Pequeño Amor Inesperado.

28.

Maya.

Enamorarse de la vida, ese debería ser el sentido de todo.

Poco a poco la vida me ha ido enseñando a enamorarme de cada pequeño detalle que ella me brinda, cosas tan minúsculas que uno solo las puede ver cuando se detiene y comienza a vivir en pausas.

Hoy doy gracias poder volver a casa con Mel en brazos y sabiendo que ya esta bien.

Gracias Ellie porque sin ti yo se que no hubiera sido posible, pero cuidas de tu hija aun cuando ya no estas de forma física.

Mel me sonríe, esa sonrisa que jamás se apaga.

La dejó apoyada entre almohadones sobre el sillón mientras termino de dejar mis cosas sobre la mesa.

—Al fin en casa pequeña. —digo acariciando sus mejillas redondas. —Tu no eres capaz de entenderlo aún, pero gracias a ti encontre la luz que ilumina mi vida, cuando tu mamá Ellie se fue yo estaba muy mal, pero ella te entrego a mi, yo no me podía permitir caer porque tu me necesitabas tanto como yo te necesitaba a ti.

Se me hace tan irreal que tengo miedo a cerrar los ojos y encontrarnos nuevamente en el hospital.

Unos brazos rodean mi cintura por detrás.

No necesito girarme para saber quién es.

—¿Con quién hablas? —pregunta Sebastián apoyando el mentón sobre mi hombro.

Sonrío.

—Con nuestra pequeña.

Él observa a Mel, que mueve los pies mientras intenta atrapar uno de sus juguetes.

—Creo que está feliz de volver.

—Todos lo estamos.

Sebastián deposita un beso sobre mi cuello.

Uno lento.

Tranquilo.

Sin prisas.

Como si después de tantos meses por fin pudiéramos detener el tiempo.

—¿Sabes qué es lo primero que quiero hacer ahora que estamos en casa? —pregunta.

—Dormir unas quince horas seguidas.

Ríe.

—También, pero primero quiero llenar esta casa de gente al menos de las personas que a nosotros nos importan.

Lo miro con curiosidad.

—¿En serio?

Asiente.

—Quiero que todos vengan esta noche.

—¿Por qué?

Una sonrisa traviesa aparece en sus labios.

—Porque tengo una noticia que dar.

Frunzo el ceño.

—Sebastián...

—No preguntes, aunque creo que recuerdas perfectamente la razón, solo confía en mí.

Ruedo los ojos.

—Eso suele terminar metiéndome en problemas.

—No cuando estás conmigo, además quiero que conozcas a alguien.

Las horas pasan entre risas, cajas sin desempacar y una Mel que parece descubrir nuevamente cada rincón de la casa.

Cuando cae la tarde comienzan a sonar los timbres.

Primero llegan Abel y Annie.

Después mis padres, quienes aún no conocían a Sebastian, y entre ellos llevaban años sin hablar, pero les pedí estar aquí y yo han cumplido más allá de sus peleas, y la distancia que han marcado durante años que no se hablan para nada.

Solo era nuestra pequeña familia, no necesitábamos mas que eso, amigos yo casi ya no tenía o al menos a los que pueda considerar cercanos o amigos, la unica era Ellie y ella siempre está conmigo ahora.

—Él es Noah. —Dice Sebastian acercandose a mi con otro hombre junto a él, no pude evitar fijarme en los ojos de este hombre, eran exactamente iguales a los de Sebastian. —Es mi hermano. —agrega.

—Es un gusto finalmente conocer a la indicada. —habla Noah riendose mientras nos mira a ambos. —Porque definitivamente si te ha presentado quiere decir que es la persona que ha elegido, solo para que veas que tan especial eres, déjame decirte que eres la primera que me presenta en años, la anterior a ti fue su novia del colegio, con la cual terminaron cuando él se fue a la universidad y la conocí en urgencias luego de que ellos tuvieran un accidente doméstico, pero para conocerte a ti y a la niña me ha llamado ayer, y si Sebastian me pide que este aun cuando me encontraba a unas cuantas horas de aquí, conduzco unas cuantas horas y estoy aqui, ademas les tengo una noticia.

Sebastián niega.

—No te me adelantes, cenaremos y después hablamos.

Una vez que ya estamos todos, nos preparamos para cenar, pongo a Mel en su sillita.

Sebastian está extrañamente nervioso.

Lo observo de lejos.

Abel se acerca para tomar en brazos a su nieta y es cuando me animo a preguntarle sobre lo que lleva tantos días en mi mente y no he querido preguntar.

—¿Sabes algo de Diane? —le pregunto sin darle vueltas.

Abel me mira antes de hablar, la liberaran en estos días, ayer he logrado hablar con ella, solo me pidió un favor, pero regresará a trabajar contigo, dice que quiere volver cuanto antes a la realidad y que no le preguntemos nada sobre todo lo que sucedió.

—No dejare que nada más le suceda, ella no merece absolutamente nada de lo que le haya sucedido.

—Ellos pensaron que te tenían a ti. —me confiesa Abel, pero ella logró que de igual forma no vinieran por ti, no se como es que lo hizo pero aparentemente se conformaron y saldrá viva que es lo que más me extraña que liberen a una persona lo suficientemente cuerda para que pueda delatarlos y ellos no teman que eso suceda, es muy extraño pero tampoco quiero que le hagan daño a la chica por lo que le busques ayuda pero sin preguntar nada.

No digo nada más, solo me acerco a la mesa con Abel y Mel.

Sebastian toma una copa y golpea suavemente el cristal con una cuchara.

El murmullo desaparece.

Todos giran hacia él.

Yo también.

—Quería agradecerles a todos.

Su voz tiembla apenas.

—Durante estos meses sostuvieron a nuestra familia cuando nosotros apenas podíamos mantenernos en pie.

Hace una pausa.

Busca mi mirada.

Y sonríe.

—Gracias por querer tanto a Mel, gracias por no dejarnos caer. —habla directamente mirandome a mi.

Respira profundamente.

—Pero hoy no los reuní solo por eso.

Mi corazón comienza a latir más deprisa.

¿Qué está haciendo?

Sebastián extiende una mano hacia mí.

—¿Vienes?

Camino hasta quedar frente a él.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.