Perdí la Cabeza

CAPITULO 16

Batalla campal

El apartamento de Nathan Takeda Rhys era muy diferente a la casa de su abuela. Todo parecía colocado con milimétrica precisión: los muebles, los aparatos eléctricos, la escasa decoración, todo planeado al más mínimo detalle. Se asemejaba más a una casa de exposición que a una casa real, y eso era exactamente lo que él quería.

Yuki comenzó a mirar todo con curiosidad, habían cosas muy diferentes a las de la casa de la abuela, y a la suya propia.

-¿Qué será eso? Dijo en voz alta mirando un rectángulo colgado de la pared.

-¿Qué es lo que deseas saber? Dijo una voz

Yuki se sobresaltó pero mantuvo la calma, fue a buscar el palo de escoba ya que su naginata había quedado en la casa de la abuela.

-¿Dónde estas? Manifiéstate. Dijo ella sosteniendo firmemente el palo de escoba.

-Aqui junto a ti para ayudarte en lo que precises.

-Lo que preciso es dejes de esconderte yokai.

-Mi nombre es Felixa. Los yokai eran…

Antes de que ese elemento maligno pudiera seguir hablando, Yuki divisó de donde venia la voz y comenzó a golpearlo.

-Muere yokai, muere. Gritó haciéndolo pedazos.

Agitada por el esfuerzo no pudo más que sonreír, al fin iba a poder recomenzar su colección de cabezas.

Mientras llevaba la pieza cuidadosamente entre sus brazos, se sobresaltó al escuchar la misma voz pero esta vez proveniente del rectángulo colgado en la pared.

De pronto, el rectángulo se iluminó y una presencia salió de él.

A diferencia que con el primer yokai, ahora sentía que le temblaban las piernas.

-¿Por qué destruiste a Felixa? Si estás precisando ayuda para controlar tus emociones puedo conectarte con nuestro asistente virtual de ayuda terapéutica, o puedes respirar conmigo contando hasta die…

Yuki le asestó un golpe, luego otro, y un fuego horrendo salió de allí haciendo que la voz cesara.

-¡Ese yokai era poderoso, pero aún así lo derroté!. Gritó feliz.

Había eliminado dos yokai y estaba segura de que cuando llegara, el gigante iba a estar feliz.

Por un momento dudó de si lo que había hecho era correcto, pero recordó que la anciana le había enseñado lo que había en una casa, y en la de ella no habían esas cosas.

En la de la anciana había una sala, cocina, un cuarto y un baño, donde el agua caliente brotaba sin necesidad de traerla del río.

Fue en ese momento que se vio tentada a tomar un baño, ese había sido un día agotador y promesa de agua caliente se sentía como un abrazo de madre.

-¿Por qué no? Se dijo con una sonrisa yendo en dirección al baño.

Nathan no demoró mucho en regresar a casa, le dijo a su novia que lo habían llamado del trabajo y en tiempo récord recorrió los 15 kilómetros que separaban el restaurante de su casa.

Al llegar, se encontró con un panorama desolador, su televisor estaba hecho pedazos en el suelo al igual que su parlante inteligente.

Mientras inspeccionaba el lugar, escuchó ruidos que venían de su habitación. Sacó el arma que llevaba en su chaqueta y lentamente se dirigió hacia allí.

El vapor había cubierto el lugar, al punto de que Nathan a penas podía ver por donde iba. Sigilosamente se acercó a la puerta del baño en suite, y la abrió descubriendo a Yuki duchándose. Intentó cerrar la puerta sin hacer ruido pero ella se dio vuelta y comenzó a gritar.

Salió más rápido que un niño que acaba de cometer una travesura y le aseguró a Yuki que no había visto nada, pero la realidad era que ni él mismo sabía qué había visto. Entre el vapor y el shock de encontrar su casa revuelta, creía que de encontrarla, lo haría en pedacitos no tomando un baño con burbujas saliendo por todos lados.

¿Qué demonios fue eso? Hasta parece una mujer y todo pensó comenzando a sentir calor. Yuki no era la típica jóven esbelta pero tampoco podía decirse que fuera obesa. Era baja de estatura y viéndola en el día a día parecía una muchachita menor a su edad, pero viéndola así, Nathan percibió que sus curvas eran muy atractivas y tenía todo donde debía sin mencionar que su rostro también era muy atractivo.

A medida que todas estas cosas pasaban por su mente como si se tratase de un flash, sintió un golpe que le atravesó el rostro.

Yuki le había dado una cacheta y vaya que le había dolido.

-¿Cómo te atreves a golpearme luego de destrozar mi casa?

-¿Cómo te atreves a espiarme luego de que maté a dos yokai que estaban invadiendo este lugar? Dijo ella propinándole otra cachetada.

-¡Ya basta! -Exclamó sosteniendo su muñeca con fuerza- ¡Tendría que meterte presa! No sé cuál es tu juego pretendiendo ser de otra época, pero sé que esos tipos que las siguieron el otro día son peligrosos, y que tú puedes ser la llave para encontrar al dragón de jade y…

Su rostro de apariencia inocente y cabello mojado hicieron que Nathan la quedara mirando sin decir nada por unos segundos.

Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas en silencio y eso lo incomodó

-Ese televisor y ese parlante me costaron mucho, y tu vas a pagar por ellos. Gritó volviendo a hacer gala de su mal genio.

-Takeda Yuki no le teme al trabajo. Dijo haciendo una reverencia.

-¡Ya deja de fingir muchacha! No soy una anciana a la que puedas engañar con tu charada barata.

-¿Insinúas que falto a la verdad?

-Exacto. No eres más que una mentirosa.

-No puedo eliminar a alguien de mi propio clan, pero si darte una lección. Dijo ella haciendo una reverencia.

Nathan la miró negando con la cabeza, y solo pudo detener el golpe de Yuki segundos antes de que tocara su rostro.

-Ya te dije que no vuelvas a golpearme. Dijo frenando su mano en el aire con rudeza.

Furiosa, ella le dio una patada entre las piernas, hizo una reverencia y se fue al cuarto cerrando la puerta con llave.

-Hija de… Fue todo lo que pudo llegar a decir doblándose de dolor.




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