Pequeño Amor Inesperado.

14.

Maya

La noche cae y yo me quedo mirando a la pequeña Mel dormir mientras Diane come sushi.

Pero yo no dejaba de pensar en que se suponía que debería de hacer.

Mi teléfono suena y veo un mail, me apresuro a abrirlo al ver de quién se trata.

“Nunca llegué a creer que sería capaz de llegar a amar alguna vez, siempre intente enamorarme de personas que al final solo fueron fugaces en mi vida, llegué a creer que algo estaba mal en mi y que jamás sería capaz de amar, hasta que apareciste en mi vida, al principio apareciste como una atracción física, mucho tiempo atrás cuando te veía caminar por distintas oficinas en tus visitas mensuales a la firma, jamas me notaste, pero yo si te note a ti, muchos ya conocían mi interes en ti aun cuando tu no eras capaz de recordar mi nombre.

Muchas veces me pregunte que significaba el amor y ahora sin tener mucho que entender tengo esa respuesta, eres el milagro que me dio un sentimiento que no soy capaz de controlar, has cambiado todo en mi vida de una forma que no eres capaz de entender, no hay dia en el que no me despierte y piense en ti, que puedo hacer para sorprenderte, mi rutina ahora inicia con un mensaje a una florería para que te lleven flores y es ya es un modo automático, porque no es algo que quiero hacer para cumplir sino para yo sentir completa mi mañana.

Eres mi hogar, aun cuando solo te veo un par de horas, haces que me sienta tan tranquilo que creo que puedo abrazarte y dormir en paz, llegaste cuando menos lo esperaba para enseñarme que significa el amor y no me podría ver lejos de ti porque estaría perdiendo parte de mi, porque has creado algo nuevo en mi, y no hablo de mi faceta de padre sino de una nueva faceta como hombre, eres mucho mejor de lo que imaginaba”.

Releo el correo varias veces con especial atención.
Me ama, eso es algo que jamás me mencionó.
Realmente me ama.

Y de pronto esas palabras pesan más de lo que deberían.

Porque no se sienten como una confesión impulsiva o una frase dicha en medio de un momento romántico. No. Se sienten demasiado honestas. Demasiado reales.
Cada línea parece escrita desde una parte de él que nunca me mostró por completo, una parte vulnerable que siempre escondió detrás de su seguridad, de su forma tranquila de actuar, de esos pequeños detalles que yo llegué a normalizar sin detenerme a pensar todo lo que significaban.

Mis ojos vuelven a detenerse en la parte donde dice que soy su hogar.

Nadie nunca me había llamado así.

Y tal vez eso es lo que más me desarma, porque yo tampoco sabía que alguien podía sentirse hogar. Siempre creí que el amor debía ser intenso, caótico, difícil… algo capaz de consumirlo todo. Pero él habla de paz. De flores cada mañana. De pensar en mí apenas despierta. De tranquilidad.
De amarme como si hacerlo hubiese cambiado la manera en que respira.

Siento un nudo formarse en mi garganta mientras sostengo el teléfono entre mis manos.

Porque ahora entiendo muchas cosas.
Las miradas largas, donde demuestra tanto sin decir nada.
La forma en que siempre parece observarme como si intentara memorizarme.
La facilidad con la que me incluye en cada aspecto de su vida y no rechista ante nada de lo que yo le menciono siempre y cuando se vea incluido.
El modo en que me cuida sin hacerlo evidente.

Y lo peor es que una parte de mí quiere correr hacia él después de leer esto.

Quiere abrazarlo y preguntarle cómo hizo para amarme de una forma tan pura cuando yo todavía sigo intentando entender qué hacer con todo lo que siento.

El peligro es una realidad, pero también es una realidad que la muerte para todos está a la vuelta de la esquina y yo si muero amando moriría feliz, sea cual sea mi final, porque por primera vez en mucho tiempo creo que soy capaz de entender qué significa el amor real.

Solo un segundo me tomó saber que seria lo que haría en este preciso instante.

—Diane por favor, quédate con Mel, vendré más tarde ¿si? solo cuida de ella, necesito hacer algo.

Diane me observó antes de ponerse de pie.

—Mmm claro no hay problema, yo feliz de ver esos ojos brillando otra vez.

Niego antes de sonreír.

—Cualquier cosa me escribes, sabes que estoy siempre con mi teléfono y no le abras a nadie. —digo dándole un beso en la mejilla y acercándome a ver a Mel durmiendo en el sillon.

Hoy estaba siendo una noche distinta, Diane había decidido acompañarme esta tarde y tal vez quedarse a dormir, porque dice que me veía algo sola y en cierto punto tiene razon, no tenia muchas amigas con las cuales pudiera hablar, así que ella decidió hacerme compañia lo cual agradeci, ella siempre ha sido muy cercana a mi aunque no creo que podamos ser consideradas amigas porque en realidad nos conocemos bajo las circunstancias del trabajo y compartimos tanto tiempo juntas que inevitablemente terminamos conociendo parte de nuestras vidas también.

Salgo de mi departamento asegurandome que no haya nada extraño allí, no quiero verme paranoica pero incluso a mi portero hoy le di indicaciones de no dejar ingresar a absolutamente nadie a mi departamento si no lo apruebo y que quite mi nombre de la lista de propietarios y en su lugar le di el de mi madre, con la cual no comparto apellido así que pasa desapercibida.

Conduzco rumbo al puerto.

Me encuentro frente al barco y no lo pienso mucho antes de pegar un salto y subir a el, por el ruido podia escuchar que Sebastian se encontraba dentro de él.

Me sentia tan nerviosa como si fuera una adolescente encontrandose a escondidas con el primer amor, ese que te vuelve tan vulnerable que sientes que un buen dia depende de que te mire o te hable.

Finalmente lo encuentro recostado en su cama.

Me mira sin entender nada.

—¿Acaso estoy soñando? —pregunta mirando su reloj.

—Once y cuarenta de la noche. —me indica.

—Dijiste que tenia hasta las doce de la noche para decidir, y ya lo he hecho.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.