Pequeño Amor Inesperado.

7.

Maya.

Ella es mi mundo, mi cable a tierra y mi sostén luego de perder a quien era mi mundo.

La miro a través del vidrio, como duerme tan relajada y yo siento mi corazón roto al verlo allí, tan indefensa.

Sebastian se encontraba sentado a un lado mirando por el mismo vidrio.

El silencio era nuestra gran compañía.

Los abuelos de Mel cuando llegaron se veían tan rotos, no fueron capaces de cruzar el umbral, no querían repetir la historia y los entiendo, porque mi dolor es grande pero el de ellos por muchas formas es más profundo.

Me da rabia que la vida sea tan injusta de formas tan distintas.

Me estoy enamorando de la nueva forma que Mel me está enseñando a vivir, porque nunca creí que podría enamorarme tanto de la idea de estar con una persona tan pequeña y que me diera tanto sin siquiera ella ser capaz de saberlo ni entenderlo.

Ella es mi amor de cristal, tan transparente, tan bello y tan único.

Me acerco a Sebastian y me inclino ante él para verlo a los ojos, tiene la mirada tan perdida como la mía.

—¿Necesitas algo? —le pregunto tomando sus manos. — Saldré a buscar algo para comer, será una noche muy larga.

Él toma mi mano y se pone de pie.

—No, tranquila, yo salgo. —dice pero lo detengo.

—No tranquilo tú, quédate, necesito tomar algo de aire también e iré a casa a buscar un cambio de ropa para Mel para mañana, así sale de aquí tan bella como ingreso.

Salgo a la calle mientras miro en mi celular algún restaurante o supermercado cercano para comprarnos algo de comer, a dos calles encontré un supermercado.

Guardo mi teléfono, y voy hacia el estacionamiento subterráneo a buscar mi teléfono, y me enfoco en pensar en que comprar para la cena y que ropa llevarle a Mel, pensamientos muy rutinarios para no colapsar en llanto al imaginar cosas que no quiero pensar.

Conduzco primero a mi departamento, revisó su ropita, su aroma y todo tan pequeño como ella.

Tomo un vestido de lana color marrón pastel y unos calcetines largos del mismo color, además de unas medias blancas.

—Mi muñeca. —murmuró mientras guardaba sus cosas en mi cartera.

Observo mi habitación y ordeno un poco así mañana no tengo que luchar con eso.

Salgo de mi departamento sintiéndolo tan vacío, tan sin vida, tan sin ella.

Conduzco de regreso, al ser de madrugada el tránsito ya casi es inexistente, salvo por las patrullas policiales que recorren la ciudad, y por los pocos autos que tendrán sus distintas razones.

Llego al supermercado y mi nota mental se resume a algo caliente, debido a que es una noche muy frío, para Sebastian busco algo de carne, note que es lo primero que come en el almuerzo de hace unos días.

Encontré una sopa para mi y para él pasta y una tarta.

Cuando regresó al hospital camino de regreso.

—Pensé en escribirte por si querías quedarte un par de horas a dormir, pero imagine tu respuesta. —me dice sentándose en el suelo con la espalda apoyada en la fría pared.

—No tranquilo, ya todo estará bien cuando ella ya se encuentre durmiendo en mi departamento, dormiré con ella. —lo observo. —¿Y tú cómo estás? te ves muy cansado, puedo darte la llave de mi casa e ir a dormir allí, tienes encima un viaje largo.

—Tranquila, no es la primera vez que duermo sentada en el suelo. —dijo medio sonriendo. —Ni bien vi el resultado de ese adn saque el primer vuelo, algo me dijo que tenía que estar acá, ya he pasado con el médico y le he dado mi muestra de sangre.

Lo miro para notar en su brazo una pequeña gota de sangre.

—Debes estar conectado de alguna forma con ella, porque todo resultó tan exacto.

—He estado al pendiente de ustedes, te lo dije siempre estaré.

—Y yo te estaré eternamente agradecida porque cumpliste. —digo pasándole su comida. —Esta no es una cena digna de cinco estrellas, pero es la cena que más cerca de ella nos permite estar. —me senté en el piso junto a él. —Y estar cerca siempre es bueno.

—Pues me alegro que te parezca así, porque incluso estoy pensando vivir en el mismo edificio de ustedes, porque ahora que sé que ella es mi hija nadie me alejara de ustedes.

Nos quedamos mirando un segundo a los ojos antes de que termine por alejar mi vista.

—Lo que tu quieras hacer siempre que me lo comuniques me parece perfecto, no te podre ninguna limitación de nada, porque aquí la que tiene derecho a conocer a su padre y vivir todo lo que tenga que vivir con él, es ella y yo no pienso ir en contra de eso jamás, siempre y cuando acordemos estar de acuerdo.

—Pienso igual, se que Ellie te escogió a ti por algo y me hará ocultado el embarazo, pero siempre la consideré una persona con buen criterio.

Terminamos de comer y limpiamos todo, Sebastian recuesta su maleta en el suelo y saca de allí una campera.

—Puedes recostarte en las sillas y taparte con esto. —me dice pasándome su abrigo.

—Tranquilo, no tengo sueño.

Pasamos toda la noche obligándonos mutuamente a dormir una hora aunque sea uno, mientras el otro se quedaba atento por las dudas de que algo pasara.

A la mañana Timothee se acerco a mi.

—Ya no tiene fiebre y pasó una muy buena noche por lo que podrás llevarla a casa.

—Muchas gracias. —digo abrazando al médico. —Ya Sebastian me dijo que pasó a hacerse la extracción de sangre para los estudios.

Timothee asiente mirando hacia Sebastian.

—En cuanto estén los primeros resultados se los comunicaré.

Timothee nos permite entrar a los cuneros por lo que pasamos con Sebastian y nos acercamos a ella, la cual ya se encontraba durmiendo y hasta sonriendo.

—Bebita hermosa, ¿nos vamos a casa? —digo tomándola en brazos. —Qué susto hemos pasado contigo Mel, no es divertido. —Su gran sonrisa.

Me acerco a Sebastian para pasarsela a sus brazos.

—Llamaré a Annie para que estén tranquilos.

Digo saliendo de allí.

En realidad les quería dar un espacio para ellos dos, así comienzan a entenderse y conocerse, aunque si aproveche para escribirle a Annie y comentarles que ya estaban dando el alta a Mel y que la llevaría a casa, y que el padre de ella ya había dado su muestra de sangre para realizarle las pruebas contra la enfermedad y saber cómo reacciona.




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