tranquiliza con una sonrisa amable: —No se asusten, los pondremos a salvo.
Mientras tanto, Becca toma al agente que intentaba fumar, lo levanta sin esfuerzo y lo estampa contra el suelo. El golpe seco resuena en la bodega, pero sorpresivamente el hombre comienza a reír con histeria: —¡Idiotas! —Grita entre carcajadas—. ¡Ahora sí que están en problemas!
Anya se acerca con determinación y lo patea en la cara con fuerza, silenciando su risa y dejándolo desmayado junto a sus compañeros. —Dulces sueños, idiota.
Con los prisioneros liberados y aún temerosos, los integrantes del Frente Unido se disponen a salir de la bodega. Pentrix marcha al frente, su mirada escaneando el entorno en busca de nuevas amenazas. El resto del equipo revisa el estado de los niños y de los Evos, asegurándose de que estén a salvo.
De repente, un rugido de motor rompe el silencio. Una camioneta negra irrumpe a través de una de las paredes, embistiendo de lleno a Pentrix y tomándolo completamente desprevenido. El impacto es brutal: el vehículo se estrella contra él y se detiene con un estruendo que retumba por todo el lugar. Polvo y escombros llenan el aire.
Justo antes del choque, tres figuras saltan ágilmente desde la parte trasera de la camioneta. Bum Bum, reaccionando de inmediato, toma a los prisioneros liberados y los guía apresuradamente hacia una salida lateral: —¡Vamos, muchachos! Corran, no se queden atrás. Mis compañeros detendrán a esos cazadores.
Mientras tanto, Becca y Anya se interponen con valentía entre el trio de cazadores que emerge del vehículo y Bum Bum con los recién liberados, dispuestas a ganar tiempo para que el Neoevo pueda huir con ellos.
El Equipo Nest ha llegado: los tres cazadores de élite. La líder, experta en lucha cuerpo a cuerpo, Eagle, observa con una mirada fría y evaluadora a ambas chicas, quienes se han plantado firmemente frente a ellos. —No son héroes —dice Eagle con desdén, su voz resonando en la bodega—. Solo son un grupo de villanos inútiles. Terminemos con esto de una vez.
Vulture, la integrante más agresiva y despiadada, con una expresión de sed de sangre en el rostro, se dirige a su líder: —Déjeme asesinarlas de una vez.
Pero Owl, robusto y pesado aunque sorprendentemente ágil, interviene con tono perspicaz: —Son Evos. Podrían valer algo, no las descarten aún.
Becca, la joven Evo que acompaña a Anya, les dedica una seña obscena con el dedo medio y les espeta: —Esto es lo que pienso de ustedes, imbéciles.
Anya, con la mandíbula apretada y los ojos llenos de determinación, le dice a su compañera en voz baja: —Prepárate, demos tiempo a Bum Bum.
Becca, impulsiva, toma la iniciativa y corre hacia Vulture, intentando conectar una patada. Vulture sonríe con gesto psicópata y bloquea el ataque con facilidad. Ambas jóvenes Evos se enzarzan en una pelea cuerpo a cuerpo, intercambiando golpes y patadas con agilidad y ferocidad.