Perdí la Cabeza

CAPITULO 7

La inocente

-¡Cómo si no fuera suficiente con el robo de esa pieza del siglo XVI, que nos tiene pisando cáscaras de huevo desde hace meses, también tuvieron que enviarnos a una criatura que parece salida de abajo de una piedra!. Gruño Nathan al enterarse que la muchacha no había querido comer, y que parecía no saber sobre las cosas más básicas.

La noche anterior los oficiales encargados de cuidar las celdas, no supieron qué pensar. Ella parecía no saber qué era la luz eléctrica, haber visto una cámara de seguridad, ni usar un baño. Pero al menos el informe del doctor Kato había llegado.

El doctor era contundente, la muchacha no tenía ninguna alteración mental severa, tampoco había consumido ninguna sustancia psicotrópica, era alguien con un trastorno fantasioso de la realidad por haber sido expuesta a un ambiente diferente al que estaba acostumbrada.

-¡Pero con un demonio! Protestó Nathan antes de que su asistente entrara a su oficina sin anunciarse como acostumbraba hacer.

-¿Qué sucede jefe?

-La muchacha que trajeron ayer. El informe médico dice que ella no tiene nada severo y que tampoco consumió nada.

-¿Entonces?

-Entonces van a dejarnos ese peso muerto para que descubramos de qué pueblo salió. Este es uno de los casos en los que odio haber tenido razón.

-¿Una campesina, con un disfraz de metal?

-Watanabe, eso no es un disfraz, es lo que se pone la gente de campo para los festivales.

-¿Qué festivales?

-Ya sabes… los festivales que hacen antes de salir a cosecha.

-¿Y la espada?, ¿ la usan para qué?

-¡Eso no es una espada.

-¿No?

-No. Es una guadaña para cortar caña, cualquiera lo sabe. Exclamó Nathan T. Rhys con una seguridad tal que hizo que Watanabe al contrario de lo que acostumbraba hacer, se quedase en silencio. Al igual que otros oficiales, el campo era casi una dimensión desconocida por lo que si vivir en el campo implicaba ponerse un pesado traje de metal y cargar con una cosa afilada todo el día, tampoco tenía ganas de pasar tiempo allí.

-¿Y ahora qué vas a hacer con ella jefe?

-Voy a poner su foto en las redes y a comunicarme con otras prefecturas para que hagan lo mismo. Tenemos que encontrar a su familia.

-Me niego a creer que esa chica pueda tener familia. Seguramente vivió en una cueva hasta que los murciélagos terminaron corriéndola.

Nathan comenzó a reír para renglón seguido mirarlo con una media sonrisa. Eso solo podía significar una cosa, iba a pedirle que hiciera algo. Y eso fue lo que hizo, le dijo que fuera a la celda de la joven y la trajese a su oficina.

Watanabe se negó, solo iría si lo hacía acompañado.

-¿Acompañado?

-No voy a enfrentarme a ella solo. Cada vez que nos ve nos mira como para comernos vivos.

Dando un largo suspiro llamó a otros oficiales para que acompañaran a Watanabe que sabía que esto iba a costarle semanas de burla sin misericordia.

Nathan se caracterizaba por ser implacable con los delincuentes, pero las muchachitas como esta eran otra cosa. Al fin de cuentas no era el temible lobo malvado dispuesto a destrozarla de un mordisco. Lo que si no iba a tolerar eran sus faltas de respeto por lo que le buscaría la explicación lógica a todo este asunto

Antes de ir a buscarla, los otros oficiales reaccionaron de la misma o peor forma que Watanabe pero sabían que su deber era cumplir con las órdenes de su jefe por lo que fueron a buscarla armados como si se tratase de la peor de las delincuentas.

Yuki sentía que las piernas le temblaban, no había comido nada desde ese fatídico día en el templo, e incluso ese día, no había podido repetir porción como de costumbre.

El recuerdo constante de su estómago pidiéndole comida había vuelto a encender la llama de la valentía y temeridad. Ya no estaba asustada, estaba determinada.

Si buscaban destruir su espíritu torturándola, iban a fallar estrepitosamente, y eso fue lo que se dijo cuando tres malhechores vestidos de azul que fueron a sacarla de su cautiverio.

-Sin lugar a dudas van a torturarme, pero no tengo miedo. Declaró mirándolos uno a uno directo a los ojos.

-Y el doctor Kato dijo que es normal. Exclamó Watanabe mirando a otro de los policías haciendo una mueca.

-Malvivientes, voy a cortarles la cabeza. Gritó Yuki con la voz tan cortada que parecía un cachorrito queriendo dar pelea antes de ir al veterinario.




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