Pequeña sonrisa [#2]

Prólogo

Prólogo

La última vez

—Mentiste. —susurró en voz baja con el dolor filtrándose en sus ojos.

Al escucharlo, me quebré en mi interior.

Me negaba a responder, no lo haría, en realidad, no quería hacerlo, estaba haciéndole daño a una persona que era demasiado importante para mí, estaba dañando a una persona que se encontraba justo en mi pecho, en mi corazón y yo…, yo estaba en el suyo viendo como poco a poco se iba rompiendo. No quería responder porque, si lo confirmaba, todo acabaría.

Todo.

Sus ojos, por primera vez, me observaban sin ningún sentimiento y aquello estaba destruyéndome por completo, el silencio se sintió asfixiante.

No podía aceptarlo. Necesitaba ver la calidez en ellos, la dulzura o su picardía, pero no había nada.

Nada.

Una traición de alguien a quien le confiabas todo era uno de los peores sentimientos que se podría experimentar.

Pensé que las cosas podrían ser mejor para todos, solo quería ayudar y terminé arruinándolo en lo absoluto.

Mi estúpido complejo de heroína me había puesto en esta situación.

Terminé por derrumbar lo que teníamos, lastimándolo y eso jamás podría perdonármelo.

— ¿No dirás nada? —cuestionó con enfado ante un muy prolongado silencio.

El tenue brillo que albergaba en sus ojos se esfumó al no obtener respuesta de mi parte, aún tenía la ilusión de que fuera mentira. Él, en el fondo, quería que yo se lo negará, lo sabía, sin embargo, no podía seguir mintiéndole. Ya no podía hacerlo.

Mis ojos picaban, estaba por llorar.

La culpa escocia en mi pecho.

Ser consciente de que yo lo estaba hiriendo cuando nunca quise hacerlo era abrumador.

Y no era capaz de decirlo en voz alta por lo que, al parecer, siguió hablando, acabando lentamente con mi corazón, sentí su frustración pura y absoluta arremetiendo contra mí.

—¿Cómo alguien puede ser tan bueno mintiendo? —inquirió, frunciendo el ceño con desconcierto—. Yo realmente te creí, confié en ti, pero tú no eras diferente a ellos —musitó, mordiéndose el labio, conteniéndose—. ¿Acaso sabes cómo me hace sentir eso? —preguntó, su voz lentamente se iba tornando lastimera, rota—. Y yo creí que tú… Creí que tú me comprendías y me veías como soy realmente —hizo una dolorosa pausa—. Contigo sentía que podía ser sincero, me sentía parte de algo junto a ti —confesó, cerré mis ojos evitando a toda costa los suyos—. Pero fingías, mentías. Me mentías a mí cuando fui honesto contigo. cada maldito segundo desde que te conocí.

Abrí los ojos levemente, sorprendida, al tiempo que negaba con la cabeza. ¿Cómo podía creer algo como eso?

—No, eso no es verdad. Sé que me equivoqué, pero jamás fingí contigo —rogué e intenté acercarme, retrocedió. Su rechazo fue como una bofetada—. ¿Cómo podría fingir algo como lo que tenemos? Todo fue real, lo que siento… Tú me haces sentir mucho más de lo que podría merecer. Por favor, debes creerme. —pedí empezando a sollozar.

Me miró tan herido que un nudo se formó en la parte trasera de mi garganta, ahogándome.

No podía perderlo, no de esta manera.

No cuando se había esforzado tanto por meterse en mi corazón.

—Fui solo una obra de caridad para ti, una de tantas —dijo, realmente convencido de sus palabras—. Solo te hice sentir lástima de mí, tú nunca podrías enamorarte de mí. ¿No es así? ¿No era acaso lo que me repetías?

Odiaba ver aquella inseguridad que había ocultado tan bien apoderarse de su mirada, odiaba que yo la hubiera provocado.

Sus ojos estaban nublados por las emociones que lo embargaban y su ceño estaba fruncido, tratando de entender el porqué.

Pero no lo había.

—¡No es así! —traté de persuadirlo, no tuve éxito alguno. Volvió a evitar mi toque—. Nunca quise que esto sucediera, yo solo…

Sin embargo, no encontré las palabras correctas, aparté la mirada, avergonzada.

Sentía sus ojos sobre mí, me observaba, aunque algo era diferente, en su rostro ya no había rastro de alguna emoción.

Su sonrisa encantadora, por la que me había molestado tantas veces, había desaparecido.

Ya no sonreía para mí.

—Tú solo creíste que nunca me iba a enterar. —completó por mí.

Cerré los ojos, sabía que merecía cada uno de sus ataques, pero no por ello dejaban de doler sus palabras como lo hacían.

—No hagas esto, por favor. —rogué una vez más.

Ya no importaba, mi corazón se aceleró por la anticipación, mis súplicas no serían suficiente.

Él se iría y nunca supe cuando lo dejé entrar, cuando se adueñó de todo y ahora se lo llevaba con él.

—No quiero volver a verte. —espetó, seguro.

Clavé mis ojos en su rostro y, un segundo después, giró sobre sus talones, comenzando a alejarse de mí, dejando mi vida vacía sin su presencia, dejando a mi corazón incompleto sin el suyo.



#4287 en Novela romántica
#1400 en Otros
#482 en Humor

En el texto hay: romance, romance accion humor, humor y drama

Editado: 12.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.