Maya.
Sus ojos repletos de odio me escanean intentando intimidarme pero yo ya me encuentro muy fuera de ese tipo de control.
Ya no tiene el poder de dominarme con una sola mirada.
Esta ha sido mi decisión final, volverme a encontrar después de tanto tiempo que me resistí a ver qué era lo que estaba sucediendo realmente, estaba perdida en un especie de laberinto, cegada en creer que él era el amor de mi vida, aun cuando ya no era amor lo que estaba viviendo, era una especie de cárcel que construí para mi misma llena de mis propias mentiras donde conforma mi identidad y mi carácter, jamás debería haber permitido que me domina de tal forma que me olvidara de vivir, pero ya toque fondo, y si no llegue al altar con el, no creo que sea tarde para volver a camino, no solo por mi, sino porque ahora debo de ser un ejemplo para alguien más.
No dice más nada, solo se va y yo me quedo con Sebastian.
Le sonrió para negar.
—Disculpa por eso, pero no te imaginas lo útil que me has sido en este momento.
—¿Es algo que deba preguntar? —pregunta apoyándose levemente en el escritorio.
—Para nada, espero que esta sea la última vez en que lo veas, y yo también. —digo restando importancia para sentarme en mi silla.
—Perdón. —dice mirándome.
—¿Por qué?
—Por no haber aparecido antes, para evitar que te insultara, cuando acabo de decirte que mi misión es cuidar de ustedes.
—Sabes, me alegra que digas todo eso porque me haces creer que eres y seras un gran padre, pero creo que yo puedo cuidar de mi misma sin problemas, ya he aprendido.
—Solo espero nunca llegar a ser el villano de tu historia, porque veo que eres buena para resolver rápido.
Le sonrió.
—Soy resolutiva siempre, no me gusta quedar en desventaja nunca, en cierto punto al igual que Ellie fui educada por Abel y si hay algo que te enseña ser criada por el es aprender a ganar, siempre te pone a prueba.
—Interesante … —su teléfono suena y se apresura a mirar la notificación. —Justo. —me enseña el teléfono para ver un mail de confirmación para estudios completos en laboratorio.
—¿Agregaste el de ADN? —consulte.
Este niega.
—No iba a hacerlo sin tu autorización, creo que no es justo para Ellie cuestionarlo.
—Ellie lo tenía en claro, tú debes tener la misma certeza, no hay problema con que te hagas el adn, todos necesitan la misma seguridad, las certezas siempre son las resoluciones a muchos conflictos si no es que a todos. —digo mientras me amaco levemente en mi silla.
—Si ella es mía, quiero darle mi apellido, además de todo lo económico, quiero formar parte de su vida, no ser una persona ocasional en su vida.
—Si sobre el apellido estoy totalmente de acuerdo si es lo que deseas por mi esta bien, aunque el apellido de Ellie también se queda, le pondremos un guión o lo que sea pero es parte de la identidad de Mel y por nada del mundo se irá.
El me mira extrañado.
—¿La has adoptado y no le has dado tu apellido? —me dice dudoso. —¿Te has ido a buscarme sabiendo que tengo posibilidades de quitarla?
Sus palabras ya no suenan como una simple pregunta. Esta vez son un reto. Y eso basta para que algo en mí se tense, se afile.
—¿Qué te hace pensar que mi apellido es la única protección que tiene? —mi voz sale firme, cortante, sin apartar la mirada de la suya—. La adopté con sus padres como testigos, mientras Ellie aún estaba viva. Y por si eso no fuera suficiente, dejó un testamento. Uno claro. Uno definitivo. Me nombró su madre. Sin condiciones. Sin dudas.
Doy un paso hacia él.
—Hicimos todo para que nadie pudiera arrebatármela.
El silencio pesa un segundo. Luego él levanta las manos, tranquilo, casi divertido.
—Ey… tranquila —dice, con una media sonrisa que no termina de gustarme—. No estamos en un tribunal. Solo hice una pregunta.
Lo miro, pero no bajo la guardia.
—Es curioso —añade— cómo puedes cambiar así… en un segundo.
—Tú tocaste lo único con lo que no juego —respondo sin dudar.
Algo en su expresión cambia. Ya no es solo provocación.
—No voy a quitarte a Mel —dice, más serio—. Pero tienes que admitir que te arriesgaste. Viajaste a buscar a alguien que no conoces… alguien que podría habértela quitado.
—El riesgo siempre vale cuando se trata de una vida —mi voz baja, pero no pierde fuerza—. No hay nada que no haría por ella. Nada.
Siento cómo se me aprieta el pecho, pero continúo.
—Ella es lo que me queda de Ellie… mi pedacito de ella. Mi razón. Mi… todo.
Por primera vez, él no responde enseguida. Me observa como si intentara descifrarme.
—No sé mucho de ti —dice finalmente, más suave—. Solo tu nombre… que eres abogada… y que hay alguien con muy poco filtro que no duda en enfrentarte.
Frunzo levemente el ceño.
—¿Y qué quieres saber?
Él se encoge de hombros, relajándose.
—Por ejemplo… si aceptas almorzar conmigo. No he comido en horas, además necesito recomendación de un hotel para esta noche.
La propuesta me descoloca lo justo.
—Tengo que pasar por mi departamento primero —respondo—. Dejar unas cosas… limpiar un poco. Puedes buscar un lugar y después me dices.
—Puedo acompañarte.
Lo miro de inmediato.
—¿O prefieres que me pierda dando vueltas por una ciudad que no conozco?
Dudo. Demasiado.
—No es buena idea… —empiezo—. Tengo que… sacar la basura, y no es precisamente—
—¿Las cosas de tu ex? —interrumpe, directo.
Se me corta el aire al pensarlo un segundo, pero no es por miedo ni sorpresa, es por el enojo que me causa incluso recordarlo.
—Tranquila —añade, acercándose un poco—. Lo entendí desde que me besaste. No era por mí… estabas intentando demostrar algo.
Niego con la cabeza, más rápido de lo que quisiera.
—No estaba demostrando nada. Solo… quería que sintiera, aunque fuera una vez, lo que yo sentí durante años.
#40 en Novela romántica
#15 en Chick lit
deseo amor obsesion miedo sexo secretos, bebe amor verdadero, embarazo inesperado amor
Editado: 13.05.2026