Perdí la Cabeza

CAPITULO 4

El hombre y el yokai

Paciente de aproximadamente 17 años, con evidente estado de alteración emocional y... falta de dieta adecuada Dijo un hombre vestido de blanco poniendo una pequeña llama en los ojos de Yuki.

-¿A qué clan perteneces? Preguntó ella intentando quitarle la mano solo para darse cuenta de que estaba encadenada.

-Veo que despertaste, calma, pronto te derivaremos.

-¡Te cortaré la cabeza descendiente de Oba!

El hombre la miró con preocupación, anotó unas cosas más en una tablilla brillante, y salió sin decir palabra.

-¡Bien, he logrado intimidarlo, ahora tengo que librarme de estas cadenas!. Pensó mirando sus manos.

-Doctor Kato ¿me trajo lo que…? Dijo algo con apariencia humana entrando al lugar en el que se encontraba ella. Era algo totalmente diferente a lo que ya había visto: era gigantesco, de cabello color trigo y sus ojos… eso era lo más aterrorizante, sus ojos estaban desteñidos como los de un cuerpo sin alma.

Inmediatamente pensó que el yokai de apariencia humana iba a comérsela, y lo acusó de desleal.

-Quítame las ataduras y pelea, yokai cobarde. Ordenó con la voz temblándole levemente.

-Tranquila muchacha, no voy a hacerte daño.

A pesar de sus palabras, el yokai curvó la boca y le mostró los dientes, lo que solo podía significar una cosa: iba a devorarla viva.

Sabía que no debía mostrar debilidad, pero en ese momento sintió ganas de llamar a su mamá. Todos sus años de entrenamiento, del sensei hablándoles sobre valentía, honor y dignidad; jamás podrían haberla preparado para lo que estaba viviendo.

Por un momento creyó estar soñando, todo debía tratarse de un mal sueño, pensó. Pero al cerrar y volver a abrir los ojos, aún se encontraba allí siendo observada por el yokai, que probablemente estaba viendo por dónde empezar a hincarle el diente.

-Si vas a matarme, hazlo. ¡Estoy lista!. Dijo mirando fijamente al yokai

-¿Matarte?

El hombre de blanco volvió a entrar a la habitación y le habló al yokai sin el menor atisbo de miedo.

-Detective, lo he estado buscando por todos lados.

-Vine por los papeles del caso Kanji y me encontré con esta jovencita aterrorizada.

-¡Yo no tengo miedo, soy una onna musha! ¡Voy a cortarte la cabeza yokai insolente!.

En ese momento, el yokai de ojos sin alma comenzó a reír sin parar, y el hombre de blanco, evidentemente miembro del clan Oba, lo llevó hacia afuera.

-Le traeré los papeles del caso Kanji Detective.

-¿Acaso no es muy joven para estar loca? Preguntó él señalando en dirección a la oficina del doctor.

-Parece estar convencida de ser una especie de guerrera. Obviamente un caso de delirio o personalidad fantasiosa. Ya ordené que le saquen sangre para analizarla, no podemos descartar que esté bajo los efectos de alguna sustancia.

-¡Tan jóven! Exhaló negando con la cabeza.

-Si supiera la cantidad de jóvenes descarriados que terminan en mi oficina.

-¿Esposados?

-Le cortó la cabeza a uno de esos monjes robots que pusieron en los templos con nada menos que una espada.

-¿Una espada? Preguntó Nathan T. Rhys sin poder contener la risa.- Tengo que conseguir el reporte policial, me servirá para hablarles a los muchachos sobre cómo lidiar con casos de salud mental y para reírme un poco.

-Yo no le encuentro la gracia. Pero en efecto, tal vez los ayude a entender. Aquí tengo el reporte de la muchacha. Ahora si me disculpa, iré a buscar los papeles del caso Kanji.




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