Veinte primaveras
-Señor, tengo la certeza de que el detective nos está poniendo obstáculos a propósito. Cada vez que intentamos hablar con la joven, él parece encontrar un pretexto para que no lo hagamos, pero voy a presentar un reclamo formal y…
-Es evidente si lo que tengo a mi servicio es una banda de inútiles como tú.
-Pero señor…
-Nada de peros, yo me encargaré. Hoy la pequeña cumple la mayoría de edad y voy a enviarle un regalito muy especial.
Mientras tanto, en el apartamento del detective Takeda, Yuki se encontró con un pastel con una vela con el número 20(1), y una onna musha de azúcar en la parte de encima.
La abuela y Nathan estaban esperándola, y al despertar le cantaron el feliz cumpleaños.
Ella los quedó mirando sin entender por qué le cantaban y encendían una vela con el número 20 que ahora debía apagar.
-Pide un deseo peste. Dijo Nathan bromeando.
-¿Deseo?
-Apaga la vela y pide un deseo, pero no nos digas qué es. Le explico la anciana sonriendo.
Ella lo hizo. Pidió encontrar al hombre que tanto mal le había hecho a su clan, para volverlo a encerrar en el dragón de jade.
-Bien, ahora podemos cortar el pastel así me voy. Dijo Nathan.
-¿Qué es pastel?
-Esto amorcito. Dijo la abuela mostrándole.-Traje uno de chocolate, espero que te guste.
-Milagro sería que hubiera algo que no le guste. Dijo Nathan.
-Pregúntele a su hijo cuantos cintazos planea darle para pedirle que me reserve uno a mi. Dijo Yuki mirando a la anciana.
-Lo haré querida.
-¿Piensas que mi padre aún puede darme cintazos? Preguntó Nathan.
Yuki sonrío y le ofreció un trozo de pastel luego de darle el primer pedazo a la abuela.
-Te traje un par de regalos. Dijo la anciana
-¿Regalos para Takeda Yuki? Preguntó ella emocionada.
-Ábrelos.
Emocionada, comenzó a abrir los regalos y se encontró con maquillaje, mascarillas para el cutis y ropa interior, algo que no sabía que era.
-Eso no es para que lo abras ahora, después te explicaré como usarla. Dijo mientras Nathan reía a más no poder viéndola querer descifrar un brasier.
-También te traje ropa de cuando Nathan era niño así no te reconocen.
Yuki no tenía idea de lo que era el maquillaje, las mascarillas ni ninguna de las cosas que la mujer le había regalado, a excepción de la ropa, pero estaba sumamente feliz.
Nunca le habían celebrado un cumpleaños, nunca había tenido un pastel ni probado el chocolate. Sintió ganas de llorar de la emoción, y también recordó que su familia donde fuera que estuviera, probablemente la estaba extrañando.
Nathan se dio cuenta de que estaba por llorar, y le devolvió su naginata junto con un pequeño paquetito que colgaba de ella a modo de regalo.
-¡Mi naginata!. Gritó limpiándose las lágrimas.
-Debo estar loco para haber ido a buscarte esa porquería. Dijo Nathan haciéndose el enojado.
-¿Qué es esto? Preguntó ella.
-Un regalo, ¿qué parece?
Lo abrió y vio que se trataba de una pulsera con varios dijes, uno de ellos era la letra “Y” otro una cabeza, una espada y un guerrera.
-¡Qué lindo! Exclamó mirando la pulsera
-Es muy linda si, y tiene un dije en forma de cabeza muy parecido a la cabeza de Nate. Dijo la anciana con risita pícara.
Se puso la pulsera y se quedó ensimismada mirándola feliz. No sabía qué hacer con tantos regalos ni como agradecerles por lo que se paró, les hizo una reverencia a cada uno y luego imitó el beso en la mejilla que Nathan le había enseñado con un gracias.
-¿Dónde aprendió a dar besos en la mejilla? Le susurró la abuela a Nathan.
-Ha estado leyendo mis mangas. Dijo esquivando la mirada de su abuela.
-Ya veo. Dijo con ironía- Bueno, creo que es mejor que regrese al pueblo hasta que sea seguro volver.
-¡Venerable anciana, no me deje!
-Volveré pronto Yuki chan. Tu mientras tanto, quédate con Nate, y cualquier tontería que haga me llamas y yo le digo al padre para que venga a darle una paliza.
Nathan negaba con la cabeza viendo como su abuela la abrazaba y le hacía un guiño cómplice.
Mientras pensaba en lo vulnerable que era esa chiquilla recibió un llamado urgente de la prefectura por lo que debió irse. Poco después la abuela también tuvo que irse, y ella volvió a quedarse sola en el departamento.
De pronto se sintió triste por lo que continuo comiendo pastel hasta que su atención se dirigió a los regalos que le habían hecho, y se sintió nuevamente feliz de tener gente que además de ser de su clan, la apreciaba.
Durante el camino a la prefectura, Nathan no dejó de recibir llamados y mensajes de texto. Todos decían lo mismo: “ven lo más rápido posible”.
Puso la sirena en su auto y condujo lo más rápido que pudo, al llegar lo primero que vio fue un caos en la puerta de la prefectura.
Habían dos ambulancias, patrulleros que iban y venían y un grupo de periodistas que intentaba pasar a como diese lugar.
Bajó del coche y automáticamente se vio rodeado por un enjambre de reporteros que le preguntaban sobre la muchacha de la espada, que era como habían apodado a Yuki. Cuando percibió que todo el alboroto se debía a ella temió que hubiesen descubierto que ella ya no estaba ahí, y sintió que un sudor frío le corría por la espalda. Sin embargo, intentó mantener la calma, dijo que por el momento no haría declaraciones y entró a la prefectura sintiendo que se le aflojaban las piernas
-¡Jefe, ocurrió una desgracia! Dijo uno de los agentes.
-¿Qué sucedió Hituki?
-La jóven que apresamos, escapó y volvimos a apresar, está muerta.
-¿Muerta?
-El médico acaba de determinarlo.
Por unos segundos Nathan quedó inmobilizado, Yuki no estaba muerta, la había dejado en su apartamento hacía unos minutos, entonces si no era ella, solo podía tratarse del agente especial que había colocado en su celda ante la eventualidad que el abogado particular, psicólogo o el mismísimo Kanzen Oba decidieran aparecerse.