Perdí la Cabeza

CAPITULO 17

Los caballeros duermen afuera

Yuki había aprendido a usar las llaves gracias a la anciana, y no vaciló en encerrarse en el único cuarto del apartamento.

Ese hombre con apariencia de yokai me odia. Pensó dando vueltas por la habitación con una contracción en el pecho que solo se le pasó cuando comenzó a llorar.

Se tiró sobre la cama, se puso la almohada sobre la cabeza para que no se escucharan sus sollozos y luego de empapar las sábanas con sus lágrimas se durmió.

Nathan permaneció en la sala, después de todo, él era un caballero, pero dormir en el sofá ultra moderno e incómodo, no era su idea de hospitalidad. Intentó durante varios minutos que ella le abriera la puerta para sacar al menos una colcha con que taparse, pero Yuki lo ignoró, y según lo que había podido escuchar, estaba plácidamente dormida.

Bien podía haber derribado la puerta, forzarla o incluso entrar por una ventana, pero esa era su casa y si rompía una cosa más, su cuenta bancaria iba a quedar en rojo.

Se acomodó como pudo en el minúsculo sillón con la mitad del cuerpo colgando, y terminó sintiéndose como una enorme sardina en una pequeña lata, por lo que intentó dormir en el suelo.

Tampoco funcionó.

Si al menos hubiera podido sacar algunas cosas de su cuarto, pensó moviéndose de un lado al otro.

Finalmente se durmió sentado sobre el sofá. Eso fue hasta que escuchó un ruido, y percibió que eran las 5 de la mañana.

Todavía estaba oscuro pero Yuki ya estaba en la cocina observando todo y buscando algo que cocinar.

-No hay nada, solo un poco de ramen. Dijo él cruzado de brazos sorprendiéndola.

-¿Ramen?

Resoplando, Nathan sacó un paquete de ramen instantáneo y se lo dio.

Yuki lo abrió y lo quedó mirando sin saber exactamente qué hacer. Él no le dijo nada, sólo la miró para ver qué era lo que hacía. Ella decidió tomar un cuchillo, cortar la mitad y dársela a él. Luego agradeció por la comida y le dio un mordisco arrepintiéndose al instante.

-¡Vamos niña!, ¿acaso quieres que crea que nunca viste un paquete de ramen en tu vida?

-Esto es como arena seca. Dijo soltando su mitad.

-Lee las instrucciones, ¿sabes leer verdad?

Por supuesto que sabía leer, ¿qué se creía ese idiota? Pensó mirándolo con rabia para luego comenzar a leer las instrucciones: Coloque el contenido del paquete en una olla, el sobrecito de salsa y luego coloque 300ml de agua hirviendo y deje reposar de 3 a 5 minutos”

-Ahora solo preciso hacer fuego para calentar el agua.

-¿Fuego? Preguntó Nathan antes de tener una idea malvada. Ahora iba a ver qué tan buena actriz era. En vez de calentar agua en la jarra eléctrica, decidió calentarla del modo tradicional en la cocina. Llenó una caldera con agua, y le dijo que apretara un botón, y luego pusiera la palma de mano para ver si estaba caliente.

Ella no dudó, no tenía motivos para hacerlo. Extendió la palma de su mano para ponerla sobre la cocina, pero él no espero a que lo hiciera. Tomó su mano con fuerza y evitó que la pusiera sobre la vitrocerámica

-¿Estás loca? Preguntó mirándola con esos ojos azules que parecían emanar electricidad.

-¿Por qué?

-¡Porque ibas a quemarte!

-Tu me dijiste que pusiera la palma de la mano

-Solo quería ver que tan buena actriz eras, y hasta ahora no tengo decidido si eres una completa idiota, una loca o alguien que salió del medio de la nada.

-¿Actriz? Ella no sabía lo que era una actriz, solo que las palabras de ese gigante dolían y mucho. ¿Por qué diablos la trataba así? Se preguntó haciendo fuerza para que no se le salieran las lágrimas

-Ven, vamos a la tienda de conveniencia, de todas formas preciso comprar comestibles. Gruñó él no dándole tiempo a reaccionar.

La tienda de conveniencias era un lugar descomunal, Yuki nunca había visto tanta comida junta, tantos aromas, colores y pronto su estómago hizo que sintiera ganas de tomar todo lo que veía y comenzar a probarlo.

-¿Qué quieres comer?

Ella estaba demasiado abrumada como para contestar, vio una sección con fruta fresca y tomó una banana preguntándose si también habría que calentarla. Nunca había visto una, tampoco las pequeñas cosas rojas que la anciana le había dado después de la comida, y otras tantas frutas y vegetales que la hacían mirar en todas direcciones al mismo tiempo sin saber qué hacer.

-¿Quieres un smoothie?

-¿Qué es smoothie?

Nathan tomó una bandeja con fruta congelada y vació su contenido en un rectángulo negro que de la nada, comenzó a sacar un líquido violeta. Al finalizar una voz le dijo que su smoothie estaba listo.

-Yokai.. gritó Yuki buscando con qué pegarle a la máquina.

-Ya déjate de decir tonterías y vamos a terminar de hacer las compras que muero de hambre y sueño.

-Deben tener un granero muy grande. Pensó ella sin poder dejar de mirarlo todo.

Nathan se ordenó un café, compró algunos snacks y la arrastró hacia afuera sin mediar palabra.

-Vamos, no pueden verte en la calle, y mucho menos conmigo.

Yuki lo siguió bebiendo su smoothie. Nunca había probado algo tan frío, dulce y delicioso al mismo tiempo.

-¡Me gusta!. Dijo con una sonrisa

- Lo extraño sería que hubiera algo que no te gustara. Dijo él con una ironía que ella no percibió.

-¡Estoy dispuesta a perdonar tu falta de educación en vista de que me has hecho esta ofrenda!

-¡Vaya, qué generosa! ¿Y qué me vas a ofrecer tu por haber destrozado mi casa?

-Yo… te protegeré de tus enemigos, les cortaré la cabeza sin piedad, y…

-Y te desmayarás, por que las únicas cabezas que cortaste en tu vida están en tu imaginación.

-¿Y tu cuántas cabezas cortaste? Preguntó con el ego herido.

-¡Yo no corto cabezas!

-¿No?

Nathan la miró serio, considerando por primera vez si en realidad esa joven no sería en verdad una viajera en el tiempo.




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