La chica es una pandillera
Luego de que se llevaran a Yuki a la celda, Nathan sonrío pícaramente recordando cómo se había desmayado al ver un poco de sangre, y cómo había palidecido con su sola mención. Ese momento de venganza infantil le duró poco, ya que segundos después recordó que ella le había mencionado a Oba , sus secuaces y al dragón de jade.
-¿Cómo es posible que esté enterada de eso? Se preguntó mientras examinaba el archivo del robo del dragón de jade en su laptop.
Hacía unos meses un robo cuasi de película había dejado a todo el país conmocionado. El dragón de jade, una joya de la era Heian que iba a ser expuesto en el Museo Nacional de Tokio, fue robado justo antes de llegar al museo.
La desfachatez con la que los ladrones habían conseguido la joya fue lo que más desconcertó a los investigadores ya que los ladrones se hicieron pasar por los monjes del templo y esperaron hasta llegar a Tokio para robarse la joya.
Nathan sospechaba que todo eso se había tratado de una distracción pero el tema era que la joya no estaba y al ser él Detective de la prefectura en la que ocurrió el robo, la competencia era suya. Había entrevistado a cientos de personas y visto miles de horas de videos de seguridad pero por alguna razón, cada vez que algo interesante iba a aparecer, los videos se cortaban.
Era evidente que alguien los había alterado ¿pero cómo?. Y ¿cómo esa muchacha sabía tanto?.
-¿Qué pasó jefe? ¿la inocente campesina resultó no tan inocente?
-¡Ya cierra la boca! Vociferó molesto.
Watanabe comenzó a reír y se acercó para ver qué era lo que su jefe estaba mirando.
-¡Ahh el robo del dragón de jade! Con todo este ajetreo ya me había olvidado de eso.
-Y después de que te cuente lo que el “ajetreo” me contó, te va a resultar imposible olvidarte.
-¿La muchacha sabe algo de relevancia?
-Me dijo que Kanzen Oba estaba involucrado en el robo y que pronto ella y su pandilla se encargaran de encontrarlo.
-¿Ella dijo eso? Preguntó sintiendo que la quijada se le caía al piso.
-Bueno, no exactamente. Me dijo que pronto su clan va a devolver a Oba al dragón de jade y que va a decapitarme.
-¿Su clan?
-Pandilla Watanabe
-¡Vaya ternura! Tu muchachita de campo resultó ser una pandillera jefe. Dijo Watanabe entre risas.
-¿Que no te das cuenta que ella es muy valiosa para nosotros? Conoce que Oba tiene un grupo de maleantes a su cargo, y también sabe sobre el dragón de jade.
-Pero Kanzen Oba es un ciudadano ilustre, uno de los hombres más ricos y poderosos, sin mencionar que nadie puede decir a ciencia cierta quién es. El tipo es prácticamente un fantasma.
-¿Nadie? Quizás ella si, es más, estoy seguro de que así es. Dijo Nathan sacando una carpeta de uno de los muebles.
-Hace tiempo que tenemos la sospecha de que hombre es la cabeza de una organización criminal. Nadie hace tanto dinero de la nada misma. Eso solo ocurre en las películas y estafas piramidales. Exclamó Watanabe sentándose a su lado, apuntando con el dedo a la X enorme que estaba en el lugar donde se suponía debía estar la foto de Kanzen Oba.
-Hasta solo teníamos sospechas, pero esta muchacha ha venido a darnos la confirmación, y no solo eso, también tenemos la información de que los Oba están en guerra con otra pandilla.
-Claro, la de ella
-Así es.
-¿Y cuál es el nombre de pandilla?
-Una que nunca escuché nombrar. Dijo Nathan aclarándose la garganta.
-¿Cuál es?
-Eso no tiene importancia…
-¿Cómo que no? Vamos desembucha asi pongo a trabajar a los muchachos en la pandilla de esa delincuente.
Nathan se aclaró la garganta una vez más y dijo el nombre pero en un tono tan bajo que Watanabe no pudo escuchar y volvió a insistirle para que le dijera.
-¿Te duele la garganta jefe?
-Takeda. Dijo finalmente
-¿Takeda? ¿Cómo…?
-Cállate. Quiero que intentes averiguar todo lo que puedas sobre esta otra pandilla.
-Sí jefe. Dijo haciéndole una reverencia burlona.
-Ya vete a hacer lo que te pedí.
-Sí jefe, como ordene jefe. Dijo haciéndole otra reverencia burlona para luego retirarse.
Nathan volvió a quedarse solo en su oficina, y mientras pensaba en lo ridículo de todo lo que estaba pasando. Durante meses había querido encontrar un vínculo con ese hombre al que todos parecían besarle las suelas de los zapatos, para terminar encontrándolo en una jovencita que parecía más loca que cieerta. Fue entonces que recordó que ella le había dicho su nombre y edad por lo que ahora podría averiguar quién era y dónde estaba su clan.
Rápidamente, comenzó a teclear el nombre y le aparecieron decenas de mujeres llamadas Yuki Takeda en la base de datos.
-¡Esto demorará bastante!
-¿Hablando solo? Preguntó una anciana entrando a la oficina como si fuese la dueña del lugar.
-Abuela, ya le dije que este no es lugar para usted. Esto está lleno de maleantes.
-Mentiroso, no quieres que tus muchachos te vean con esta vieja tonta de la que ya no te acuerdas.
-¡Chantaje emocional, muy creativa!
-¡Cómo puedes pensar que esta pobre vieja sería capaz…
-Abuelita, no me haga caso. Dijo interrumpiéndola para darle un abrazo.
-Tienes un caso que no puedes resolver ¿no es así?
-Nada del otro mundo. Dijo él haciendo fuerza para sonreír.
La mujer no dijo nada, solo se quedó mirando inmóvil uno de los armarios.
-¿Qué sucede? Preguntó Nathan un tanto preocupado.
-Esa naginata, nunca había visto una así.
-¿Nagi qué?
-¡Naginata! Sabía que la decisión de tus padres de mandarte a ese colegio internacional era un disparate. Pareces salido de abajo de una piedra. Dijo acercándose a la naginata.
De abajo de una piedra, si supiera lo que es encontrarse con alguien que realmente parece salida de abajo de una piedra pensó mientras buscaba información en su celular sobre las naginatas.