La otra cara de la moneda
Mientras Hana era torturada por su amiga, la realidad de su novio era la opuesta. Había logrado evadir al abogado particular que quería ver a Yuki, se había divertido como nunca, y hasta ahora, nadie sabía lo que realmente había sucedido. Sólo él y su asistente sabían que Yuki había escapado. Pero si de algo tenía certeza Nathan era que la suerte es una especie en extinción que aparece raras veces y tiende a no volver a hacerlo.
Al regresar de la prefectura con Yuki, comenzó a pasearse de un lado al otro del departamento como solía hacer cuando estaba nervioso y no sabía qué hacer.
Ella se apareció con una máscara puesta y comenzó a imitarlo hasta que él percibió la charada y se sobresaltó al no reconocerla.
-¿Qué haces con eso Yuki?
-Mi nombre no es Yuki, me llamo Shibuya. Respondio entre risas.
-No digas tonter… Oye eso es. Dijo sacándole la máscara para darle un beso en la mejilla.
Yuki se sorprendió, nunca antes le habían dado un beso en la mejilla, y se preguntó qué sería eso. Automáticamente se tocó la mejilla y se dejó la mano ahí durante varios minutos mientras lo observaba hacer llamadas por su rectángulo brillante.
-Watanabe, tenemos que conseguir a uno de nuestros muchachos y hacerlo pasar por Yuki-chan.
-¿Yuki-chan?
-Sí no te hagas el desentendido.
-¿Con que ahora es Yuki-chan? Preguntó entre risas.
-¿Escuchaste lo que te dije?
-Que quieres que uno de nuestros agentes se haga pasar por ella. Pero “Yuki chan”, se viralizó, ¿no crees que van a darse cuenta?
-Con una peluca y un mameluco verde no se darán cuenta. Además no tenemos que ponerlo de frente a la cámara, puede ponerse de espaldas mirando a una pared como ella cuando se enoja.
-¿Así que ya te ha dado el tratamiento del silencio?
-Watanabe,limítate a hacer lo que te pedí. Dijo Nathan cortando la comunicación.
Ella aún seguía con la mano puesta en la mejilla, y cuando Nathan dejó de hablar la miró extrañado sin saber qué le pasaba.
-¿Qué haces? Preguntó señalando su mano.
-Tu hiciste algo con mi mejilla.
-¿Yo? Ah, el beso. Fue solo una muestra de agradecimiento, no te hagas ideas.
-¿Ideas?
-Ve a dormir. Dijo evadiendo su mirada, haciéndole una seña para que fuera al dormitorio
A la mañana siguiente ninguno de los dos hablaba, parecía como si una línea invisible se hubiese roto y no supieran qué hacer.
Ella se levantó y comenzó a preparar el desayuno, impresionada por lo fácil que era poder preparar los alimentos sin necesidad de ir a buscar leña, encender el fuego ni llenarlo todo de humo.
Al ver que estaba en la cocina, se horrorizó, pero se sintió aliviado al ver que no había quemado ni roto nada. Ella había prestado atención y ahora podía manejar la cocina sin ningún problema.
Él se sentó y no dijo nada, comenzó a mirar su celular como de costumbre, y se alegro al ver que Watanabe ya tenía a una persona para ocupar el lugar de Yuki.
Ella le sirvió papas fritas, convencida de que al ser deliciosas, era la mejor opción para desayunar. Desde que las había probado en el restaurante, y él le había explicado cómo hacerlas, no vaciló en prepararlas para el desayuno. Papas fritas, col hervida y galletitas sabor matcha que Nathan había comprado en la tienda de conveniencia.
-¿Papas fritas?
-Es la primera vez que las preparo, espero que sean de tu agrado. Dijo con una sonrisa.
Por un momento Nathan pensó en decirle que comer papas fritas en la mañana no era una buena idea, que solo debían comerse de tanto en tanto pero nunca como desayuno. A pesar de eso, no dijo nada y comenzó a comerlas, dejando de lado a la col.
Estas son caseras, hace muchos años que no como papas fritas caseras. Pensó disfrutando del desayuno.
-Te quedaron deliciosas.
-Gracias. Dijo ella dándole un beso en la mejilla.
Su sopresa fue enorme, y por unos instantes se quedó tocándose la mejilla de la misma forma tonta que ella había hecho el día anterior.
Sólo volvió en si cuando ella se puso en la puerta lista para salir. Sabía que era muy arriesgado sacarla por lo que había decidido que se quedara.
-¿A dónde crees que vas?
-A cazar a Kanzen Oba contigo.
-No, hoy te quedarás aquí. Te están buscando y tenemos que ser cautos.
-No les temo, les haré frente como la onna musha que soy.
-Tenemos que planear el ataque. Tu te quedarás aquí y no romperás nada, ¿me entendiste? Tuve que encargar otro televisor gracias a ti.
-Pero…
-Nada de peros, si te aburres, puedes leer mis colecciones de manga. Dijo señalando varios estantes con libros.
-¿Manga?
-Son libros, tengo uno de samurais. Dijo buscando entre sus colecciones para dárselo.
-¿Pero cuándo vamos a planear el ataque? Dijo tocando ligeramente la punta de su saco
-Después de que venga de trabajar. Tu misión es cuidar la casa y no abrirle la puerta a nadie, ¿entendiste?.
-Sí. Me quedaré a cuidar tu pequeño recinto entonces.
-¡Pequeño recinto! Murmuró él con ironía, despidiéndose de ella antes de salir.
Nathan llegó a la oficina con mil cosas dándole vueltas en la cabeza, pero cuando uno de los oficiales le avisó que un abogado estaba esperándolo en su oficina, supo inmediatamente que se trataba del hombre que lo había llamado buscando hablar con Yuki.
-Buen día, ¿Usted es el Detective Nathan Takeda?.
-El mismo. ¿En qué puedo ayudarle? Dijo Nathan extendiéndole la mano
-Genji Nakamoto. Dijo el hombre intentando no aparentar sorpresa por la apariencia occidental de Nathan.
-Soy todo oídos.
-Hablé con usted el otro día.
-Sí, lo recuerdo.
-Vine para que me dé el nombre del abogado de oficio de la joven así puedo hablar con él.
-Por supuesto, espéreme un momento por favor. Dijo Nathan retirándose.