Identidad desconocida
Yuki despertó en un lugar gris y frío, iluminado por antorchas que no tenían fuego. La habían torturado, pero ella permaneció firme. Eso fue, hasta que uno de los malvados que estaban con el hombre de blanco le clavó una pequeña lanza en el brazo y se hizo de noche.
Estaba viva solo porque aún no era su hora, pero sabía que pronto podía dejar el mundo de los vivos, y a pesar de que quería mantener la calma, comenzó a sollozar.
No sabía qué era lo que estaba pasando, no sabía donde estaba y lo peor era que tenía hambre y mucha.
El Detective se quedó mirando inmóvil cómo esa pequeña muchacha parecía hacerse cada vez insignificante. Sintió algo en el pecho a lo que no podía ponerle nombre, sin embargo, él era un hombre pragmático en su oficio no había lugar para sensiblerías Por eso decidió alejarse y buscar a uno de sus hombres para ver si habían descubierto algo con respecto a la muchacha.
-¿Ya averiguaron su nombre y edad? Le preguntó a uno de sus subalternos.
-No señor. Como no tiene documentación, le tomamos las huellas dactilares pero no hay registro de ella en la base de datos.
-¿Cómo que no hay registro de ella?
-No señor.
-¿Y su nombre?
-No quiso decirnos
-¡Maravilloso, sencillamente maravilloso!. No sabemos si tenemos a una menor, su nombre, de dónde vino, si tiene familia, si está mal de la cabeza, nada, absolutamente nada. Refunfuñó
-Señor, estamos haciendo lo posible...
- Yo mismo me encargaré del asunto, usted llame a Kato para que me envíe su diagnóstico lo antes posible, no podemos tenerla aquí si es un caso de salud mental. Dijo regresando a la celda.
Respiró hondo determinado y entró a la celda determinado a darle un trato formal. Lejos estaba de dejarse engañar por las apariencias, sabía perfectamente que en muchos casos aquellos que aparentaban no ser capaces de matar una mosca, resultaban los peores.
-Mi nombre es Nathan T. Rhys y soy el Detective encargado de esta prefectura. Ahora quiero que me diga cómo se llamas y cuántos años tiene. Si lo hace, le prometo que le quitaré ese chaqueleco de fuerza, ¿qué le parece?
-No le diré nada, yokai .
-¿Yokai? ¿qué demonios es un yokai? Recuerdo haberlo escuchado… dijo sacando el pequeño rectángulo de metal iluminado que todos parecían tener- Ahh aquí está, el yokai es un ser folklórico que… ¿Oye no puedes estar hablando en serio? ¿quién te dijo que soy un yokai? Preguntó dejando de lado el tono serio y formal para sonar más preocupado.
-Esos ojos sin alma. Dijo en lo que pareció más un gruñido que una respuesta.
-Mis… ¿acaso nunca viste a una persona con ojos azules?
Ella no dijo nada, sencillamente lo quedó mirando fijo con la intención de intimidarlo.
-¿Tienes hambre?
La realidad era que tenía muchísima hambre pero el entrenamiento que había recibido le había enseñado a no aceptar comida de desconocidos menos de un enemigo. La posibilidad de morir de hambre era una realidad para todos aquellos que terminaban capturados, pero ser envenenada o peor aún, que le dieran algo para que terminase revelando secretos de su clan era peor que una muerte deshonrosa.
-No quiero nada que venga de ti, yokai horrendo.
-Escuchame bien muchachita- Dijo acercándose a ella hasta que sus enormes ojos ojos azules estuvieron tan cerca de los suyos que parecieron estarle arrojando chispas.- Si no quieres comer allá tú, pero donde vuelvas a insultarme, agregaré desacato a tus cargos. Así que ahora dime cómo te llamas y de dónde eres.
Al sentirlo tan cerca y ver sus ojos efervesciendo de rabia, ella comenzó a temblar pero entrecerró los ojos como cuando practicaba su ataque con la naginata y se rehusó a seguir hablando. Solo cuando él se fue, frustrado gruñendo como un animal al que le quitan su presa, ella volvió a respirar con normalidad.
-Antes muerta que caer en la trampa del yokai. Se dijo intentando calmar los nervios que sentía.