Perdí la Cabeza

CAPITULO 15

Cita a ciegas

Nathan aún no había salido de su asombro, cuando de la nada, su celular comenzó a sonar.

-Abuela.

-¿Abuela? No tonto, soy yo. No viniste por mi así que yo voy para ahí.

-¿Hana? No espera yo…

Nathan no pudo terminar la frase. Cuando su novia tenía algo en mente, nadie podía convencerla de lo contrario.

-¡Oh no!, ¡Oh no!. Comenzó a repetir corriendo de un lado al otro del apartamento.

-¿Qué sucede gigante de ojos sin color?

-Hana, ella estará aquí en cualquier momento y no puede verte.

-Me esconderé detrás de la puerta , y cuando llegue.. le corto la cabeza.

-Tu no vas a cortarle la cabeza a nadie, mucho menos a mi novia. Gritó Nathan frustrado.

-¿Novia? ¿a tu edad? Preguntó Yuki.

-¿Mi edad? ¿qué tiene de malo mi edad?

-A tu edad los hombres ya tienen hijos.

-¿Y qué edad crees que tengo, pequeño monstruo?

-Edad para tener hijos.

-Para tu información tengo 29 años, ¿y qué hay de ti dónde están tu marido e hijos?

-Yo… no tengo.

-¡Lo sabía!

-Pero estoy comprometida y voy a casarme muy pronto.

-¿Ah si?

-Sí. Gritó ella golpeando el suelo con el pie.

-¿Y cómo se llama?

-¿Quién?

-Tu prometido.

- Mi..? eh.. él se llama... Minamoto Menganito. Dijo ella recordando que la abuela le había dicho que cuando alguien no se acordaba del nombre de una persona le decía menganito.

-Minamoto Menganito. Repitió Nathan riendo a más no poder.

-Un caballero muy distinguido a diferencia de ti.

-¡Qué envidia! Dijo Nathan irónicamente antes de que el timbre de su apartamento comenzara a sonar.

-Es ella. Murmuró Nathan. Rápido tenemos que esconderte.

-Claro, me esconderé y cuando me des la señal… ataco. Dijo Yuki con una enorme sonrisa.

-Nada de ataque, tu escóndete en mi cuarto y no hagas ruido. Dijo llevándola a toda prisa.

El timbre volvió a sonar incesantemente.

Nathan salió a toda prisa, y se tropezó con algo que estaba en el camino, cayendo estrepitosamente. Era el casco de la armadura de Yuki que parecía haber aparecido de la nada. Automáticamente él comenzó a decir palabrotas y a quejarse por el dolor.

Inmediatamente escuchó pasos y vio a Yuki a su lado, palo de escoba en mano.

-¿Fuiste atacado?

-Al cuarto, al cuarto. Susurró haciéndole señas para que se fuera.

-Nate, ábreme. Gritó Hana desde el otro lado de la puerta- Ábreme ahora mismo Nate.

Nathan se incorporó, no sin volver a decir un par de improperios y abrió la puerta.

-¡Nathan escuché a una mujer!

-No, lo que escuchaste fue a mi cayéndome como un tonto, amor.

-Escuché a una mujer, estoy segura.

-Hana, la única mujer aquí eres tú. Dijo con una risita nerviosa.

Ella comenzó a mirar el apartamento revisando la sala, cocina, y cuando se dirigía a su cuarto, Nathan la detuvo y besó.

-Amor, no seas ridícula, ¿qué te parece si vamos a un lindo restaurante y…?

-¿Por qué tienes platos en el fregadero?

-Por que quería sorprenderte cocinando y terminé haciendo un desastre. Dijo él mirando a todos lados.

-¡Mentira!

-Bueno, lo confieso, vino mi abuela de sorpresa y se fue hace poco.

-¡Hay tres platos en el fregadero Nathan! Dijo apartándolo para ir en dirección al cuarto donde no encontró nada.

Él corrió detrás de ella y suspiró al ver que Yuki no estaba a la vista.

-Te lo dije, no hay nadie.

-Es que me prometiste que tendríamos una velada romántica y cuando no es una cosa, es otra. Estoy cansada de este juego de ser policía.

-Hana, no es un juego, es mi carrera y lo sabes bien.

-Pero podrías ganar al menos tres veces más trabajando para papá. Dijo ella abrazándolo.

-Hana hemos hablado de esto múltiples veces y…¡ay no! Gritó al ver a Yuki pasar de un lado al otro del apartamento

-¿Qué pasa amor?

-Nada, vamos a salir. Te llevaré a un lugar bonito y…

-¿Y piensas ir vestido así? Preguntó ella sin dejarlo terminar.

-¿Qué tiene mi ropa?

-Pareces un pordiosero.

-Estoy de traje.

-Sí, pero uno barato. Mañana te compraré uno.

-Ya te dije que no quiero que me compres nada.

-¡Pero amor , ese traje debe tener al menos un año!

-Cinco, y te dije que no. Vamos, salgamos un rato.

-¿Por qué no nos quedamos aquí y le pido a mi chef que nos prepare algo?

-No, salgamos. Insistió él llevándola a la puerta solo para decirle que esperara unos segundos mientras iba a buscar algo que había olvidado.

-Muchacha, muchacha, ¿donde estas?

Yuki salió de su escondite y comenzó a reír.

-Eres un desdichado. Dijo entre risas.

-Escucha bien, voy a salir un rato, no hagas un desastre.

-¡Pero tengo que cuidarte!. Se lo prometí a la honorable anciana.

-¡No preciso que me cuides! Estoy bastante grandecito, mejor vete a dormir. Le dijo cerrando la puerta de un golpe.




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