Pentrix. "El camino del villano"

Capítulo 20. Balance

En un campo verde y frondoso, salpicado de altos pinos, se alzan a lo lejos imponentes y lujosos edificios que se funden con la neblina matinal. La serenidad del amanecer se ve quebrada por la tensión.

Un anciano, uno de los enigmáticos miembros de la Ordo Benedictorum, avanza con paso lento. Su cabello níveo y su rostro severo, marcado por la edad y la impaciencia, acompañan a su figura encorvada, que aún conserva un porte de autoridad.

Lo sigue de cerca un séquito de hombres y mujeres con trajes impecables, más semejantes a guardias que a asistentes. Uno de los ejecutivos junior, vacilante, se atreve a hablar primero:

—Algunas operaciones se han suspendido —dice con voz nerviosa—. Héroes y villanos han interrumpido nuestras actividades...

El anciano continúa en silencio, escuchando cada palabra con los labios apretados.

El ejecutivo prosigue, ahora con mayor urgencia: —Muchos de nuestros efectivos están en prisión. Nuestra sucursal oriente, la más grande y la que nos abastecía, fue destruida hace algún tiempo. Las demás no tienen capacidad para compensar las pérdidas...

El anciano finalmente se detiene, lo mira directo y lo interrumpe con una voz que, pese a su edad, corta como una navaja, mientras sostiene una mirada profunda: —¿Y qué hay de “ÉL”? —pregunta.

El ejecutivo baja la mirada, visiblemente incómodo. Hace una pausa, buscando las palabras correctas: —Nada aún. Seguirlo es difícil. No es solo un Evo; es como intentar perseguir una sombra en la noche más oscura.

El anciano resopla con gesto de profunda molestia. Su rostro se contorsiona, se aparta del grupo y continúa su camino en solitario, su figura perdiéndose en la distancia, dejando atrás a sus frustrados subordinados.

En el viejo y algo desvencijado barracón de los héroes XTREAM, el Coronel Soul se dirige a su equipo, que escucha atento mientras disfruta de un humeante plato de estofado.

—Esos bastardos de la corporación estaban secuestrando a investigadores y científicos para impedir que se replicara “la vacuna” —continúa, con una sonrisa orgullosa asomando en su rostro. Les muestra un periódico doblado, cuya imagen principal revela una fotografía impactante: varios agentes cazadores y villanos, todos esposados y con semblante derrotado. —...pero gracias a ustedes, logramos hacerlos recapacitar.

En ese momento, el Coronel baja la vista hacia su propio plato y, con una ceja arqueada, un pensamiento lo asalta: —¿Por qué estamos comiendo estofado —pregunta con tono de genuina intriga— si aún falta una semana para que lleguen los cupones del supermercado?

Lía, que estaba a punto de llevarse otra cucharada a la boca, se pone visiblemente nerviosa. Un leve rubor tiñe sus mejillas mientras intenta disimular su incomodidad desviando la mirada. Kage y el resto del equipo la observan con sonrisas cómplices, compartiendo una mirada de entendimiento, pero sin pronunciar palabra alguna.

En el elegante y moderno edificio del Frente Unido, la voz de Víctor, líder de esta influyente organización, resuena en la sala de conferencias con un aire de seriedad y satisfacción. El recinto, abarrotado, contiene a cientos de personas expectantes de la noticia.

—La investigadora está a salvo —anuncia Víctor, con un matiz de alivio y orgullo en su tono—. Extiendo mi más sincero agradecimiento a todos ustedes por el gran esfuerzo realizado. Esto permitirá avanzar significativamente en la creación de “la vacuna” a un costo más accesible, lo que, en última instancia, salvará a miles de Neoevos y Evos que actualmente enfrentan un estado de salud difícil y precario. Y lo mejor de todo: sin comprometer su economía de por vida.

La noticia es celebrada con júbilo; gritos y chiflidos inundan el recinto, desbordando la atmósfera de entusiasmo.

Mientras tanto, en una clínica médica para Evos y Neoevos en la ciudad, varios de ellos esperan con ansia su turno para recibir el medicamento esperanzador.

Dentro de uno de los consultorios, de paredes asépticas y luz tenue, el conocido Guy Johnson (Capítulo 17) permanece sentado con el brazo extendido. Una enfermera, trabajando en silencio, le aplica la vacuna.

Curiosamente, a diferencia de las descripciones previas, este suero es transparente, prístino, y no posee el distintivo tono verdoso que se había mencionado antes. Aun así, le otorga una chispa de esperanza, aunque mínima, para su salud.

Pisos más abajo, dentro del edificio del F.U., Anya (Elecktrizide) se mantiene erguida, con una expresión desafiante en el rostro, frente a Pentrix. Ambos se miran fijamente, retándose con la intensidad de sus miradas.

Las manos de Anya comienzan a cargarse de energía, produciendo chasquidos y destellos eléctricos que reverberan en el lugar. De repente, la energía se concentra y ella se impulsa hacia adelante. Corre directamente hacia Pentrix y lanza un puñetazo, dejando tras de sí una estela chispeante de luz eléctrica.

Pentrix, con una agilidad sorprendente, se aparta apenas unos centímetros, evadiendo el golpe. Anya, sin perder el impulso, extiende la palma de su otra mano y, girando sobre sus talones, lanza otro ataque cerrando el puño. El golpe pasa tan cerca del rostro del chico que él alcanza a ver el destello eléctrico que lo acompaña.

Ambos retroceden un par de pasos, quedando nuevamente frente a frente, mirándose a los ojos con una mezcla de concentración y una chispa de emoción suspendida en el aire.

El lugar es un gimnasio convertido en un sofisticado centro de entrenamiento. Becca y otros jóvenes se encuentran sentados alrededor, observando con atención el riguroso enfrentamiento entre Anya y Pentrix.

Desde su sitio, Becca grita a Anya con entusiasmo: —¡Vamos, Pastelito, tú puedes!

Pentrix voltea hacia ella, arqueando una ceja. —¿Pastelito? —pregunta, con un deje de diversión en la voz.




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