Los muchachos del club
Nathan había logrado dormir un poco. Se despertó cuando aún estaba oscuro, se dio un baño y sin nada mejor que hacer, se dirigió a la prefectura.
Antes de que pudiera preguntar si tenían noticias sobre la muchacha, vio a uno de sus oficiales riendo sin parar mientras un hombre con apariencia de galán androgino de anime golpeaba el puño sobre una de las mesas.
Sus gestos grandilocuentes, cabello largo rubio, pantalones de cuero negro que parecían a punto de explotar, y camisa abierta con volados, hizo que Nathan tuviera que mirar dos veces.
Furioso el hombre salió de la prefectura con lo que parecía ser un tajo en sus pantalones que solo permanecían unidos por un hilo.
-¿Qué demonios sucede aquí? Le preguntó al oficial que lo estaba atendiendo.
-Otro demente señor
-Deje que yo decida eso oficial.
-Lo siento señor. El hombre es anfitrión de un club para damas. Ya sabe… esos a los que van las mujeres mal atendidas…
-No le pregunté qué clase de mujeres van a esos clubs, sino qué es lo que el hombre vino a reportar.
-Sí señor, lo siento. Bien, el hombre dijo que dos mujeres entraron al club, una anciana y una joven. Todo parecía normal hasta que uno de los anfitriones le sopló un beso a la joven, y ella enfureció insultándolo en otro idioma. Luego este caballero en cuestión se le acercó, tomó sus manos entre las suyas, y se agachó para besarlas, pero ella lo invitó a pelear, cortándole los pantalones con su espada. Supongo que no le cortó la hombría por poco. Dijo sin poder contener la risa.
-¿Qué dijiste?
-Nada señor, fue una broma estúpida.
-No, antes de eso.
-Que ella le cortó los pantalones con una especie de espada.
-¿Espada? Dame el reporte- Ordenó, leyéndolo a toda prisa.
-Una anciana y una muchacha con una espada! Dijo saliendo a toda prisa.
-Jefe, jefe espere, ¿qué le digo a Leonard?
-¿A quién?
-Al del club
-Que le mande saludos a tu esposa. Dijo Nathan.
Nathan siempre bromeaba con sus oficiales, pero si su instinto estaba en lo cierto, lo que se avecinaba era una tormenta sin igual.
Corrió hacia su auto y manejó tan rápido como pudo hasta llegar a una pequeña casita tradicional ubicada en Kagurazaka.
Saltó el muro como si fuera pan comido, abrió la puerta lentamente, dejó sus zapatos en el genkan1 , y antes de que pudiera seguir avanzando, tropezó con algo y se dio de bruces contra el suelo.
El estrepitoso sonido llenó el ambiente, y antes de que pudiera pronunciar palabra, sintió algo frío y metálico en la espalda.
-Levántate y lucha con honor.
Lentamente, Nathan se dio vuelta, y se encontró con Yuki, naginata en mano, pronta para pelear. Su cabello revuelto y el pijama de animalitos que estaba usando, la hacía parecer más una caricatura que una amenaza.
Nathan comenzó a reír y ella bajó la naginata lentamente.
-Yuki chan ¿qué estás haciendo durmiendo aquí? Dijo la abuela ajustándose el salto de cama.
-Protegiendo la entrada
-¡No puedo creerlo! Dijo él sentándose en el piso observándolas.
-Nate, puedo explicarlo.
-Pues más le vale que tenga una muy buena explicación, porque lo que tendría que hacer es subirla a usted y a esta delincuente a mi auto y meterlas presas.
-¿Cómo me has llamado insolente? Preguntó Yuki poniendo cara de pocos amigos.
-¡Delincuente!. Dañaste la propiedad privada, dañaste la propiedad pública, escapaste de prisión, y para completar tu prontuario atacaste a un anfitrión.
-Nate ella no tiene la culpa, ya te dije que no es de nuestro tiempo.
-¿Otra vez la misma tontería abuela? Ella no es ninguna viajera en el tiempo, en el mejor de los casos es una lunática.
-¡No le hables así a la honorable anciana , hombre sin crianza!. Dijo Yuki pegándole con el mango de la naginata en la espalda.
-¡Ouch! Esta es la segunda vez que agredes a un oficial de… ouch dijo al recibir un segundo golpe de Yuki.
-Niños compórtense. Tú ponte de pie. Y tu deja la naginata en un rincón. Yo ya vuelvo. Dijo la abuela dejándolos solos.
Yuki le hizo una reverencia y la obedeció al pie de la letra.
-¡Increíble! Dijo Nathan aún sentado en el suelo sin dar crédito a lo que estaba pasando.
-La honorable anciana dijo que te pongas de pie gigante de ojos desteñidos.
-¿Gigante de… ? ¡Maldita sea! Gruñó levantándose con dificultad.
-Controla tu lengua. Dijo ella ubicándose en un rincón.
-¡Y me da órdenes! Murmuró negando con la cabeza. Cuando volvió a mirar Yuki no estaba en el mismo rincón, ahora estaba a su lado observándolo con los ojos entrecerrados.
-¡Increíble!.
-Muchas mujeres me lo dicen pero tengo novia.
-Sin dudas una aberración, pero con su estatura podría ser útil para ponerlo en el frente y que detenga las flechas. Murmuró Yuki estudiándolo.
La abuela que ahora estaba vestida como de costumbre, con un papel en la mano, comenzó a reír viendo la cara de su nieto pasar del orgullo a la rabia en un santiamén.
-Yuki chan, ve a cambiarte y luego ven a la cocina a desayunar.
-Sí honorable anciana. Dijo haciéndole una reverencia.
-¿Muy respetuosa verdad?
-¿Respetuosa? ¿No escuchó todas las cosas que rompió? . Sin mencionar que me clavó un compás en…
-En el trasero. Aseveró la anciana riendo. Ven, vamos a la cocina que esta niña siempre tiene buen apetito.
-Abuela, esto es serio. Esa joven no está bien de la cabeza, y usted cometió al menos dos delitos, interferencia con la justicia y…
-Nate mira esto. Dijo interrumpiéndolo para mostrarle el papel que tenía.
Nathan lo examinó durante unos minutos y luego la miró sin decir nada.
-Esto comprueba lo que te dije, esa naginata es del siglo XVI, fuimos con uno de los anticuarios más respetados de Japón y me dio este certificado donde lo deja claro.