Pentrix. "El camino del villano"

Capítulo 24. La derrota

Anya y su padre descienden por las escaleras de emergencia hasta llegar al lobby del edificio. Al asomarse, descubren que la salida está completamente bloqueada por barricadas: agentes y cazadores armados hasta los dientes impiden cualquier escape.

—¡Ríndanse! ¡Ya no hay escapatoria! ¡O nos obligarán a dispararles! —grita uno de los agentes con voz autoritaria al notar a los dos evos.

Víctor mira a su hija con una expresión de orgullo en el rostro. —Estoy muy orgulloso de ti —dice con una voz cargada de emoción.

—Y yo de ti, papá —responde Anya, con una sonrisa triste.

Con un último acto de heroísmo, Víctor comienza a absorber la electricidad de todo el lobby. Rayos eléctricos emergen de las paredes, los cables y las luces, creando un espectáculo de energía desbordada, chispas y destellos. Los agentes observan, paralizados ante la escena.

La distracción es aprovechada por Anya, que se lanza directamente hacia las barricadas como una flecha. Sus puños dejan un rastro de electricidad mientras corre a una velocidad vertiginosa. El grupo en la barricada intenta disparar, pero ya es demasiado tarde. Anya está sobre ellos, su cuerpo y sus manos irradiando energía. Con un movimiento fulminante, comienza a electrocutar a todos, incapacitando a soldados y agentes en cuestión de segundos.

Víctor se une a la batalla y, juntos, padre e hija se lanzan contra los cazadores. Su ataque es una coreografía deslumbrante de poder, agilidad y, sobre todo, voluntad: una sinfonía de golpes eléctricos y movimientos perfectamente sincronizados. Los cazadores y militares intentan defenderse, pero el asalto coordinado resulta impresionante y contundente; los cuerpos son arrojados por los aires, estrellándose contra las paredes y el mobiliario del lobby.

Otros tratan de apuntar sus armas, pero la lucha se ha convertido en un torbellino de energía y caos imposible de contener. Rayos eléctricos surgen de todas partes, zigzagueando por el aire, mientras los gritos de los heridos y la estática de la electricidad se mezclan con el estruendo de los impactos y las caídas.

La resistencia de la Corporación se derrumba bajo el ataque implacable de padre e hija.

Afuera, cerca de la entrada del edificio, Becca y Bum Bum emergen de su escondite y desatan un ataque coordinado y definitivo: una fuerza imparable que se abre paso entre los cazadores y agentes que custodian la salida. Aunque intentan oponer resistencia, la sorpresa de la emboscada resulta devastadora.

Los golpes de Becca son feroces, impactando con brutalidad a varios cazadores y dejándolos fuera de combate. Bum Bum, un Neoevo de fuerza descomunal, carga con facilidad contra otros soldados, lanzándolos por los aires como si fueran muñecos de trapo.

Los cazadores y agentes, atónitos ante la superioridad de estos dos guerreros, intentan desesperadamente defenderse, pero su resistencia es inútil. Algunos, al ver la contundencia del ataque y la rapidez con la que son derrotados, huyen despavoridos, incapaces de enfrentar a estas dos fuerzas indomables.

Los héroes de Xtreme arriban primero. Descienden de su vehículo y el caos se despliega ante sus ojos: humo emergiendo del edificio, el estruendo de las explosiones y los gritos desgarrando el aire. Un agente de la Corporación los detecta de inmediato y se acerca con arrogancia.

—¡Retírense, es una operación oficial! —ordena—. La situación está bajo control, no hacen falta héroes.

Elektrobyte avanza hacia él, lo toma del cuello con una velocidad fulminante y lo electrocuta, dejándolo caer en el suelo. Luego, con voz cargada de autoridad, instruye a su equipo: —Rescaten a los evos, a los Neoevos y a cualquier prisionero que los recolectores hayan capturado. Llévenlos a lugares seguros.

Todo el equipo asiente y se dirige al campo de batalla. La batalla se enciende en otro frente, mientras los Xtreme se lanzan al rescate.

En la planta baja, el último cazador grita y cae humeante al suelo, derrotado. Anya busca a su padre con la mirada; él permanece de pie, se lleva la mano al vientre, baja la mirada y descubre una mancha de sangre. De repente, se desploma. Un disparo lo ha alcanzado.

Anya corre hacia él, el pánico reflejado en su rostro.

—¡No, no! —exclama Anya—. ¡Vamos, papá, levántate!

Ella sostiene a su padre, intentando mantener la esperanza.

En los pisos superiores, el evo que se había sacrificado no estaba muerto. Sus heridas, ahora más graves que nunca, lo arrancan de la inconsciencia. Comienza a quejarse, intentando controlar su poder, pero la debilidad y el dolor lo desbordan, provocando que estalle una vez más. La explosión resuena en todo el lugar; incontrolable, hace colapsar el piso superior y añade más caos y destrucción al edificio.

Anya logra salir finalmente del lobby cargando a su padre. En ese instante, escuchan el estruendo y sienten la explosión en lo alto del inmueble. Pentrix llega corriendo y contempla cómo los trozos del edificio se precipitan hacia el suelo. La energía azul comienza a emanar de él con una velocidad vertiginosa, rodeando la estructura y conteniendo los restos para evitar un colapso total.

Anya lo reconoce desde la distancia y le hace una seña para que ayude a Bum Bum y Becca. Pentrix genera un orbe del tamaño de una pelota de baloncesto que se eleva al cielo; de ella surgen ráfagas que impactan contra el suelo, obligando a retroceder a los agentes que aún combaten en los alrededores.

Los acompañantes de Pentrix llegan junto con Becca y Bum Bum. Con voz cargada de urgencia, Pentrix les ordena: —¡Retírense! Yo los ayudaré.

Becca intenta acercarse para apoyarlo. —Necesitas ayuda —dice.

Pero él la detiene. —Es muy peligroso —responde, y luego da la orden a Bum Bum—: ¡Llévatela, aléjense del peligro!

Todos se alejan, dejando al chico. El edificio cede bajo su propio peso desde el primer piso y colapsa. Pentrix, usando su poder, logra contener el derrumbe total, manteniendo la estructura unida con su energía azul resplandeciente.




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