Cita a ciegas
Nathan aún no había salido de su asombro, cuando de la nada, su celular comenzó a sonar.
-Abuela.
-¿Abuela? No tonto, soy yo. No viniste por mi así que yo voy para ahí.
-¿Hana? No espera yo…
Nathan no pudo terminar la frase. Cuando su novia tenía algo en mente, nadie podía convencerla de lo contrario.
-¡Oh no!, ¡Oh no!. Comenzó a repetir corriendo de un lado al otro del apartamento.
-¿Qué sucede gigante de ojos sin color?
-Hana, ella estará aquí en cualquier momento y no puede verte.
-Me esconderé detrás de la puerta , y cuando llegue.. le corto la cabeza.
-Tu no vas a cortarle la cabeza a nadie, mucho menos a mi novia. Gritó Nathan frustrado.
-¿Novia? ¿a tu edad? Preguntó Yuki.
-¿Mi edad? ¿qué tiene de malo mi edad?
-A tu edad los hombres ya tienen hijos.
-¿Y qué edad crees que tengo, pequeño monstruo?
-Edad para tener hijos.
-Para tu información tengo 29 años, ¿y qué hay de ti dónde están tu marido e hijos?
-Yo… no tengo.
-¡Lo sabía!
-Pero estoy comprometida y voy a casarme muy pronto.
-¿Ah si?
-Sí. Gritó ella golpeando el suelo con el pie.
-¿Y cómo se llama?
-¿Quién?
-Tu prometido.
- Mi..? eh.. él se llama... Minamoto Menganito. Dijo ella recordando que la abuela le había dicho que cuando alguien no se acordaba del nombre de una persona le decía menganito.
-Minamoto Menganito. Repitió Nathan riendo a más no poder.
-Un caballero muy distinguido a diferencia de ti.
-¡Qué envidia! Dijo Nathan irónicamente antes de que el timbre de su apartamento comenzara a sonar.
-Es ella. Murmuró Nathan. Rápido tenemos que esconderte.
-Claro, me esconderé y cuando me des la señal… ataco. Dijo Yuki con una enorme sonrisa.
-Nada de ataque, tu escóndete en mi cuarto y no hagas ruido. Dijo llevándola a toda prisa.
El timbre volvió a sonar incesantemente.
Nathan salió a toda prisa, y se tropezó con algo que estaba en el camino, cayendo estrepitosamente. Era el casco de la armadura de Yuki que parecía haber aparecido de la nada. Automáticamente él comenzó a decir palabrotas y a quejarse por el dolor.
Inmediatamente escuchó pasos y vio a Yuki a su lado, palo de escoba en mano.
-¿Fuiste atacado?
-Al cuarto, al cuarto. Susurró haciéndole señas para que se fuera.
-Nate, ábreme. Gritó Hana desde el otro lado de la puerta- Ábreme ahora mismo Nate.
Nathan se incorporó, no sin volver a decir un par de improperios y abrió la puerta.
-¡Nathan escuché a una mujer!
-No, lo que escuchaste fue a mi cayéndome como un tonto, amor.
-Escuché a una mujer, estoy segura.
-Hana, la única mujer aquí eres tú. Dijo con una risita nerviosa.
Ella comenzó a mirar el apartamento revisando la sala, cocina, y cuando se dirigía a su cuarto, Nathan la detuvo y besó.
-Amor, no seas ridícula, ¿qué te parece si vamos a un lindo restaurante y…?
-¿Por qué tienes platos en el fregadero?
-Por que quería sorprenderte cocinando y terminé haciendo un desastre. Dijo él mirando a todos lados.
-¡Mentira!
-Bueno, lo confieso, vino mi abuela de sorpresa y se fue hace poco.
-¡Hay tres platos en el fregadero Nathan! Dijo apartándolo para ir en dirección al cuarto donde no encontró nada.
Él corrió detrás de ella y suspiró al ver que Yuki no estaba a la vista.
-Te lo dije, no hay nadie.
-Es que me prometiste que tendríamos una velada romántica y cuando no es una cosa, es otra. Estoy cansada de este juego de ser policía.
-Hana, no es un juego, es mi carrera y lo sabes bien.
-Pero podrías ganar al menos tres veces más trabajando para papá. Dijo ella abrazándolo.
-Hana hemos hablado de esto múltiples veces y…¡ay no! Gritó al ver a Yuki pasar de un lado al otro del apartamento
-¿Qué pasa amor?
-Nada, vamos a salir. Te llevaré a un lugar bonito y…
-¿Y piensas ir vestido así? Preguntó ella sin dejarlo terminar.
-¿Qué tiene mi ropa?
-Pareces un pordiosero.
-Estoy de traje.
-Sí, pero uno barato. Mañana te compraré uno.
-Ya te dije que no quiero que me compres nada.
-¡Pero amor , ese traje debe tener al menos un año!
-Cinco, y te dije que no. Vamos, salgamos un rato.
-¿Por qué no nos quedamos aquí y le pido a mi chef que nos prepare algo?
-No, salgamos. Insistió él llevándola a la puerta solo para decirle que esperara unos segundos mientras iba a buscar algo que había olvidado.
-Muchacha, muchacha, ¿donde estas?
Yuki salió de su escondite y comenzó a reír.
-Eres un desdichado. Dijo entre risas.
-Escucha bien, voy a salir un rato, no hagas un desastre.
-¡Pero tengo que cuidarte!. Se lo prometí a la honorable anciana.
-¡No preciso que me cuides! Estoy bastante grandecito, mejor vete a dormir. Le dijo cerrando la puerta de un golpe.