La estadía
-Takeda Nathan, eres lo mejor que le pasó a nuestro clan. Dijo Yuki dándole un beso en la mejilla luego de otro día en la playa.
-No hagas eso. Le dijo Nathan en voz baja.
-¿Por qué?
-Porque estamos en el lobby del hotel y todos piensan que eres un muchacho llamado Senji, ¿recuerdas?. Ahora vamos que tengo que trabajar. Dijo Nathan acompañándola a la suite.
Una vez allí, Nathan se alistó para salir. Una de las empresas de Oba estaba a pocos kilómetros de donde se encontraban, y él pensaba ir a buscar pistas. Tenía el teléfono del delincuente que había intentado matar a Yuki en el tren, y tenía la corazonada de que podría usarlo en su favor una vez que estuviera frente a Oba Holding LLC.
-¿A dónde vamos? Preguntó Yuki mirando a Nathan.
-Yo tengo cosas que hacer, tú te quedas aquí mirando la televisión.
-No me gusta la caja tonta.
-Eso no es asunto mío. Dijo él terminando de arreglar su camisa.
-¿Y Takeda Yuki no puede…?
-No, no puedes venir conmigo. Respondió sin dejarla terminar.
-¿No puedo ir por que... vas a verte con tu novia? ¿Por eso te pusiste perfume?
-Adivinaste. Pórtate bien.
La sola mención de su novia hizo que ella sintiera una rabia que nunca antes había sentido. No sabía qué era lo que estaba ocurriendo con ella pero a su mente se le venían mil calificativos para la novia de Nathan y ninguno era bueno.
Niña tonta, ¿qué pasa contigo?. Estás aquí para encontrar a Kanzen Oba y hasta ahora todo lo que has hecho es divertirte. No hoy porque Nate irá a ver a la cabeza hueca de su novia mientras tu te quedas mirando televisión... ¡Todo esto es tan injusto! Él sabe perfectamente que voy a precisar ayuda para capturar a Kanzen Oba. ¡Maldito Nate! Cree que puede dejarme encerrada mientras él se va a besuquear a esa tonta, pero se equivoca. Pensó tomando un par de cosas dispuesta a regresar a la playa.
Minutos después salió vestida como un muchacho, y al llegar a la playa se quitó el sombrero, la camiseta, short y entró al mar de bikini. El agua estaba a una temperatura perfecta y en la playa había poca gente por lo que se quedó chapoteando hasta que sintió que alguien la arrastraba.
-Suéltame o te cortaré la cabeza.
-Quien va a cortarte la cabeza soy yo. Gritó Nathan enardecido.
-Ahh, hola Nate.
-¿Qué demonios estás haciendo aquí sola? Te estuve buscando por todos lados. ¡Creí que te habían matado!.
-Tu fuiste a divertirte y yo también. Dijo ella cruzándose de brazos.
-No fui a divertirme, fui…
Al verla se aclaró la garganta y la quedó mirando de arriba abajo, deteniéndose de manera involuntaria en la curva de sus pechos, en cómo el agua con arena caía por su cuerpo que sin toda la ropa que usualmente llevaba, no tenía un gramo de más en ningún lugar donde no tuviera que tenerlo.
Sólo cuando ella comenzó a ruborizarse, él recobró el hilo de lo que iba diciendo y la soltó.
- Fui tras la pista de Oba y no quise ponerte peligro. Pero ya veo que es más peligroso dejarte sola porque eres una tonta sin remedio.
-¡Yo no soy tonta!. Dijo ella dándole palmadas en el pecho.
-Eres un dolor de cabeza. Ahora vamos, no me obligues a cargarte que quiero llegar a los 30 sin problemas de columna.
-¡Zopenco! Gritó ella caminando a toda prisa delante de él.
-¡Y te das el lujo de enojarse!.¡Increíble!. Murmuró Nathan furioso.
Camino al hotel, Nathan sintió como si el aire de los pulmones le fuera arrebatado, alguien estaba detrás de él intentando ahorcarle. Trató de gritarle a Yuki a quien había perdido de vista, pero debió concentrarse en pelear.
Con unos movimientos de artes marciales, logró derribar al hombre, pero cuando buscó su arma para detenerlo,recordó que no la tenía. Su atacante en cambio, sí estaba armado y comenzaron a forcejear hasta que se le escapó un tiro y Nathan quedó tendido en el suelo con la pierna sangrándole.
-Acabas de dispararle a un oficial en plena calle.
-No fue mi intención, yo la llevo por protección...
-Toma esto deshonroso enviado de Oba. Gritó Yuki rompiéndole una maceta en la cabeza.
Nathan no sabía de dónde había salido, ni de donde había sacado la planta, pero estaba sumamente feliz de verla. Ella se quitó la camiseta y la ató al rededor de la pierna de Nathan que ahora se apoyaba en ella para caminar.
En el camino vio a un hombre de cabeza en un tarro de basura, y comenzó a preguntarse si la misma Yuki que hasta hace unos minutos no podía hacer nada más que gruñir como un cachorro enojado y golpear como un bebé, había sido capaz de dejar a dos hombres inconscientes.
-Espera, espera. Dijo Nathan frenando a mitad del camino.
-¿Te duele?
-No. No es eso, es que… no puedes entrar al hotel en bikini. Dijo volviendo a mirarla sin el menor de los pudores.
-Todo el mundo viste de manera descarada.
-El problema es que todo el mundo cree que eres un muchacho, y no conozco a muchos que tengan esos… este.. yo.. Titubeó sin quitarle la vista del escote.
-Takeda Nathan no has hecho otra cosa que mirarme, eres un… un…
-No tengo el más mínimo interés en mirarte. Toma. Dijo sacándose la camisa.
Yuki se puso su camisa y lo ayudó a llegar hasta el hotel. Por fortuna no había nadie y pudieron llegar a la suite sin problema.
Nathan sacó su teléfono y le avisó a la policía local que habían dos ladrones tirados en la calle y luego fue a buscar la maleta rengueando.
-Cámbiate que nos vamos.
-Déjame ver tu pierna.
-No fue nada, solo un raspón.
-Hay que poner sake en la herida.
-Yuki no quiero que vuelvas a desmayarte.
-Hoy no me desmayé.
-Es verdad, hoy fuiste muy valiente, salvaste mi vida y cubriste mi herida. Dijo relajándose.
Yuki tomó una botella de sake del pequeño freezer de la habitación, y fue en dirección a Nathan determinada a curarle la herida.