La suite nupcial
Próxima parada Prefectura de Shizuoka. Anunció una voz en el tren.
Nathan se puso de pie, y viendo que Yuki aún no se podía poner de pie, le arregló la gorra y la cargó poniéndosela al hombro. Con su mano libre llevaba la maleta de arrastre.
Por fortuna el día estaba perfecto, no había ni una nube en el cielo, y pronto encontró un taxi para poder llegar a Shimoda en donde estaba el hotel.
-Despierta cenicienta que vas a romperme la columna. Dijo Nathan poniéndola en uno de los sillones del lobby del hotel.
-¿Hay siangre? Preguntó Yuki arrastrando las palabras.
-No, no la hay. Dijo Nathan recuperando el aliento.
-¿Me guardaste la cabreza? Preguntó volviendo a arrastrar las palabras
-Quédate aquí que iré a buscar las llaves.
Ella abrió los ojos pero sentía que todo le daba vueltas, a los tumbos llegó a la recepción y se puso al lado de Nathan.
El recepcionista los miró de reojo pero no dijo nada, únicamente les pidió la documentación. Nathan le entregó su documento de identidad, y el que le habían hecho a Yuki.
-Takeda Nathan y Akabane Senji. Dijo el hombre mirándolos.
-Así es. Dijo Nathan.
-Pensé que el señor Akabane era menor.
-No, solo es bajo de estatura. Dijo Nathan extendiéndole la mano para que le devolviera la documentación.
- Disculpe usted señor Akabane, no fue mi intención ofenderle. Dijo el recepcionista haciendole una reverencia a Yuki.
-¿A quién le hablea? Preguntó Yuki sosteniéndose del mostrador.
Nathan que no se había dado cuenta de que estaba a su lado, sintió como si le hubieran arrojado un balde de agua fría.
-Lo único que lo calma en el tren es el sake, no quiera saber lo que es en un vuelo. Dijo Nathan intentando distraer la atención del recepcionista.
El hombre asintió y volvió a mirarlos de reojo mientras completaba el formulario.
-¿Una sola valija?
-Ehh si, la de él viene después.
-Ya veo. Dijo el hombre aclarándose la garganta.
-¿Quién viene después? Preguntó Yuki.
- Senji, ve al sillón. Dijo Nathan mirándola.
Ella miró para todos lados buscando al tal Senji al que Nathan le hablaba, pero al no encontrarlo, se quedó al lado de él.
-Veo que reservó...¿dos habitaciones?
-Sí así es. Dijo Nathan.
-Bien solo tiene que firmar aquí, habitación número 401 y habitación número 602.
-Pero esos son pisos diferentes. Específicamente pedí tener habitaciones contiguas.
-Lo siento señor pero no tengo dos habitaciones en el mismo piso, solo me queda la suite nupcial y una habitación doble.
-De acuerdo, deme la doble.
El hombre comenzó a teclear y pronto su cara de preocupación se hizo evidente.
-¿Qué pasó ahora? Preguntó Nathan
-Lo siento muchísimo pero han reservado la doble, solo me queda la nupcial. Dijo el recepcionista secándose el sudor con un pañuelo- Hablare con mi jefe y…
-Con un demonio, deme la suite nupcial. Solo asegúrese de poner dos camas. Gritó Nathan enojado.
-¿Qué es una suite? Preguntó Yuki que poco después, volvió a ser cargada por Nathan.
-¡La culpa es mía, no debí darte sake!.
Él la cargó hasta la suite, y una vez allí, la arrojó sobre la cama y ella se acomodó y durmió profundamente.
Nathan en cambio abrió su laptop, y comenzó a trabajar. No solo estaba allí de paseo, también tenía la intención de investigar todo lo que el maleante del tren le había dicho.
Comenzó a rastrear el sitio en el que su banda se promocionaba y luego de un par de horas, el celular del maleante comenzó a sonar.
El número era privado por lo que Nathan no pudo ver de quién se trataba pero decidió atender.
-¿Cumpliste con el encargo?
Eso fue todo lo que llegó a sus oídos antes de que le cortaran. Evidentemente les había llegado la noticia de que su enviado había fracasado.
-¡Hijo de….!- Gruñó Nathan, que no podía dejar de preguntarse si la persona que había llamado sería el mismísimo Kanzen Oba.
-No digas palabrotas. Dijo Yuki golpeándolo con un zapato.
-Escúchame bien jovencita, si vuelves a pegarme, voy a ponerte sobre mi falda y te voy a dar unas cuantas nalgadas. Dijo él frotándose donde ella le había pegado.
Yuki no le prestó atención, estaba mirando por la ventana boquiabierta.
-¿Qué es eso?
-¿Qué cosa?
-Eso. Dijo señalando en dirección a la playa.
-La playa, ¿quieres ir? Preguntó Nathan con una sonrisa pícara.
-Sí. Dijo ella tomándolo de la mano queriendo arrastrarlo hacia afuera.
-Espera, primero tenemos que cambiarnos. Voy a ponerme una camisa de manga corta, un short y tu… te compraré un bikini supongo. Dijo rascándose la cabeza.
Camino a la playa, pararon en una boutique y fueron necesarias tres empleadas para hacer que ella se pusiera un bikini,
Nathan solo dejó de reír cuando la vendedora lo hizo pasar al cambiador y la vio con el bikini,
Yuki se sintió sumamente avergonzada y a falta de algo para pegarle a Nathan, le tiró con su camiseta.
Él se la quedó viendo como en un trance, hasta que ella puso su cara de combate y él comenzó a reír.
-Me rindo, no me pegues. Pero... te ves muy bien. Déjatelo por debajo de la ropa, Dijo Nathan arrojándole la camiseta de vuelta.
-¡Quieren deshonrar Takeda Yuki! Refunfuñó ella antes de salir.
-¡Al fin saliste!. Vamos o se va a hacer de noche antes de que lleguemos a la playa.
Cuando vio la playa, Yuki se olvidó de la ofensa. El agua parecía bailar de un lado al otro y ella corrió para ver de qué se trataba y comenzó a gritar de emoción cuando el agua tocó sus pies.
-Esta fresca. Dijo riendo emocionada.
-Está helada.
-No es cierto, la temperatura es perfecta.
-¿Sabes nadar? Preguntó Nathan quitándose la camiseta.
Ella no pudo evitar quedárselo mirando. Sus shorts ligeramente ajustados a su cintura marcaban los músculos de su estómago y color blanco de los mismos contrastaban con su tono de piel naturalmente dorado, algo que Yuki nunca había percibido antes. Tampoco había visto unos pectorales como los de él, solo había visto a su padre sin camisa, y nada tenía que ver con este hombre que parecía como si pudiera detener una naginata sin necesidad de armadura.