Perdí la Cabeza

CAPITULO 19

Mira mi torre

Ya estaba oscuro cuando Nathan y Yuki llegaron a la torre. Él sabía que quizas había ido un poco lejos con su broma, es más sintió una opresión en el pecho que pocas veces había sentido. Era la culpa que lentamente estaba carcomiéndolo. Intentó animarla e hizo algo que no estaba acostumbrado a hacer: pedir perdón.

-Era una broma, no es para tanto. Dijo él intentando minimizar el asunto.

-No tiene importancia.

-Mira. Dijo señalando la torre.

Yuki se maravilló con las luces que iluminaban la imponente estructura de metal y se quedó observándola durante un rato lago.

¿Quieres subir?

-¿Subir?

-Sí, te permitiré subir a mi torre si dejas de llorar.

-¿Es toda tuya?

-Por supuesto

-¡Recórcholis ! Seguro desde ahí podemos ver a Oba y atraparlo.

Él sonrío, y la tomo de la mano sorteando a todas las personas que estaban en la fila esperando para subir. Minutos antes había comprado los boletos para subir, y solo tuvo que pasar su celular por un sensor para evitar la fila.

Ella lo miro fascinada y comenzó a buscar su nombre en todos lados.

-¿Qué buscas?

-Tu nombre. ¿dónde lo pusieron?

-Emmm... les pedí que no lo pusieran a la vista del público, esta arriba.

-¿Público?

-De los siervos. Le susurró.

-Ohh, ya entiendo. Dijo ella sonriendo.

A pesar de la valentía inicial, Yuki nunca se había subido a un ascensor panorámico y cuando vio que comenzaban a subir, se asustó.

-Tranquila cariño, es solo un elevador como el de mi edificio.

-La honorable anciana ya me había explicado lo que era un elevador pero en este uno se puede caer.

-No seas tonta, mira. Dijo tocando el vidrio del ascensor para después pasarle el brazo sobre el hombro reconfortándola.

Todos los que iban en el mismo ascensor pensaron que se trataba de un hermano mayor o tío con su sobrino puesto que Yuki tenía puesta las ropas de Nathan y una gorra que la hacían parecer un niño.

Al llegar a la parte de arriba, se podía ver la ciudad y el monte Fuji .Yuki que en un comienzo tenía miedo, se acercó al ventanal para mirar, deslumbrada con la vista.

Él se alegró al ver que ella ya no estaba triste, y por primera vez desde que ella había llegado, no estaban discutiendo. Dentro de sí, él sabía que no iba a pasar mucho tiempo sin que volviese a molestarlo, pero esa extraña calma, y el hecho de verla feliz, hicieron que respirase aliviado y apreciase ese lugar con la misma curiosidad que ella.

-Te llevaré a Shibuya.

-¿Tienes otra torre ahí?

-No, pero ahí hay restaurantes y juegos.

Yuki no sabía que era un restaurante ni qué juegos había, pero al llegar a Shibuya quedó aún más deslumbrada que cuando se encontró en la ciudad por primera vez.

El lugar desbordaba de gente, luces, anuncios, música y personas invitándolos a entrar a los comercios.

Ella se sintió superada por tantas cosas al mismo tiempo, y por un momento creyó que iba a perder la razón. Eso fue hasta que vio lo que creyó eran cabezas.

Salió corriendo en dirección al lugar, y ni bien un vendedor se le acercó, ella lo felicitó por su hermosa colección de cabezas.

-¿Cabezas? Preguntó el hombre confundido.

-¿De qué clan son? Preguntó Yuki fascinada.

Nathan corrió detrás de ella, justo para poder presentarle una excusa al vendedor, y comprarle un par de máscaras, con el único fin de que ella no lo siguiera haciendo pasar vergüenza.

-¡Ahh extranjeros! Dijo el vendedor con una sonrisa.

-¿Extranjeros? Preguntó Nathan evidentemente enojado

-¿Debes de ser coreano, no es así muchachito? Preguntó el vendedor mirando a Yuki

-¡No soy ni muchachito ni de Corea!

-Ahhh, lo lamento, perdón. Dijo el hombre haciendo varias reverencias.

Avergonzado, el vendedor le regaló dos máscaras más a Yuki, que ahora tenía cuatro y las llevaba como si se tratase de un tesoro.

-Son hermosas. Evidentemente les quitaron la piel luego de cortarles la cabeza, mira el detalle y lo bien que se sienten. Dijo mirando a Nathan.

Nathan comenzó a reír mirándola con ternura pero sin decir nada.

-Aquí nos las ponemos para que los enemigos piensen que somos de su mismo clan. Dijo Nathan finalmente con una sonrisa pícara.

-¿Se las ponen?

-Sí, deja que te muestre. Dijo poniéndose una de las máscaras.

-¡Vaya! Exclamó imitándolo.

-Ya entendiste. Ahora vamos a comer… muchachito. Dijo entre risas.

El restaurante al que la llevó era en extremo reservado, tanto que podían ordenar desde una tablet y no tener interacción con los camareros. La comida llegaba a través de una cinta transportadora que se detenía al llegar a destino.

La cantidad de platillos diferentes hicieron que ella se sintiera nuevamente abrumada pero Nathan decidió ordenar por ella y en vez de pedir una comida tradicional, ordenó hamburguesas con papas fritas y refresco.

-Es como tener varias madres cocinando al mismo tiempo. Exclamó ella fascinada al saber que cualquier cosa que ordenaran iba a llegar a su mesa.

Le preguntó a Nathan cuántas madres estaban cocinando, y él no pudo evitar pensar que tal vez ella no estaba mintiendo ni estaba loca, sino que realmente podía ser alguien del pasado. En especial al recibir un llamado mientras cenaban.

Era un abogado de una de las mejores firmas de Japón que le dijo que tenía interés en hablar con la muchacha a la que habían detenido para poder representarla.

Él recordó lo que el director de la Prefectura le había dicho e inmediatamente supo que ese abogado no podía venir de nadie más que no fuera Kanzen Oba. Cuando le preguntó quién estaba pagando sus servicios, recibió una respuesta evasiva.

-La persona que me contrató prefiere quedar en el anonimato. Por gentileza le pido que me diga cuándo puedo pasar a entrevistarme con la muchacha.

-Ella ya tiene un abogado de oficio designado, y hasta no hablar con él, creo que me será imposible permitir que la vea.




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