Perdí la Cabeza

CAPITULO 11

¿Dónde está la pandillera?

-Hace meses que estamos en el caso del dragón de jade, pero esta vez tenemos una pista sumamente importante en contra de Kanzen Oba. Dijo Nathan, hablando por teléfono con el Director de Policía que no parecía en lo más mínimo interesado en recuperar el dragón de jade.

-Takeda, hábleme sobre la muchacha apresada. ¿Todavía está en la prefectura?

-¿La muchacha apresada? Bueno, ella es justamente la pista que tenemos. El doctor ya la evaluó y determinó que es capaz, por lo que pienso usar lo que me dijo para pedir una orden de allanamiento contra Kanzen Oba.

-¿Kanzen Oba?

-Si señor, ella me dijo que él está involucrado en el robo, y al parecer la pandilla de ella también quería el pendiente, por lo que ahora ambas pandillas están en guerra.

-¿La muchacha le dijo eso?

-Bueno no exactamente, pero ella sabe sobre todo este asunto lo que es más que prueba de que Kanzen…

-Takeda, el señor Oba es un miembro importante de la sociedad. Siempre hace donaciones a hospitales, escuelas, sin mencionar que es uno de los benefactores más generosos que tiene el cuerpo policial. No podemos permitir que una delincuente común manche su honor.

-Pero señor, no es solo lo que ella dijo, llevamos mucho tiempo sobre la pista de Kanzen Oba y es evidente que..

- Pruebas, no suposiciones Takeda. Además él quiere ayudar a la muchacha

-¡Ayudarla?

-Sí. Él es muy devoto a la fe budista, tanto que fue quien donó el monje robot que ella destruyó. Para él esta es una oportunidad de reflexionar sobre el perdón y las virtudes de los verdaderos budistas, por eso su abogado se puso a disposición para ayudarla.

-Patrañas.

-Patrañas o no, la realidad es que lo único que usted tiene es a una muchacha con una acusación fiscal pendiente. Si el fiscal la acusa ella va a precisar ayuda.

-Si pero, ella es clave en el caso del dragón de jade…

-Ella es una pobre muchacha y usted lo que tiene es una obsesión con el señor Oba, pero como le dije, hasta que no tenga nada en concreto, usted no va a hacer nada en contra de el, ¿está claro Takeda?

-¡Pero señor Kobayashi!

-Nada de peros

-Sí señor. Exclamó resignado.

Cuando la llamada finalizó Nathan sintió como si los lados de su cabeza hubiesen cobrado vida para dar lugar a un dúo de percusión, se dejó caer sobre la silla maldiciendo como un marinero.

-¿Qué pasó jefe? Preguntó Watanabe que acababa de entrar a la oficina.

-El Director.

-El señor Director de la Polícia Prefectural querrás decir jefe.

-El mismo.

-Si piensa despedirte iré a preparar mi currículo para enviárselo en este mismo momento.

-Si me despide tú caes conmigo como las mascotas con los faraones.

-¡Compararme a una mascota!.¡Qué descaro!. De todas formas no puedes culparme por intentar, tengo esposa e hijos. Dijo riendo. Pero a pesar de que buscaba hacer reír a su jefe, sabía que algo andaba mal. -¿Qué sucede?

-Nada

- Nate, nos conocemos desde el jardín de infantes, ¿qué sucede?

-Aquí soy tu jefe. Dijo haciendo una mueca.

-De acuerdo jefe supremo, ¿qué sucede?

-Kobayashi san me preguntó por la muchacha y renglón seguido me informó que Oba Kanzen se interesó por el caso. Aparentemente es un budista devoto, y acaba de ofrecerse a brindarle ayuda.

-¿Y?

-¿No te llama la atención de que luego de que esa muchacha me dijera que su banda esta en guerra con la de Kanzen Oba, él preguntara por ella? Una joven cualquiera de las tantas que arrestamos por día.

-¡Es verdad! ¿Y tú, es decir... usted excelentísimo jefe, cree que en realidad busca a la loca para hacerle daño?

-Definitivamente no la está buscando para invitarla a comer sushi.

-¿Y piensas esconderla?

-¿De qué hablas?

-De que evidentemente planeas algo por eso guardaste su espada y armadura.

-¿Qué?

Nathan no lo había notado pero ni la naginata ni la armadura de la muchacha estaban allí, y justo cuando iba a levantar el teléfono para ver quién los había movido, un oficial entró a su oficina y le anunció que la muchacha no estaba en su celda.

-¿Cómo que no está en su celda? Preguntó poniéndose bordó de rabia.

-No jefe, la buscamos por todos lados y no está.

-¡Con un demonio! ¿buscaron bien?

-Sí jefe, la única que entró fue la señora…

-Sí, mi abuela. Pero ella salió junto a mi, y luego nadie más volvió a entrar a la celda.

-Exacto señor, parece como si la joven se hubiera desvanecido en el aire.

-Desvanecerse en el aire. ¡Todo el mundo perdió la cabeza!. Watanabe avisa a las patrullas que busquen a una muchacha de 19 años que aparenta menos edad, 1 metro y 45 y cabello negro y ojos marrones.

-Les diré que reduzcan la búsqueda a un millón y que luego sigan con dos y así sucesivamente hasta encontrarla entre todas las muchachas que comparten la misma descripción. Dijo Watanabe haciendo exasperar a Nathan que tomó las llaves del auto y salió de la dependencia a toda prisa.

Comenzó a buscar por las cuadras aledañas, preguntándole a todo el que veía si la había visto, pero no tuvo éxito. Decidió alejarse y seguir buscando, sin embargo, las horas pasaron y ni él ni sus hombres tuvieron suerte.

De pronto, la idea de que realmente podía ser una guerrera de otro siglo, se le vino a la mente.

-¡No, eso es una tontería!. Se dijo mientras seguía conduciendo por la ciudad buscando a una muchacha que desde que había llegado, no había hecho otra cosa más que generarle problemas.

Luego de horas, decidió regresar a la prefectura para ver si tenían noticias pero nadie había descubierto nada. Y lo peor era que si no la encontraban, deberían avisarle al Director, algo que Nathan quería evitar a toda costa.

-¡No puede haber desaparecido, tenemos que encontrarla! Gritó Nathan a sus oficiales sin saber qué más hacer.




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