Perdí la Cabeza

CAPITULO 3

Tierra de Yokais

Un rugido lejano, como el de una bestia gigante, despertó a Yuki, que al abrir los ojos sobresaltada, percibió que era la única en el templo.

-¿Dónde están todos? ¿Padre? ¿Madre? Preguntó en voz alta fregándose los ojos para comenzar a mirar en todas direcciones sin entender bien qué era lo que estaba pasando.

Se incorporó de un salto, bostezando repetidamente. Tomó su naginata, se ajustó la armadura y se dispuso a salir. Tenía la sensación de que algo estaba sucediendo, pero no podía decir exactamente qué. El templo era el mismo,pero a pesar de ello, las cosas no estaban en el mismo lugar.

Al salir, vio que el jardín también estaba cambiado, había más plantas, y justo cuando se agachó a examinar una de ellas, volvió a escuchar el rugido.

Preparó la naginata y al ver carros sin caballos que se movían a toda velocidad comenzó a gritar.

Sus gritos atrajeron a una criatura de metal que se le acercó con lentitud y comenzó a hablarle como si se tratase de una persona de carne y hueso.

-Bienvenida, el mensaje de hoy es: “Más grande que conquistar a mil hombres en mil batallas es conquistarse a uno mismo.”

Sin dudarlo dos veces, blandió su naginata y le cortó la cabeza al yokai de metal. Luego hizo una reverencia y tomó la cabeza con una de sus manos.

-¡Mi primer cabeza! Dijo con una sonrisa pintada en el rostro, comenzando a imaginar cómo luciría en el estante que le había pedido a su padre que construyera para poner las cabezas que iría coleccionando en las batallas.

Ahora solo le bastaba encontrar al resto del clan para mostrarles su hazaña. Contenta comenzó a caminar, cabeza en una mano y naginata en la otra, hasta que se desató un sonido estridente.

Yuki pensó que otros yokai venían detrás de ella, por lo que corrió lo más rápido que pudo. Una cosa era enfrentarse a uno, otra hacerle frente a un ejército de ellos estando sola.

-¿Dónde se habrá metido todo el mundo? Volvió a preguntarse, esta vez más preocupada.

Mientras corría, vio a un grupo de personas vestidas de forma extraña que no dejaban de mirarla.

-Me encanta tu disfraz, ¿qué personaje eres? Le preguntó una muchacha de aproximadamente su edad.

-Mi nombre es Takeda Yuki ¿cuál es tu clan?

-Nunca escuché sobre ese manga. Dijo la muchacha mirando a sus amigos que lucían igual de confundidos que ella.

-¿Manga? Dime cuál es tu clan. ¿Eres del clan Oba o del Takeda?. Preguntó soltando la cabeza del yokai para pasar a tomar la naginata con las dos manos.

Confundida la joven miró a sus amigos, y luego de apuntarle a Yuki con un elemento de metal que destellaba luces, se fueron a toda prisa.

Ella intentó alcanzarlos, pero la armadura no le permitía correr con la misma rapidez que ellos por lo que se contentó con recoger la cabeza del yokai y seguir buscando a su clan.

Caminó sin rumbo fijo viendo que por todos lados abundaban carros poseídos por yokais y personas que vestían con ropas muy diferentes a las suyas. Pero de todo lo que había visto hasta ahora, lo que más llamó su atención eran las enormes casas que se extendían hasta el cielo.

-¿Qué está pasando? Se preguntó al borde de las lágrimas mirando en todas direcciones.

-Deténgase en este instante- Gritó un carro poseído que además tenía luces.

-¡Ese yokai verá lo que es bueno! Dijo corriendo a toda prisa en dirección al carro para terminar clavándole la naginata en el centro.

Directo al corazón, pensó mientras gritaba: -¡muere maldito yokai!

Continúo asestándole golpes hasta que sintió un golpe que comenzó a quemarla. Fue como si un rayo la hubiese golpeado.

-¡Me ha echado una maldición, oh pobre de mi!. Exclamó cayendo al suelo de forma estrepitosa.




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