Pequeño Amor Inesperado.

5.

Maya.

Mientras comía mi ensalada, hacía una lista en mi teléfono de todas las cosas que tenía que sacar de mi casa, de mi armario, camisas, pantalones y zapatos.

De mi baño toallas y un cepillo de dientes, las toallas eran mías pero siempre que me he bañado sabiendo que ha estado con otra persona, me hacía sentir sucia el pensar que podía estar trayendo personas a mi casa cada vez que yo viajaba por las juntas de la firma.

Estaba tan invadida que no era capaz siquiera de hacer movimientos en mi casa por miedo a sentir que lo desplazaba a él, pero sin darme cuenta estaba cediendo mi espacio.

—Hubiera creído que no eras muy de ensaladas. —habla Sebastian rompiendo el silencio.

—Amm, si y no, no tengo ningún tipo de restricción con respecto a la comida, pero en días largos solo intento no recargar mi almuerzo.

—¿Si me contaras que fue lo de hoy? Porque de verdad no he querido preguntar mucho esperando que tu me dijeras pero pareces negada a hacerlo, se que soy un extraño, pero creo que necesito esa información para cerrar eso.

—En primer lugar, para ti soy una extraña, yo si tengo un poco más de información de ti, pero no es algo que deba importarte, solo te dare un resumen para que no vuelvas a preguntar, es mi ex prometido, y hace menos de veinticuatro horas le he enviado un mail dandole todas las razones que me llevaban a terminar ese compromiso.

—¿Cuánto tiempo llevabas en esa relación?

Esa pregunta era la que más odiaba, recordar cuánto tiempo le dedique a esa relación.

—Es lo de menos, no se cuenta el tiempo perdido, solo el tiempo que queda a futuro. —digo poniéndome de pie y yendo a mi habitación, comencé a recorrer rincon por rincon mientras tiraba sus cosas al suelo.

Escucho el ruido de la puerta cerrarse y luego silencio, se que se ha marchado.

Continuó tirando cosas al suelo y mi habitación de pronto se ve tan limpia aun cuando esta llena de cosas en el suelo, busco un par de cajas para empezar a meter todo en su interior, sin detenerme a doblar ni nada por el estilo, no busco orden, solo quiero sacar esas cosas de mi casa.

Veo nuevamente mi habitación y se ve tan vacía que contempló todo el lugar que tengo para Mel.

Este será su lugar ahora, junto a mi hasta que crea que pueda tener más independencia, porque yo no he tenido nueve meses para entrenar a mi sueño a cortar sus horas de sueño, así que no confio en mi misma salvo que la tengo a un lado y pueda oírla.

Muevo mi cama para dejar junto a ella un espacio lo suficientemente grande para la cuna de ella.

Miro mi armario y sigo moviendo mis cosas, solo para dejarle un lugar a ella, tengo dos habitaciones más que están al otro lado del departamento, uno es mi estudio en casa y la otra la habitación de visitas o en realidad, el lugar donde dejo todo lo que no me gusta ver.

Vuelvo a escuchar la puerta y me asomo por el pasillo, allí veo la sala pero no veo a nadie por lo que me acerco a la cocina que esta pasando la sala y veo flores sobre la isla y un peluche, la puerta se vuelve a abrir y ahi lo veo a Sebastian con un par de bolsas.

—¿Qué has traído? —le pregunto al ver las bolsas.

—Cualquier cosa, no tienes nada aquí. —lo ayudó a dejar todo sobre la isla.

Mucha fruta, verduras y carne.

—Bien gracias por eso, pero yo iba a resolver eso.

—Déjate ayudar, nadie ha muerto por ayudar un poco de ayuda, no te estoy cobrando las cosas ni pidiendo que me cocines ni para el estilo, simplemente vi que te faltaban algunas cosas, no es justo que estés tan ocupada en preocuparte por Mel que ni siquiera te preocupes porque no tienes comida para ti, tus cajones están llena de biberones y fórmula de bebé, pero nada para ti.

Me quedo sin palabras y asiento antes de acercarme a darle un pequeño abrazo.

—Muchas gracias. —murmuró. —En serio, por preocuparte, igualmente admito que me enloquecí un poco con Mel, es decir no se cuidar un bebé y quise prepararme para todo lo que pueda suceder, así no me tomara por sorpresa.

—Si incluso vi que tienes anotado en la heladera un curso de estimulación de bebés.

—Si esa fue Ellie, cuando la tomé en brazos la primera vez me dio miedo y se la regrese, así que me obligó a tomarlo, desde hace algunas semanas lo estoy tomando, por eso tengo alguna idea de como tratarla y que necesita pero básico, muy pero muy básico.

Miro la hora y chequeo mi teléfono.

—Tengo que ir por Mel, se acerca la hora de su vitaminas y de que le tome la temperatura, ¿Quieres que te deje de pasada en la firma?

—No, prefiero ir a darle el pésame a Abel, yo no lo he visto y además si ella es mía, ellos son sus abuelos, no quiero ocultarme de ellos.

—Si sobre eso, estan un poco abrumados con todo, y ellos no saben que fue a ti a quien fui a buscar, no quise contarles porque por mas que siempre amaron a Ellie, no entendieron la forma que tuvo de vivir, y jamás mencionó nada sobre ti, solo yo conocí toda la historia desde el punto de vista de ella, igualmente no te presentes como el padre de Mel, quiero que estes seguro cuando vayas a usar ese nombre, porque si lo usas nunca debes dejarlo, ella jamás sabrá nunca más sabrá que es perder un padre, ya con la que perdió es suficiente.

—Me parece justo, aunque yo confío en la palabra de las dos, no creo que Ellie haya jugado con algo así.

—Yo tampoco, pero no es algo que tenga que depender de una palabra si la ciencia existe para demostrarlo, además si quieres darle tu apellido te exigieron el examen porque la niña no nació dentro de ningún matrimonio.

El me mira y niega.

—Soy abogado penalista, pero las reglas básicas las conozco, no me quieras educar.

No le digo mas nada, simplemente lo invito a salir del departamento.

—¿Dejaras las cosas sin guardar?

—Mi madre vendrá más tarde a sacar las cajas y mandarlas a donde corresponde.

De camino a la casa de Abel manejo Sebastian, mientras yo respondía mails de trabajo para ganar tiempo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.